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Mantener la fascinación

MANTENER LA FASCINACIÓN
Por Wilfredo Arriola

No es el hallazgo de encontrar algo o alguien que nos maraville, el verdadero reto es mantener esa
fascinación. Nos pasa en la vida encontrar un autor que ha destilado emociones con sus palabras, que nos
ha devuelto el sabor de la exaltación en cada una de sus líneas. Buscarle, merodear sus libros, atraparse
con un título, querer devorar uno por uno sus ejemplares y sentir eso otra vez, resentir la admiración.
Mantener en vilo el futuro de una página que será una guía para nuestra vida, o que memore una de
nuestras escenas con maestría.

En esa larga búsqueda también encontramos títulos que nos han seducido y que, por medio de esa
frase, por medio de esas dos palabas nos cautivan; me ha pasado en muchas ocasiones. Lobo Antunes me
abrió esa puerta de lo que esconden sus libros, títulos como: “No entres tan deprisa en esa noche oscura”
y “¿Qué haré cuando todo arde?”; o Benjamín Prado, con “Nunca le des la mano a un pistolero zurdo”, y
tantos libros que sólo con una pequeña muestra nos mantienen la curiosidad, pero ¿podrán mantener la
atención ya en nuestras manos?

Consolidar no es tarea fácil, cuando quienes están frente a nosotros son tan exigentes que buscan
sacar perlas del lodo. En un golpe de suerte alguna línea se puede quedar con los lectores y la tomarán
como propia en algún discurso, o cuando fuese necesario saldrá a flote, a manera de conversación o de
intervención y la solidez de lo dicho se fundará entre los interlocutores o simplemente se fundirá en
nuestro saber.

Ahora que reparo en esta tenacidad de los ávidos lectores, hago el símil con la vida, con los
vínculos que solemos tener con las personas. ¿Nos hemos convertido en un autor sin nada que decir?
¿Hemos dejado de aportar al pozo de su conocimiento? ¿Esta permanencia es un logro del pasado, mas no
del presente y futuro? ¿Qué esperan los demás en cuanto a crecimiento personal se refiere? La respuesta
buscará un cambio de actitud o se manifestará con la solvencia de realizar las cosas muy bien.
En esperar también se nos va la vida, en volver a sentir y quizá en reabrir ese forma de la
admiración de la cual muchas veces la hemos clausurado por no buscar nuevas oportunidades de
desarrollo, tanto académico, cultural e incluso físico. En lo holístico podrá ser una oportunidad para
conocer sensaciones que no conocemos de nuestra personalidad, buscar nuevas opciones. En la
oportunidad puede descansar una transformación inesperada, dejar a un lado el prejuicio, haciendo
mejores juicios de lo visto con una mirada más intima y personal.

También nos pasa en otras conexiones que olvidamos mantener ese contacto y ese abono para un
crecimiento más atento. Atender es cada vez un poco más complicado, por la exigencia de la cotidianidad,
pero con seguridad es posible. La dedicación genera la recompensa de mantener esa fascinación,
reinventarse sin perder la esencia es un reto para las nuevas oportunidades que se nos avecinan, no como
un nuevo año, sino como un crecimiento personal del cual nosotros estamos encargados en proyectar.
Fascinarse por el titulo es una cosa, terminar de leer el libro, otra.

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