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martes , 17 octubre 2017
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Mirando vivir…

Mirando vivir…

Álvaro Darío Lara

Escritor y poeta

 

Este es el título de una apasionante colección de crónicas y artículos, discount que su autor, el santaneco Manuel Andino (1892-1958), recogió y publicó en San Salvador en 1926.

Años después,  el Departamento Editorial del Ministerio de Cultura, imprimió, en 1960,  la segunda y última –hasta la fecha- edición de “Mirando Vivir”. Esto gracias al denodado propósito de su director, el poeta y escritor Ricardo Trigueros de León (1917-1965), por resucitar del olvido cruel, a uno de los periodistas y prosistas nacionales de mayor valía.

Manuel Andino (hermano del abogado Raúl Andino), es autor, además, de “Detalles” (1925), “El padre de la democracia” (1931), “El último caudillo” (una biografía del ex presidente de la República, General Tomás Regalado), y “Vocación de Marino” (1955).

Andino fue el primer director de la Revista Cultura, que ha realizado en sus mejores momentos, una excelente radiografía de las artes y la cultura salvadoreña. Asimismo el escritor fue Jefe de Redacción, del periódico “El Día”, dirigido por Masferrer y  Uriarte.

El ejemplar de 150 páginas que tengo entre las manos (Colección Biblioteca Popular, portada y contraportada del pintor Carlos Mérida, 1960), lo encontré casualmente, mientras revisaba la sección salvadoreña de la Biblioteca Central “Hugo Lindo” de la Universidad “Dr. José Matías Delgado”. Para mayor honor del curioso lector de esa tarde, el volumen tiene el sello de otro grande, el caricaturista Toño Salazar, quien seguramente lo donó al acervo bibliográfico de la Universidad.

La nota editorial (sin firma, pero claramente escrita por Trigueros de León) nos dice, refiriéndose a Andino: “Aparte de su labor estrictamente creadora, escribió capítulos de historia literaria salvadoreña, hechos a base de recuerdos y anécdotas. Muchas de esas páginas perdidas en los periódicos constituyen precioso material para el futuro historiador de nuestra Literatura”.

Debo confesar que leer a Andino es toda una experiencia. Estamos frente al cronista citadino que pasa revista a las costumbres, personajes, tragedias, y sinsentidos de nuestra sociedad, allá en los albores del siglo XX.

Hombres significativos y legendarios emergen de su pluma: José A. March, Román Mayorga Rivas, Ferrara, Rafael Reyes, Santiago Ricardo Vilanova y Meléndez, Enrico Massi, Juan Ramón Uriarte, Ramón de Nufio y otros.

Nos conmueve el cortejo fúnebre de su narración titulada: “Jesucristo en La Vega”, bajo el sol inclemente del  Viernes Santo, con el viejo edificio de la Administración de Rentas como fondo, de cuyos aleros “vuelan lentas, unas palomas blancas…”.

Pero también es San Salvador, el irreverente, el frenético: “Vibra San Salvador como una hembra. Vibra en los cines sonoros de marimbas y llenos de besos dados en la oscuridad. Vibra en la música del Maestro Müller y en los centenares de pianolas de los centenares de cantinas. Vibra en el amor que se esconde en los salones del Casino y en los ¡te quiero! que suenan muy dulces desde el Parque de San José hasta las márgenes del Acelhuate, florecidas de estancos y de meretricios, donde los fonógrafos desgranan interminablemente el mismo fox, acompañado, a veces, por el grito de una pobre ramera a quien el amante le abre el vientre de una puñalada”. (“Noches de San Salvador”).

Hay que leer a Andino, y hay que reeditarlo. Investigar sobre su obra y su época, seguro nos dará muchas lecciones para entender la historia y la literatura del hoy, siempre convulso.

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