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La revolución tecnológica, el enjambre digital y el poder psico-político…

German Rosa, s.j.

La revolución tecnológica digital ha cambiado la cultura política y ha transformado los modos tradicionales de hacer política. Muchos mandatarios han empleado las redes sociales como espacios privilegiados para tener acceso a los ciudadanos y a sus electores. Algunos que encabezaban la lista de los quince líderes mundiales más influyentes en las redes sociales, según el estudio de “Twiplomacy” del 2016 en orden de importancia son: Barack Obama, el Rey Salman de Arabia Saudita, Donald Trump, el papa Francisco, Adel al Jubeir (ministro de Exteriores de Arabia Saudita), Nicolás Maduro, Narendra Modi (primer ministro de India), Recep Tayyip Erdogan (presidente de Turquía), Joko Widodo (presidente de Indonesia) y otros más (Cfr. https://www.infobae.com/america/mundo/2016/11/22/los-lideres-mundiales-mas-influyentes-en-las-redes-sociales-en-2016/). En el año 2019 algunos de estos líderes se confirman y han escalado en la posición, unos han descendido y otros han sido remplazados. Barack Obama ha sido considerado el líder que mejor que ha sabido emplear esto medios digitales (Cfr. https://www.milenio.com/tecnologia/facebook-instagram-o-twitter-que-usan-mas-los-lideres-mundiales).

En la actualidad se ha convertido en una moda el uso de las redes sociales en el quehacer de la política. Si no se tiene Twitter, Facebook, Whatsapp, etc., se vive en el anonimato político. Y muchas veces, la híper-información y la híper-comunicación se convierten en espacios idóneos para la fabricación de falsas noticias o de “fake news”. Tema sobresaliente en las campañas políticas, porque ahí se evidencia el nuevo estilo de hacer política a través de las redes sociales. Las redes sociales son espacios privilegiados para la vigilancia y la manipulación de las preferencias electorales, mostrando la capacidad sutil del poder político para controlar a la sociedad. Por esta razón muchos políticos practican un tipo de “pornografía”, que se vuelve atractiva para los electores y los ciudadanos porque entretiene. No se debate lo más importante, solo se expresa aquello que distrae (Ver https://www.diariocolatino.com/las-redes-sociales-el-nacimiento-del-bebe-big-data-y-la-sociedad-de-la-transparencia/). Así se sigue practicando la eterna estrategia de “pan y circo”, para que el pueblo se olvide de los sufrimientos y de su propia tragedia. La charlatanería, el folklore político, los pleitos cargados de humorismo hacen que no salgan a la luz los problemas políticos, sociales, económicos en las campañas políticas o cuando se está gobernando. Desafortunadamente esto está ocurriendo en muchos países del mundo.

En este contexto podemos retomar el aporte del filósofo Byung-Chul Han, quien nos explica que se ha formado una nueva masa social que podemos calificar de “enjambre digital” que no se constituye en una oposición política propositiva y alternativa, y lo expresa así: “A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carecen de alma, de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La híper-comunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios” (Han, B.-C. 2014. En el enjambre. Barcelona: Herder Editorial, S.L., p. 84).

Ya no se habla del “Homo œconomicus” sino del “Homo electronicus digital”. El enjambre no permite el silencio, tampoco pensar ni la reflexión. ¿Para qué pensar? Si se piensa se organiza políticamente la población y se puede liberar del control de las redes y de los enjambres digitales. El enjambre digital promueve modelos de colectividad o movimientos sociales fugaces e inestables. A los enjambres digitales les falta decisión, no desarrollan energías políticas, tampoco son capaces de cuestionar las relaciones de poder dominantes (Cfr. Byung-Chul Han, 2014, p. 18).

La híper-información en las redes sociales no siempre es sinónimo de verdad ni de luz en la oscuridad. A veces es simplemente acumulativa, que puede producir cansancio y falta de capacidad para asumir la responsabilidad ante los desafíos de la realidad. La realidad virtual desvirtúa la densidad y materialidad de lo real. La híper-información causa el síndrome de la fatiga de la información (IFS), que es una enfermedad psíquica que se produce por el exceso de la información. Y este exceso de información no conduce necesariamente a tomar las mejores decisiones. Muchas veces este cansancio de la información incluye también síntomas característicos de la depresión, y uno de sus efectos es la incapacidad para asumir responsabilidades.

La era digital es el período en que hemos pasado de ser sembradores de cultura y conocimiento, a cazadores y recolectores de información. En el ciberespacio no existe la ley de la gravedad, se introduce la fluidez digital y este no está sujeto a un espacio físico material. El medio digital es como el mar en donde no se pueden grabar líneas firmes (Cfr. Byun-Chul Han, p. 55).

El enjambre digital estimula los impulsos electrónicos son como las abejas que persiguen a los internautas, los acosan, les crean adicción y las redes sociales fácilmente se convierten en cadenas que someten y doblegan la voluntad y la libertad humana. El enjambre digital condiciona y crea un modo específico de pensar y de acción política volátil y fugaz, crea consenso y hegemonía social y política sobre la base de que todo es efímero y nada es permanente. Las masas anteriormente podían organizarse en partidos y asociaciones, en movimientos, pero en el espacio virtual con frecuencia se crean enjambres de puras unidades digitales aisladas, que no forman ningún público articulado que actúe políticamente ante el sistema autorreferencial (Cfr. Byun-Chul Han, 2014, p. 70).

La dependencia y la adicción que crean las redes sociales son insidiosas y hacen creer que cuanto más conectados a la red estamos somos más felices. Pero no podemos olvidar que la felicidad real se vive cuando se comparte con los otros, superando el narcisismo digital. Asumiendo responsabilidades comunitarias, creando verdaderas comunidades de seres reales físicos y no solo reales virtuales, haciendo posible una comunidad sanamente fraterna y solidaria. La verdadera humanidad en las redes sociales se recupera no solo desde lo virtual-real, sino desde lo real-físico e histórico en la sociedad a través de la cultura del encuentro con la realidad humana, y no solo con aquella realidad que causa placer, satisfacción, sino con tantas personas que sufren, los empobrecidos, los excluidos, los desvalidos, las víctimas de la historia. La sensibilidad humana asume responsablemente de esta manera los retos de nuestra sociedad injusta y fragmentada. Hay muchas cosas importantes que están sucediendo con la revolución tecnológica-digital. Una de ellas de carácter prioritario es recuperar el potencial educativo y de sociabilidad para crear vínculos de solidaridad humana, y para humanizar la técnica en función de resolver los grandes problemas de la humanidad y de nuestro mundo de hoy. Seguiremos analizando el impacto de la revolución digital en la política de nuestros tiempos…

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