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María Isabel Rodríguez: cien años de patriotismo, calidad científica y compromiso universitario

Víctor Manuel Valle Monterrosa

El 5 de noviembre es una fecha importante en la historia de El Salvador. Ese día, en 1811, un grupo elitista de criollos, descontentos con las normas impuestas por el decadente imperio español, se alzó, en lo que se conoce como el Primer Grito de la Independencia de El Salvador.

Más de un siglo después nació en 1922, una niña llamada a tener roles protagónicos y pioneros en materia académica, científica y política. Este 5 de noviembre de 2022 María Isabel Rodríguez cumple 100 años. Es una hazaña vital en Salvador donde la esperanza de vida al nacer es, en las mujeres, de menos de 80 años. Sería mucho menos hace un siglo.

Una biografía de María Isabel Rodríguez será muy extensa y hace falta. La buena noticia es que, según se sabe, ella trabaja con plena lucidez en un libro de Memorias, con el apoyo de un equipo que incluye a su más notable discípulo, educado en El Salvador desde el Jardín Infantil hasta graduarse de Médico, el científico Salvador Moncada, quien por sus méritos científicos ha recibido, de la monarquía inglesa, el título nobiliario de Caballero (Sir) y en 1970 fue expulsado por el gobierno de Sánchez Hernández, por ser comunista y “hondureño para más señas”.

María Isabel estudió secundaria entre 1937 y 1941 en el Instituto Nacional Francisco Menéndez, prestigioso centro educativo público, casi solo para varones. Era el pleno “martinato.” El uniforme incluso tenía remembranzas militares y en 1940 el director era el coronel Julio Bias que reportaba al Ministro de Gobernación general Tomás Calderón.

Después María Isabel estudió medicina en la Universidad de El Salvador donde se graduó en1949 como Doctora en Medicina.  Estudió en el Instituto Nacional de Cardiología de México dos postgrados, uno en Electrocardiografía y otro en Ciencias Fisiológicas, donde fue estudiante del célebre científico mexicano Ignacio Chávez.

A partir de 1954, aún muy joven, comenzó su larga carrera científica y académica al servicio de la educación universitaria y de la salud pública la cual comenzó como profesora en la Facultad de Medicina de la Universidad de El Salvador e impulsora, con Fabio Castillo Figueroa de importantes reformas académicas en las carreras de la salud. Fue especialista en Salud Pública con proyección internacional en la Organización Panamericana de la Salud, Decana de la Facultad de Medicina de la Universidad de El Salvador, Rectora de la Universidad de El Salvador y Ministra de Salud de El Salvador cargo con el que concluyó su admirable y pionera carrera de servicio público el 2014, cuando ya llegaba a los 92 años de edad.

En lo político, además de su cargo de Ministra de Salud, ella fue, entre 1956 y 1957, diputada por el Partido Revolucionario de Unificación Democrática, (PRUD) partido oficial del régimen dictatorial que ganó las elecciones como partido único en 1956 y el nuevo presidente, José María Lemus, quiso tomar distancia del gobierno de Osorio, su patrocinador, y ensayó una breve apertura. Pronto, Lemus retomó el camino de la dictadura y María Isabel se retiró del cargo de diputada en 1957, sin concluir su mandato. Después, Lemus se convirtió en el dictador de turno y terminó por un golpe de estado en 1960 cuando se instaló una Junta Cívico Militar donde figuraba Fabio Castillo Figueroa, compañero académico de María Isabel.

Muchos son los reconocimientos recibidos por María Isabel en todo el mundo, y enorme es su producción de ensayos científicos con fines docentes.

Conocí a María Isabel Rodríguez en 1962, cuando ella era parte de los equipos de reforma universitaria que llevamos, en 1963, a Fabio Castillo Figueroa, como Rector de la Universidad. Poco después integramos la Comisión General de Selección y Admisión y la Comisión General de Equivalencias e Incorporaciones, donde ella era la más versada y fue en gran parte mi maestra en esas lides, pues Fabio me había dado el encargo de organizar, por primera vez, un sistema de admisión centralizado y una oficina de registro. Y así se desarrollaron mis relaciones con ella en los 1960.

Años después, en el decenio de los 1980, coincidimos en Washington D.C. cuando ella era especialista en educación y salud pública en la OPS y yo era especialista en educación en la OEA. Ahí la relación fue frecuente, pues además de compartir nuestra labor de cooperación internacional en asuntos sociales, hablábamos sobre nuestro país y apoyábamos la alianza FDR-FMLN, pues en esos años El Salvador vivía la sangría del conflicto armado interno con su cuota de dolor humano.

Esas experiencias compartidas me permiten dar testimonio de las excelentes cualidades humanas, académicas y científicas de María Isabel. Ella es tenaz; brillante intelectual y científica, firme   defensora, con razones, de sus opiniones y tiene gran capacidad de trabajo, a presión. Posee un alto sentido de responsabilidad, mantiene compromiso con las causas del pueblo, es exigente del rigor académico y lucha de manera constante para que dicho rigor se asiente y se arraigue en El Salvador y en su Alma Máter, la Universidad de El Salvador.

Es extraordinario que María Isabel Rodríguez cumpla sus 100 años de vida y es bueno para mi haber compartido experiencias académicas y universitarias con ella, que sabe cómo ser maestra y amiga.

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