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Otra forma de entender “BEN-HUR”

Puede que muchos no recuerden la cinta anterior, ya que el concepto que llega ahora las pantallas es relativamente nuevo, pero muchos otros no podrán evitar las comparaciones con el clásico de 1959 con el que William Wyler llevó a la gran pantalla la novela “Ben-Hur” de Lew Wallace.

La cinta de alto presupuesto que llega ahora a las pantallas dirigida por Timur Bekmambetov no es un “remake” de la de Wyler protagonizada por Charlton Heston, han insistido los responsables de esta entrega, sino una nueva interpretación de la novela del que fuera gobernador del Territorio de Nuevo México.

Así lo ha entendido Bekmambetov, un director que ha participado en un complicado proceso de filmación de la cinta de corte bíblico que ha contado con un presupuesto de 100 millones de dólares.

El argumento de la nueva entrega es similar al ya conocido, aunque con ciertos giros y licencias: cuenta la historia del príncipe Judah Ben-Hur, acusado falsamente de intento de asesinato por su amigo y hermano adoptivo Messala, una autoridad en el imperio romano que usa todo su poder e influencia para hacer un infierno de la vida de su antiguo amigo de la infancia.

En la película se han incluido clásicas escenas de Ben-Hur de remero en un barco romano y también las que muestran la carrera de cuádrigas que quedó inmortalizada en el clásico de 1959, con Heston conduciendo los cuatro caballos blancos de su mecenas árabe.

Solo para rodar esa escena hicieron falta tres meses de duro rodaje, sin usar dobles y realizado íntegramente en Italia para aumentar su realismo, una dura prueba física que tuvieron que pasar los elegidos por Bekmambetov para encarnar a los personajes principales.

El británico de 33 años Jack Huston, conocido por su papel en “Boardwalk Empire” y o por su papel secundario en “American Hustle”, interpretará esta vez a Ben-Hur, mientras su compatriota Toby Kebell, de 34, se pondrá en la piel de Messala. Kebell se ha ido haciendo un nombre con cintas como “Prince of Persia” o “Wrath of the Titans”.

En la nueva cinta, Morgan Freeman da vida al rico nubio que entrena a Ben-Hur con los caballos para vengarse de su hermano, mientras el brasileño Rodrigo Santoro se pone en la piel de Jesucristo, el personaje quizá más importante de su carrera.

El resultado es una cinta ambiciosa que tratará de dejar atrás la estela de la anterior, famosa por sus reposiciones en numerosos países coincidiendo con la época de Semana Santa y Navidad.

Precisamente la versión de Wyler fue uno de los motivos por los que Bekmambetov era reacio a hacer la película al principio. Pero el productor Sean Daniel le convenció de que leyera el guión y le hizo cambiar de opinión. “El estilo de la película deriva del guión, con un estilo visual muy diferente”, explica. “Queríamos que fuera lo más real posible”.

Aún así, está convencido de que las comparaciones serán inevitables. “Pase lo que pase, la gente lo comparará con la cinta de 1959, y no hay forma de sobrevivir a comparaciones a películas clásicas. No creo que nos comparen con la película, sino con el sueño, con la memoria que dejó. La cinta debía ser muy distinta a la original para poder sobrevivir y por eso la hemos hecho muy real”.

Es la misma forma de pensar de Kebell. Reconoce que “no quería hacer de nuevo una película que ya ganó varios Oscar y que todo el mundo ha visto, pero Timur Bekmambetov fue muy convincente”.

De la nueva película destaca el realismo y lo físico de algunas escenas. Recuerda la escena de los caballos como muy intensa y admite que pasó miedo con los animales al principio por no saber manejarlos y por su temperamento.

Las perspectivas son atractivas y el presupuesto alto, pero el gran desafío es ahora evitar, o al menos no salir mal parado, de las comparaciones.

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