Por David Alfaro
11/11/2025
La oligarquía salvadoreña nunca ha tenido lealtades, solo intereses. Durante años usó a ARENA como su herramienta política para gobernar y hacer negocios. Pero cuando el barco tricolor empezó a hundirse, no dudaron en saltar a tiempo y montarse con Bukele, el dictador que les garantiza negocios con el Estado, leyes a su favor, evasión fiscal y muchas ganancias.
¿Y ARENA? Lo dejaron morir solo. Los oligarcas no han tenido ni un gesto de respaldo cuando Bukele les expropió su sede. Ni un reclamo por la sospechosa muerte de Gustavo López Davison, uno de los suyos. Ni una palabra mientras Ernesto Muyshondt, exalcalde y exfiel servidor, es torturado en prisión. Para ellos, todos son reemplazables.
Y cuando el FMLN gobernó e intentó tocar su punto más sensible, la evasión fiscal, la oligarquía respondió como sabe hacerlo: con guerra mediática. Bastó que se intentaran cruzar datos entre el Ministerio de Hacienda y la Corte de Cuentas, o que se auditara a grandes empresas, para que desataran una campaña feroz. Usaron sus medios, sus voceros, sus tanques de pensamiento y sus partidos satélite para gritar que El Salvador se volvía Venezuela. No defendían la democracia, defendían sus bolsillos.
¿Por qué? Porque esta élite no cree en el desarrollo humano del pueblo, ni en respetar leyes laborales ni fiscales, ni en pagar salarios justos. Solo apoya al que les garantice impunidad, contratos y poder. Y si mañana Bukele deja de servirles, también le darán la espalda y hasta podrían darle golpe de Estado con el ejército. Porque a Bukele le han prestado el ejercito que históricamente es de ellos. Así operan: traicionan al que ya no les conviene. Lo hicieron con ARENA y, muy seguramente, lo harían con Bukele.
Esta oligarquía no construye país, sino que lo drena. Su única guía es la codicia. Cambian de bando cuando sienten que pueden perder algo. No les importa la justicia, ni la democracia, ni el bienestar del pueblo. Solo les interesa mantener su lugar arriba, cueste lo que cueste.
Y mientras esta minoría, este poder fáctico siga controlando los destinos del país desde las sombras, El Salvador seguirá atrapado en el mismo círculo de abusos, traiciones, miseria y desigualdad. El verdadero problema no es solo Bukele. Es el sistema podrido que lo sostiene. Y ese sistema tiene nombre: LA OLIGARQUÍA SALVADOREÑA!
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