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Maura Echeverría, escritora y poetisa. Foto Diario Co Latino/ Guillermo Martínez

Maura Echeverría, Maestra, escritora, mujer de familia y fiel servidora de su pueblo natal

Yanuario Gómez
@DiarioCoLatino

Maura Echeverría nació un 3 de mayo de 1935. Su niñez se desarrolló en “La Loma”, en una casita rodeada de árboles, de pájaros y flores ubicada en el cantón San Matías, zona rural perteneciente a la jurisdicción de Sensuntepeque. Su niñez fue sana, llena de libertad, colores y olores, jugando a plenitud, comiendo frutas silvestres y subiéndose a los árboles o aprendiendo a montar caballos. Una niñez que ella recuerda con mucho cariño. Hija de Miguel Ángel Echeverría Cuéllar, quien fue su ejemplo de amor por la lectura y Vitelia Gutiérrez de Echeverría. Proviene de una familia muy numerosa, ya que tuvo 9 hermanos, 4 mujeres y 5 hombres.

En sus primeros años de vida aprendió el amor por el campo familiarizándose con la carreta, los bueyes, caballos, el maizal, la molienda y los aperos de labranza, con el perro, los pozos y el río, recuerda Echeverría.

“Me  gustaba mirar el baile dócil y flexible de las ramas de los árboles de guaje, bajo la caricia del viento y la llovizna. Mis oídos guardan, amorosamente, el ruido almidonado del traje de mi madre, el cuchicheo de la gallina con pollitos y el canto de una guitarra sonada por mi padre”, exclama mientras su mirada se llena de luz y una sonrisa emana de sus labios. En 1941, al cumplir los 6 años de edad, el tiempo, caminando sin hacer descansos, le separó de aquella casa donde empezó a entender que la vida tiene  fiesta y tempestad y se trasladó a vivir a Sensuntepeque, con su hermana mayor, ya que tenía que iniciar sus estudios escolares. Cursó primaria en la escuela “Salvadora Hernández de Castro”, hoy conocida como Centro Escolar “Fermín Velasco”.

Ya en su adolescencia sintió inclinación hacia la Docencia y el Derecho, decidiéndose al fin por la primera al ganar una beca para estudiar en la Escuela Normal de San Salvador. “Del pueblo tranquilo, del hogar con una madre visionaria y amorosa, me trasladé y me hundí en una ciudad vibrante, inmensa y desconocida. Me trasladé a otro mundo. En una valijita con mis pocas pertenencias, pero repleta de recuerdos y de sueños, me hospedé en la casa de un familiar donde me trataron con cariño”, reflexiona la escritora.

En 1954 se graduó de la Escuela Normal de Maestras “España” como Profesora de Educación Primaria y en 1955 trabajó como profesora de la Escuela “Fermín Velasco” hasta el año de 1957.

En 1959 se graduó de la Escuela Normal Superior como Profesora de Educación Media en la especialidad de Ciencias Sociales. Un año después empezó a trabajar como catedrática en el Instituto Nacional de Sensuntepeque, hasta 1969.

Desde muy temprana edad Maura sintió la necesidad de escribir; pero lo hacía casi como un pasatiempo. Con el pasar de los días escribía más y más. Sin embargo, el evento que hizo explotar su necesidad de escribir, fue el nacimiento de su hija Eunice, en 1963. Fue entonces cuando empezó a escribir con la disciplinada qun forja al poeta.

En 1969 fue a hacer un curso de televisión a Televisión Educativa, que para entonces formaba parte del Ministerio de Educación. Habiendo aprobado el curso se le propuso trabajar en televisión y ella aceptó.

Trabajó ahí entre 1969 y 1985, en ese tiempo tuvo la oportunidad de conocer a grandes escritores como Salarrue, a quien describe como una persona de aura irresistible y serena; Matilde Elena López, Salvador Antonio Juárez, David Escobar Galindo, Ricardo Castrorrivas y Rafael Mendoza, quienes evaluaron sus poemas y la alentaron a seguir adelante.

“Palabras sobre el fuego” y “Con el dedo en la llaga” fueron sus primeros dos libros de poesía, con los cuales decidió participar en algunos concursos, ambos inéditos y actualmente perdidos. Participó en el Vigésimo Primer Torneo Cultural Centroamericano, realizado en 1974 e impulsado por la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED), de la Universidad de El Salvador, en donde obtuvo mención honorífica en la rama de poesía.

En 1975 ganó el primer lugar en el Vigésimo Segundo Torneo Cultural de Centroamérica y Panamá “Dr. Napoleón Rodríguez Ruíz”, siempre impulsado por la AED. En esta ocasión el premio fue compartido con el poeta de Ilobasco, ya fallecido, José María Cuéllar.

Alternaba su trabajo en Televisión Educativa con colaboraciones en Radio “UPA” y Radio “El Mundo, además, publicó casi todos los domingos en la Prensa Gráfica, El Diario de Hoy y El Mundo entre los años ´70 y ´80. Hasta que en 1986 Maura se jubiló de Televisión Educativa, no así de su trabajo literario, que ha sido constante y meditado.

Su vasta trayectoria en el mundo de las letras ha escrito más de una docena de libros de poesía y narrativa, entre los que destacan: “Voces bajo mi piel”, “Cundeamor”, “Confidencias con mi nieta”, “Poemas para Eunice”, “Mundo de chocolate” (2013), entre otras.

Su producción literaria ha sido reconocida a nivel nacional e internacional.

Esta labor le ha valido numerosos reconocimientos a los cuales se une la reciente nominación para que la primera Calle Poniente del barrio San Antonio, en la ciudad de Sensuntepeque, sea conocida desde este día como “Calle Profesora Maura Echeverría”.

“Estoy feliz y satisfecha con esta demostración de afecto, me alegra saber que la familia Echeverría quedará representada de esta forma, yo amo mi Sensuntepeque y su gente, le he dedicado muchos de mis poemas para que sirvan de memoria histórica para las nuevas generaciones para que conozcan cómo era antes”, Indico Echeverría.

“El cielo me ha proporcionado cosas buenas: Una familia a la que la risa, las lágrimas, el esfuerzo y el amor la hicieron solidaria y firme. Amistades a prueba del tiempo y de la historia, a prueba de truenos y campanas. También me hizo poeta y como tal he cantado con fervor y esperanza a la vida en sus amargas y dulces manifestaciones”, expresó la poetisa. A sus 81 años Maura Echeverría se define como  una persona que sigue creyendo que el amor es el sentimiento que sostiene al mundo y manifiesta que seguirá escribiendo, contando historias a sus nietos, y viendo amaneceres y atardeceres desde su casa en el barrio San Antonio junto a sus amigos y familiares mientras Dios le de vida.

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