Saúl Méndez
Colaborador
Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, nació el 18 de enero de 1867, en San Pedro de Metapa (ahora Ciudad Darío), Nicaragua. El poeta, escritor, periodista y diplomático nicaragüense no solo cambió la poesía, también rejuveneció el idioma español en un momento en que la lengua castellana parecía atada a formas agotadas, como también lo estaba el decadente imperio español.
El poeta nicaragüense irrumpió con una nueva musicalidad, imágenes audaces y una sensibilidad cosmopolita que daría origen al Modernismo, pero que también fue una voz crítica frente al poder y el imperialismo emergente de los Estados Unidos y el recuerdo de los viejos imperios.
El modernismo como movimiento literario surgió entre los años 1880 y 1917 en Hispanoamérica. Uno de los más importantes precursores y padre de este nuevo estilo fue Rubén Darío, el “Príncipe de las letras castellanas”, bautizado así por la crítica literaria y los propios escritores de su tiempo.
El movimiento se caracterizó por una ambigua rebeldía creativa, un refinamiento narcisista y aristocrático, el culturalismo literario y una profunda renovación estética del lenguaje y la métrica, como una respuesta estética contra la lengua del viejo imperio vencido a través de los movimientos independentistas en Latinoamérica y el Caribe.
La decadencia del Imperio español favoreció el surgimiento del Modernismo, ya que el vacío cultural, político y simbólico que dejó su derrumbe a finales del siglo XIX permitió a Rubén Darío tomar el idioma heredado por el invasor y rejuvenecerlo con una nueva músicalidad, imágenes y ritmos.
El poeta logró utilizar el español, una lengua prestigiosa (pero anclada a modelos clásicos agotados), y la llenó de nuevas formas de expresión al romper con la estética realista y el naturalismo predominantes.
La poesia modernista huye de la realidad industrial y burguesa hacia lugares y épocas idealizadas, como el mundo Oriental o los mitos griegos.
Para esta nueva corriente, el ritmo, la sonoridad de las palabras y la belleza formal son fundamentales, como se lee en la antología poética con la que se estreno ante el mundo el nicaragüense: Azul, publicada en Valparaíso, Chile, el 30 de julio de 1988.
Aunque Azul no fue comprendido de inmediato, abrió el camino a una nueva manera de escribir la poesía en español gracias al lenguaje disruptivo y moderno que inició la fama de Rubén Darío a sus 21 años.
En Azul, una de las principales innovaciones del poeta es la introducción del soneto en alejandrinos, que sustituye los endecasílabos por alejandrinos y sustituye los primeros dos cuartetos por serventesios, a la lengua castellana.
Darío logró mezclar en su obra los elementos del movimiento Modernista contenidos en tres corrientes literarias europeas: el romanticismo, el simbolismo y, especialmente, el parnasianismo.
Si bien las obras Ismaelillo (1882), de Martí, y Cuentos frágiles (1883), de Gutiérrez Nájera, son considerados los principales precursores del movimiento Modernista, la obra del nicaragüense fue fundamental para el desarrollo de la corriente modernista al aportar una nueva sensibilidad y una diferente concepción del arte, al tiempo que demostraba una extraordinaria capacidad para apropiarse de las influencias más variadas y transformarlas en sustancia propia, llegó a asegurar el escritor madrileño Juan Valera.
A 159 años de su natalicio, el legado de Rubén Darío continúa siendo una herencia cultural fundamental para Latinoamérica y, especialmente, para El Salvador, donde vivió brevemente en la década de 1880, previo a la publicación de Azul, no solo por la trascendencia de su obra literaria, sino por los valores humanos y culturales que transmite a las nuevas generaciones.
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