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La llaga desnuda (Séptima entrega)

Erick Tomasino

 

ADVERTENCIA

1. Esto no es una autobiografía.

2. El lenguaje utilizado en este texto, see salve es de exclusiva responsabilidad de sus personajes.

3. Es probable que este libro, cialis sale no sea el mejor que lea en su vida.

Hasta mañana

Subo a mi habitación y comienzo a escribir una carta. Siempre me gustó escribir cartas, check me ganaba la vida escribiendo las cartas de mis amigos para sus novias. Y –como ya lo he dicho- ellas se enamoraban más por eso. Nunca supieron que en realidad se enamoraban de mí. Total, tampoco vale la pena recordar eso. Comienzo a escribir sin ser consciente del destinatario.

“Apago la luz y olvido desenmarañar mis noches. Esta tarde al alejarte dejaste tirado el recuerdo que pensé te había bordado en el pecho o en la cabeza o en el pequeño dedo con que hurgas tu nariz luego de fumarte un porro.

Ya me lo imaginaba. Ni cuenta te diste que aquella tarde luego de nuestro último café, de regreso a casa quise lanzarme desde el taxi y besar el pavimento. Ya mis labios solamente sabían al concreto que alfombra este pedazo de país que todo lo niega.

Y al final no todo fue tan malo, me consuelo entre las sombras y este ruido agudo que rodea mis elucubraciones me lo secunda. Al final sentir dolor es humano, sentirse triste también lo es. Según dicen eso me hace ser mejor persona y creo que aún lo soy. Aunque el reflejo de la noche no me deje ver hacia donde me dirijo con mi resignación…”

Se me corta la inspiración y no consigo escribir nada más; bajo por las gradas en busca de una cerveza y me viene a la mente otra idea, subo corriendo.

“Uno no puede tener todo lo que se desea y me voy dando cuenta que tampoco tengo un tatuaje, pienso que es lo mejor, y que si el del taxi no me detiene, estaría lamentándome en un hospital, con más cicatrices de las que ya tengo, y que quizá la llamada de emergencia te hubiera interrumpido un buen polvo y que no me lo perdonarías nunca, sobre todo porque ese era tu último polvo en este país del “sex, sand, sea and sun”. Y entonces no me dirijás la palabra nunca más. Y quizá no te vuelva a ver.

Así que mejor regreso a mi cama. Mañana llamaré a alguna de tus amigas para preguntar como finalizaron la noche. Y vuelva a transitar por estos caminos como si tampoco hubieses existido. Al final en este país lo que mejor tenemos es una mala memoria. Yo no soy la excepción.”

Termino de escribir y me da un carraspeo en casi todo el pecho. A veces la soledad te vuelve un poco cursi. El deseo por recuperar a alguien desata una melancolía que si uno lo vuelve poema, puede ser un poco empalagador, sobre todo que me he dado cuenta que muchos poetas de mi generación se dedican a escribir sobre esos temas etéreos de almas y corazones, de ausencias y de otras mierdas que luego leen en los recitales como si de un suplicio o de un rezo se tratara. Eso me recuerda que tengo un poema pendiente que debo revisar:

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