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Librerías y autores nacionales

Mauricio Vallejo Márquez

coordinador

Suplemento Tres mil

 

Los libros de salvadoreños se muestran en dos metros cúbicos, ambulance en las librerías que he visitado. Ese es el espacio que comparten algunos literatos nacionales, cure donde además contadas editoriales nacionales se exponen junto a obras griegas clásicas, healing entre otras, en medio de una inmensa marea de libros de otros países.

Ante este panorama, los que desconocen las letras nacionales llegan a pensar que no se escribe literatura en El Salvador y menos les importa si existe una tradición literaria (la cual despierta muchas discusiones en el entorno literario). A muchos sólo les interesan los libros relacionados con sus profesiones o con otros temas, a otros los periódicos y a la mayoría cualquier cosa menos los libros.

La gente que no lee lucha por ver un partido de fútbol, pero otros creen que se debe luchar con la gente para que lea, cuando la lectura debe ser un placer.

Las escasas librerías que existen prefieren mostrar el basto universo literario del extranjero, antes que  destacar la obra nacional, que se ahoga en los estantes, sin ofrecerla a sus clientes nacionales o foráneos. Algunas editoriales logran colarse, mientras la mayoría de editoriales independientes y las ediciones de autor independiente son los grandes ausentes.

Y así  las personas se van perdiendo de la riqueza que les ofrece Alfredo Espino, Salarrué, Mauricio Orellana Suárez, Ricardo Lindo y otros porque están en la oscuridad y que ni siquiera se ven en wikipedia.

En tanto, que los libros de Ken Follet, Stephen King y otros best seller se muestran en las vitrinas. Existen largas listas de autores interesantes que las editoriales más reconocidas aún no han publicado y probablemente nunca publicarán.

Incluso libros que se están presentando en algunas instituciones y que la gente interesada busca se encuentran amontonados entre otros ejemplares. Dónde sólo buscan los lectores acuciosos, pero los lectores potenciales los pasan por alto al no ser visibles.

En cambio en el Centro de El Salvador, donde están los libreros, existe más variedad de autores y a un menor costo. Son libros de segunda mano, pero igual de importantes que uno nuevo. En estas los literatos nacionales llegan a competir con los extranjeros. Y en algunos lugares como la Segunda Lectura, Maktub con Wally Romero se recomiendan como primera opción. La gente es receptiva a las obras salvadoreñas, sólo se necesita que se muestren, que se propongan, que se anuncien.

Algo distinto he apreciado en varios recitales. Los autores muestran sus plaquetas y libros, y la gente se ha acercado para adquirirlos. Incluso les hacen rueda a los escritores para que les den sus autógrafos.

Los libros deben publicarse, los lectores decidirán si les gusta o no. Pero si las obras no se muestran y no se publican la literatura siempre permanecerá donde parece estar, en el olvido.

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