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Los “Pobre-Dólares”, una bendición para la oligarquía criolla (parte final)

Periodistas Óscar Miguel Marroquín y Héctor Sermeño

El asunto del Estatus de Protección Temporal (TPS) debería ser una de las prioridades en la agenda del gobierno salvadoreño y de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP); sin embargo, este tema no se ajusta a la narrativa de un milagro económico en El Salvador, lo que lleva al mandatario a desviar la atención del público, al anunciar que dispone de recursos para financiar cincuenta mil becas para estudiantes universitarios. Esto representaría un gasto cercano a tres mil millones de dólares; con esta jugada política, Bukele buscó acercarse a los jóvenes en edad de votar en los próximos comicios y, además, generar un impacto mediático en la población de cara a las “elecciones” del próximo año.

En consonancia con lo anterior, el vicerrector administrativo de la Universidad de El Salvador (UES) no dudó en aplaudir el anuncio mediático del presidente, a pesar de que no hay aún un pronunciamiento oficial de la universidad.

Entre tanto, el tema del TPS continúa en agenda, pero no en la del gobierno de Bukele, sino en la de la oligarquía; la reducción de las remesas familiares podría afectar gravemente los intereses de los grupos que controlan y dominan la economía del país. En otras palabras, perjudicará la economía de quienes sin mayor esfuerzo se han lucrado del sacrificio de los migrantes, principalmente de los indocumentados.

Mientras el gobernante de turno ejecuta golpes publicitarios en la cercanía de un “proceso electoral”, el gobierno norteamericano decide eliminar la continuidad del TPS con alrededor de 170,000 salvadoreños que podrían atravesar en Estados Unidos una situación de impredecibles consecuencias legales. Ocultar el tema del retorno forzado es un indicativo de que los migrantes en Estados Unidos solamente tienen importancia para Bukele y la empresa privada en tanto que estos sean el sostén de la economía nacional.

Por otra parte, la ANEP también tiene mucho que ver con el tema del retorno de los migrantes. Por décadas la ANEP ha gritado a los cuatro vientos que es la principal iniciativa de apertura de fuentes de trabajo; no obstante, eso parece ser tan solo un estribillo. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), El Salvador tiene una de las tasas más altas de empleo informal en América Latina. Cabe entonces preguntarse: ¿dónde están los empleos creados por la empresa privada?

En adición a lo anterior, es oportuno preguntar: ¿cuál es el plan de contingencia que tiene preparado la ANEP en el caso de los salvadoreños en edad productiva?, esos mismos salvadoreños que por décadas han mantenido en pie la economía nacional con el millonario envío de remesas desde los Estados Unidos. Con respecto a esto, es importante señalar que la oligarquía no ha movido un solo dedo para la producción de toda esta riqueza.

En cuanto al silencio del gobernante y su principal socio, la ANEP, sobre el tema del posible retorno forzado o la eliminación del permiso a cientos de miles de salvadoreños, se confirma que los retornados han dejado de tener importancia debido a que ya no continuarán sosteniendo la economía nacional.

También es necesario recordar que el gobierno de Donald Trump ayudó a la derecha hondureña a recuperar el control político de ese país. Poco antes de las elecciones presidenciales de 2025, el narcotraficante Juan Orlando Hernández fue indultado tras estar cumpliendo una pena de cuarenta y cinco años en una prisión de los Estados Unidos. Hernández gobernó de la mano de EE. UU. dos periodos como presidente y eso lo convirtió en el máximo líder del Partido Nacional (PN). Su liberación y un supuesto fraude electoral lograron que el candidato conservador Nasry Asfura se alzara con el triunfo.

Referente a lo anterior, vale la pena recordar la frase atribuida a John Foster Dulles: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses.” Recientemente, el gobierno norteamericano dio a conocer el fin del TPS para los hondureños. Unos cincuenta y cinco mil ciudadanos deberán retornar forzosamente a Honduras; el no cumplir con esta ley los coloca en situación de delincuentes.

De momento, no se conoce un plan contingente de parte de dicho gobierno y, el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP), vale decir que este país centroamericano atraviesa serios problemas en cuanto a pobreza, seguridad, corrupción y principalmente de narcoactividad. En pocas palabras, el presidente Trump no tiene amigos, tiene intereses y, por esa sola razón, suspendió el TPS para los hondureños.

El mandatario salvadoreño podría cruzar la misma suerte que su homólogo Nasry Asfura y enfrentar el posible final del TPS para los salvadoreños; la suerte que le espera a los retornados no es nada alentadora. El Salvador ha alcanzado un alto índice de endeudamiento con los organismos crediticios internacionales; esto significa que existen muy pocas probabilidades de que el gobierno pueda cubrir las demandas sociales de 170,000 personas retornadas al país. Entre las demandas que afrontaría el gobierno están: salud, educación, vivienda y empleo.

En conclusión, el presidente salvadoreño debería mostrar un poco más de seriedad ante quienes gobierna; montar un teatro electoral, como el anuncio de las 50 mil becas, no es otra cosa más que el inicio de una campaña por adelantado, valiéndose de su condición de “mandatario” y, además, usando el dinero del erario de forma camuflada.

Finalmente, hay que aceptar que este gobierno logró combatir a las pandillas y llevarlas a prisión. Eso es algo muy cierto, pero intentar hacer creer que, porque los pandilleros ahora están en la prisión, el gobierno está logrando un milagro económico, eso es totalmente falso. Un país con el 70% de su población en condición de empleo informal no está ni siquiera por accidente por alcanzar un milagro económico. A menos que se entienda por milagro económico el dinero que está llegando a los bolsillos de los amigos del mandatario, tal como lo asegura el economista César Villalona.

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