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Proyecto Cultural Sur Vancouver

Proyecto Cultural Sur Vancouver

Una eterna plegaria a nuestro querido pastor monseñor Óscar Arnulfo Romero en el 35 aniversario de su martirio, clinic y la próxima canonización de nuestro Santo.

También saludamos y felicitamos a la Congregación Somasca  por la publicación de

MEMORIAS DEL PADRE SEBASTIÁN MARTÍNEZ y su alegre labor con los refugiados de la guerra civil en la Ceiba de Guadalupe, there y el evento de presentación del libro que tendrá lugar en Zapotitlán el día 12 de abril 2015.

Es una entrevista que realizó el Proyecto Cultural Sur Vancouver, con el apoyo del fotógrafo

Wilfredo Lara y el periodista Christian Zárate, miembros del Proyecto Sur  entrevista  complementada con una breve historia de la congregación samasca la cual agradecemos por la formación especial a sus presbíteros.

Hablando con el padre Sebastián Martínez, nos sorprende su humildad cuando nos dice:

“…Los refugiados… vivían tristes. Yo me iba a bromear con ellos para llevarles un poquito de alegría…”  Nunca me imaginé que una cosa tan sencilla tuviera con el tiempo enorme repercusión…”.

Octubre 28, 2008 Entrevista realizada por Lucy Ortiz, directora del Proyecto Cultural Sur, Vancouver, Canadá. Introducción. Dedico esta histórica entrevista el presbítero somasco Sebastián Martínez al cumplir, el 18 de enero del presente año 2015, 50 años de su primera profesión religiosa en la congregación somasca y que, durante este tiempo el padre Chanito, como cariñosamente lo conocemos, entre otros apostolados, de manera especial con los refugiados, ha sabido dar alegría a muchas, pero muchas, personas. Yo soy testigo presencial de estas memorias del padre Sebastián Martínez, porque conviví con ese grupo de personas refugiadas de guerra en el local de los somascos. En la actualidad resido en Canadá; soy escritora y he publicado varios libros en Montreal y en Vancouver, Canadá.  Para comenzar, tengo muchas anécdotas relacionadas con la vida del padre Sebastián Martínez (Chanito). Un recuerdo que llevo vivo en mi corazón es que los niños que vivían en el campo de refugiados “somascos” eran muchísimos y, después de desayunar, se juntaban en una bajadita que daba hacia la cancha de futbol, que era parte del mismo local de refugio; ellos esperaban con ansias que la imagen del padre Chanito hiciera su aparición. Al otro extremo, cuando lo veían de lejos, todos corrían gritando: “¡Padre Chanito, padre Chanitoooooooo…!”. Corrían a su encuentro, y el padre Chanito, Dios le dé su gloria, extendía sus brazos como un pájaro astral. No voy a negar que me dan ganas de llorar al recuerdo de este gesto hermoso del padre Sebastián, que extendía sus brazos para que los niños se colgaran de él. Cuando entraba en el refugio, parecía un árbol con sus ramitas colgando; esas ramitas eran nuestros hijos, que no conocían otro padre más que el querido Padre Chano. Este gesto lo recuerdan muchos de esos niños que colgaron de sus brazos; por ejemplo, Darwin Ortiz, en aquel entonces un niño de unos seis años cuando llegó al refugio; hoy es un bioquímico en Canadá. Ni su profesión, ni su ejercicio en un país tan rico lo ha hecho olvidar al padre Sebastián. Darwin pensaba que si su primer hijo fuera varón, le pondría Sebastián en honor del padre, pero fue hembra; su segundo niño lo nombró Sebastián Martí, por el padre y por el ancestro Farabundo Martí. La verdad es que se siente bonito cuando surgen pláticas como la que tuve con una chica que viajó de Montreal a El Salvador,  cuando regresó, me contó que se reunió con el padre Chano y que su primer impulso fue llorar de alegría, de verlo tan familiar, como su propia sangre. Esto es hermoso porque fue una de aquellas niñas que se colgaban de los brazos del padre Chanito.

Encuentro al padre Chanito muy relajado y siempre alegre, en su residencia actual en la casa del noviciado somasco de La Ceiba de Guadalupe y, luego de los naturales saludos, iniciamos la siguiente entrevista. Padre Chanito, queremos saber algo de su infancia

Mi nombre es Sebastián Martínez Arévalo. Nací en un cantoncito que se llama Cuyantepeque, jurisdicción de Sensuntepeque, del departamento de Cabañas,  El Salvador; hijo de Pedro Martínez y Teodora Arévalo.  Cuéntenos algún episodio interesante de su niñez

Recuerdo que una vez, cuando yo estaba pequeñito, a los perros, como no había mucha comida, solo se les daba un pedazo de tortilla, y, del hambre, hasta botaban la saliva. Yo le pedí a mi mamá que me diera tortillas para los chuchos. Mi madre me dijo: “No hay más nada, hijo, somos pobres”; entonces, recuerdo que me puse a llorar. Digo esto porque desde allí yo he sentido que siempre me duele el dolor de los demás, hasta de los animales.

Continuaremos con esta entrevista la próxima semana

Gracias.

Por el Pc-surv

Lucy Ortiz.

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