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La pieza que no encaja

LA PIEZA QUE NO ENCAJA

Mauricio Vallejo Márquez
Escritor y editor Suplemento Tres Mil

Por alguna razón los seres humanos somos gregarios. Estamos diseñados para vivir en sociedad. Sin embargo, a muchos nos cuesta encajar. Ser parte del modelo de vida de nuestro entorno no resulta un algo atractivo y en lugar de querer estrechar relaciones procuramos apartarnos en la necesaria búsqueda de ser nosotros.

En donde crecimos nos sentimos cómodos porque es lo que conocemos. Estamos tan acostumbrados a las escasas paredes que ambientan nuestros días al crecer. Pero, llega el momento que estamos obligados a recorrer el mundo. En ese momento enfrentamos a otros infantes que tienen sus características disímiles a las nuestras. Características que se refuerzan dependiendo de los contextos, cultura, educación y economía, ya no se diga por la fe que promulgan.

El detalle es que el grupo dominante se impone y aplasta al diferente obligándolo a asimilarse. Y es en ese momento que el individuo decide si es débil y acepta esa asimilación o resiste. En algunas ocasiones decidirá de forma diferente dependiendo de los cambios que desarrolle con el tiempo. Somos seres cambiantes, esa es una realidad inmodificable.

Conforme crecemos estamos obligados a dejar atrás nuestros sueños, a frustrarnos y amargarnos porque la vida que otros eligieron para nosotros no es lo que vinimos a hacer ese mundo. Sin embargo, la premisa de la vida es asimilar, adaptarse, someterse y anularse. La gente deja de ser ella misma y se convierte en un remedo de lo que otros quieren o imponen. Habitando en la tierra con una máscara que consideramos nuestro rostro. Después vienen las actividades que nos hacen soportar la vida con la entretención y los vicios, que dependen de nuestro encajamiento en ellos.

Pero en este mundo existen seres obstinados, en especial los artistas. Los cultores del arte se rebelan contra lo establecido para crear, para forjar la huella que inmortalizara su nombre. Algunos serán libres y explotarán al máximo sus capacidades para lograr sus sueños, otros se someterán al status quo para evitar pasar hambre. Porque, lamentablemente esa es la elección a la que nos enfrentamos: ser o no ser, así lo revela Shakespeare en Hamlet. En otras palabras: encajar o no encajar.

El asunto es que debemos comer. Sin alimentarnos nuestros cuerpos enferman y se deterioran para darle paso más temprano que tarde a la muerte. ¿Será posible olvidarnos de nuestra condición humana para perseguir nuestro ideal? Sí, pero requiere sacrificios y sabiduría. Para ello debemos cultivar diversas experiencias hasta obtener lo que buscamos.

Yo no encajo en mi entorno, pero debo aprender a vivir en él. Aprender a vivir en un entorno artificial que la sociedad ha adoptado para construirnos esta realidad que es ajena a nuestra naturaleza y a nuestros instintos. Nos obliga a encajar en un mundo donde se aplasta y elimina nuestros sueños, nos amaestra y domina para ser un engranaje más en el motor de la industrialización, de la productividad, de la economía y de lo que quizá no somos.

El mundo no va a cambiar para mejorar las condiciones de los individuos. Ningún gobierno tiene como objetivo beneficiar a la gente. Por eso, somos nosotros los que debemos construir el cambio para que la sociedad encaje en la búsqueda de un mundo mejor.

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