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Entrega de tarjetas multipropósito como parte de las acciones anticipatorias en Cantón El Jocotillo, Mercedes Umaña, Usulután. Como Educo impulsamos acciones anticipatorias, con el apoyo financiero de AECID, junto a familias del Corredor Seco, fortaleciendo su capacidad para afrontar los impactos del cambio climático. Fotografía por: Camila Ventoza para Educo.

Prepararse antes de la crisis: cómo la acción humanitaria busca reducir el impacto de las emergencias

César Hernández / Periodista colaborador de Educo

Prepararse antes de una crisis para reducir sus efectos es parte de una apuesta que coloca la educación, la protección y la participación en el centro.

La crisis climática es actual y presente en El Salvador. Una situación evidente es la asociada a la sequía, la cual puede afectar los medios de vida de una comunidad y profundizar las condiciones de vulnerabilidad. Sin embargo, en Educo estamos convencidos que cuando las personas conocen los riesgos de su territorio y se preparan antes de que estos ocurran o se materialicen, pueden contar con más y mejores herramientas para enfrentar sus efectos.

Esa es una de las ideas que orientan el trabajo de acción humanitaria de Educo: atender las necesidades de las personas afectadas por una crisis, pero también fortalecer sus capacidades de prevención, preparación y respuesta ante situaciones que pueden afectar sus medios de vida y el goce pleno de sus derechos.

“Hay eventos que definitivamente no vamos a poder detener, pero sí podemos, de manera anticipada, prepararnos para que, una vez que estos se materialicen, el impacto sea menor”, explica Martín Peña, especialista de acción humanitaria de Educo.

La lógica es sencilla: si una comunidad conoce los riesgos de su territorio y cuenta con mecanismos para responder, tiene más posibilidades de proteger sus medios de vida, reducir daños y tomar decisiones oportunas.

Representantes de las comunidades Popotlán y Valle Verde durante la socialización del Plan Comunitario de Atención y Protección para Personas en Situación de Movilidad, en Apopa, San Salvador Oeste. La iniciativa cuenta con el financiamiento de AECID y se desarrolla en conjunto con AS Mujeres y CIDEP. Fotografía por: Camila Ventoza para Educo.

Prepararse para lo que puede ocurrir

El primer paso es conocer el riesgo. “Lo que buscamos es que haya un nivel de conocimiento sobre la situación real, sobre la existencia de un riesgo que, al materializarse, va a causar un impacto”, explica Peña.

A partir de ese conocimiento se establecen planes de preparación y respuesta. El objetivo es que las comunidades puedan prepararse y anticiparse a determinadas situaciones y tomar medidas que ayuden a disminuir sus consecuencias.

Esta preparación también se desarrolla en los centros educativos. Allí, niñas, niños y adolescentes participan desde su nivel de desarrollo y sus propios conocimientos y experiencias, aportando a la identificación de riesgos y a las acciones que puedan realizarse para enfrentarlos.

La educación, así, no se limita a continuar las clases durante una emergencia. También puede brindar herramientas para comprender el entorno, participar y tomar decisiones frente a situaciones que pueden poner en riesgo el bienestar de las personas.

De ahí el mensaje “Educar protege”. Educo plantea que, ante una emergencia, la educación debe continuar porque contribuye a generar espacios seguros y protectores para la niñez y permite mantener un proceso que puede verse interrumpido por una crisis. La organización también reconoce la educación como una herramienta para fortalecer capacidades y resiliencia.

Una comunidad preparada

Este enfoque ya ha tenido una aplicación concreta en comunidades del oriente del país.

Hace algunos meses, Educo acompañó a una comunidad en la elaboración de su plan de preparación y respuesta con un enfoque de acción anticipatoria. Tiempo después, la sequía tuvo un fuerte impacto en el territorio; pero la comunidad logró implementar medidas anticipadas que redujeron las afectaciones.

Según Peña, las personas de la comunidad pudieron poner en práctica algunas de las medidas que habían planificado previamente, lo que contribuyó a reducir el impacto del fenómeno.

La experiencia muestra una idea sencilla: algunos eventos no pueden detenerse, pero sus efectos pueden enfrentarse de mejor manera cuando las personas cuentan previamente con conocimientos, planes y organización.

Actualmente, Educo desarrolla acciones relacionadas con la anticipación frente a la sequía, así como iniciativas para fortalecer la resiliencia ambiental, climática y alimentaria de las comunidades. Recientemente en coordinación con organizaciones socias como y cooperantes hemos logrado entregar tarjetas multipropósito, kit de higiene y transferencias monetarias a 1,192 familias en zonas más propensas a los impactos de la sequía.

Pero la preparación no se limita a los desastres por eventos naturales.

La acción humanitaria de Educo también contempla la protección de niñas, niños, adolescentes, mujeres y familias en situaciones de vulnerabilidad, la continuidad educativa en contextos de emergencia y la participación de la población afectada crisis humanitarias asociadas a movilidad humana insegura.

Participantes del taller de validación del paquete mínimo de acciones anticipatorias en Jujutla, Ahuachapán, revisan y aportan propuestas para fortalecer las medidas de preparación ante los impactos del cambio climático. Fotografía por: Camila Ventoza para Educo.

 

Proteger también es trabajar con el entorno

La niñez no enfrenta una crisis de manera aislada. Su protección también depende de las personas, instituciones y comunidades que forman parte de su entorno. Por eso, Educo trabaja con niñas, niños y adolescentes, pero también con sus familias, comunidades educativas, liderazgos e instituciones.

Esta mirada forma parte de la manera en que la organización entiende su trabajo: acompañar a la infancia y a su entorno para promover sus derechos y bienestar.

Fortalecer ese entorno significa, entre otras cosas, que las personas adultas conozcan los riesgos, sepan cómo actuar y puedan establecer mecanismos de protección. También significa escuchar a niñas, niños y adolescentes y reconocer que tienen conocimientos y experiencias que pueden aportar a las decisiones que afectan a sus comunidades.

La participación, por tanto, no es un elemento separado de la protección. Es parte de ella.

¿Qué queda cuando termina un proyecto?

La respuesta humanitaria plantea otro desafío: qué ocurre cuando termina una intervención.

Para Educo, parte de la sostenibilidad está en que las capacidades desarrolladas durante un proyecto puedan mantenerse y en que las comunidades fortalezcan sus vínculos con las instituciones responsables de la gestión de riesgos y la protección.

Una de las estrategias consiste precisamente en fortalecer la relación entre las comunidades y actores del Sistema Nacional de Protección Civil y del Observatorio Ambiental, encargado del monitoreo de diferentes amenazas en el país.

“Esto, de alguna manera, nos permite que, una vez finalizado el proyecto, las comunidades sepan a quién llamar, pero también es una relación que se fortalece en doble vía”, explica Peña.

La idea es que el resultado de una intervención no quede únicamente en los conocimientos adquiridos durante el proyecto. También que las comunidades sepan a qué instituciones acudir ante una emergencia y que, del otro lado, esas instituciones conozcan a las personas y organizaciones con las que deben comunicarse en el territorio.

De la respuesta a la anticipación

Actualmente, Educo desarrolla en el país distintos proyectos vinculados con la acción humanitaria. Entre ellos se encuentran Protección y Asistencia Humanitaria a niñez, mujeres y familias en situación de movilidad, con apoyo de Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID; Comunidades GENERAN+ resiliencia ambiental, climática y alimentaria con soluciones basadas en la naturaleza, con apoyo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN; Tejiendo resiliencia para la niñez (TERNA); así como proyectos de asistencia alimentaria y anticipación al impacto de la sequía, con apoyo del Programa Mundial de Alimentos, WFP (por sus siglas en inglés).

Son intervenciones distintas, dirigidas a contextos y necesidades diferentes, pero comparten una misma premisa: fortalecer las capacidades de los liderazgos locales, de las mujeres y jóvenes, y las comunidades, para enfrentar situaciones de crisis.

La acción humanitaria implica, por supuesto, responder cuando una emergencia ocurre y atender las necesidades más urgentes de quienes han sido afectados. Pero también supone mirar hacia adelante.

Anticiparse significa conocer los riesgos, preparar respuestas, fortalecer los entornos protectores, involucrar a la niñez y adolescencia y construir vínculos con las instituciones que pueden responder cuando una amenaza se materializa.

Porque una comunidad preparada no necesariamente puede evitar una sequía, una emergencia o una crisis. Pero sí puede estar en mejores condiciones para enfrentarla.

Educar protege. Y proteger también significa preparar a las comunidades antes de que llegue la emergencia. 

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