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La ideología del crecimiento, el mito de la caverna y la crisis ecológica…

German Rosa, s.j.

Ante el problema universal de la crisis ecológica, que se manifiesta en la falta de agua, los fenómenos de grandes sequías, la desertificación de amplios sectores del planeta, las pérdidas de las cosechas, la muerte del ganado y de las especies, el calentamiento global y las catástrofes naturales, etc., podemos escuchar muchas explicaciones, algunas más satisfactorias y otras que nos hacen recordar el mito o la alegoría de la caverna de Platón.

Desde el siglo XX y en el umbral del presente siglo, posiciones ideológicas interesadas vienen proponiendo el gran relato de la ideología del progreso y del crecimiento ilimitado para resolver los grandes desafíos de la pobreza, la exclusión, el “subdesarrollo”, la “dependencia”, etc. En plena posglobalización después que se han ido concretando las grandes directrices económicas, financieras, políticas de la globalización desde hace algunas décadas, nos damos cuenta que la ideología del crecimiento exponencial e ilimitado es ficticia, y es un relato que no responde a la realidad histórica, el cual nos evoca el mito platónico de la caverna.

En este mito o alegoría el filósofo narra cómo unos prisioneros encadenados se encuentran en una posición que solo pueden ver el fondo de la caverna, donde ven solamente sobre las paredes, las sombras de los objetos y de las cosas proyectadas por un fuego encendido a sus espaldas. Estos hombres prisioneros creen que las sombras son las cosas verdaderas. Y solamente quien es capaz de salir de la caverna, una vez liberado puede ver los objetos reales del mundo. Solo quien es capaz de salir de la caverna descubre que las sombras son solamente sombras, pero no son la verdadera realidad de las cosas ni de la humanidad, aunque sean parte de las mismas. Podemos interpretar que el verdadero conocimiento de la realidad no se logra contemplando las sombras, ni confundiéndolas con las imágenes de la realidad. Las sombras no son la realidad, ni la luz, ni los hombres, ni el fuego mismo. Las sombras tampoco son el mundo real que está fuera de la caverna, ni la luz que ilumina la caverna es la luz del sol, ni la hoguera es el sol.

La ideología del crecimiento ilimitado en realidad no ha hecho posible una distribución equitativa de lo que se produce, ni de cuanto se produce: ha ocurrido una creciente desigualdad y el deterioro medioambiental, que no podemos ocultar con explicaciones maquillando el rostro desfigurado y destruido de la naturaleza. Se ha pretendido maquillar la crisis ecológica con argumentos que separan el crecimiento y el progreso de su impacto medioambiental y sus graves consecuencias, proponiendo una ideología del dominio de la naturaleza y el control de la misma para ponerla al servicio de la humanidad. Incluso se ha argumentado que el mismo desarrollo tecnológico permitirá encontrar soluciones al cambio climático.

Sin embargo, el desarrollo tecnológico industrial ha ido a la par de una mayor explotación del ser humano y de los recursos naturales, supeditándolos al crecimiento y el progreso. La ideología del crecimiento ha deslumbrado a tal grado que se ha convertido en la sombra que imposibilita ver los problemas del agotamiento de los recursos, el calentamiento global, de los residuos tóxicos y contaminantes generados, así como la creciente desigualdad social dentro de las sociedades. Se ha producido mucha riqueza pero a costa de la desigualdad social y la destrucción del medio ambiente.

La ideología del crecimiento ilimitado en la economía y las finanzas ha sido fatal, porque no ha ocurrido un crecimiento de todos los agentes económicos de manera equitativa, ni se han resuelto los problemas de la pobreza, la exclusión social, y al parecer se han incrementado las asimetrías y las desigualdades sociales en el planeta. Se ha deteriorado la ecología, se han provocado grandes desequilibrios en los ecosistemas y se prevé que si seguimos impulsando y aplicando el esquema del crecimiento ilimitado las consecuencias serán más graves en las próximas décadas. Se ha vendido la ideología que se puede crecer y consumir ilimitadamente y continuar de esta manera sin decir nada sobre las consecuencias catastróficas que implícitamente conlleva esta misma ideología.

El crecimiento, la acumulación y la revolución del consumo individualista nos han ido empujando de “una economía de mercado a una sociedad de mercado”, situándonos al borde del precipicio de la catástrofe ecológica global.

No obstante esta realidad, la emergencia de grupos ambientalistas y movimientos sociales nos posicionan ante la realidad que impone la necesidad de un cambio de imaginario social, político y económico. Estos movimientos se podrían comparar con aquellos que han logrado salir de la caverna y han podido conocer el mundo real, pero que descienden nuevamente a la caverna para revelar la verdad a sus compañeros prisioneros aunque no quieran creerlo. Si todos somos víctimas de las consecuencias de la crisis ecológica causada por la ideología del crecimiento en el mercado global, aunque algunos sufran más que otros directamente el impacto, estos grupos emergentes están cuestionando la relación del mismo mercado, la naturaleza y el Estado. Van emergiendo grupos que proponen una gestión comunitaria y local de los recursos naturales, no dejarlos en manos solamente de los expertos y los políticos, porque no garantizan su protección; van surgiendo grupos que proponen reducir el nivel de consumo y vivir de manera austera consumiendo lo justamente necesario; también van naciendo grupos que plantean que no basta la austeridad sino que hay que revertir el esquema del imaginario colectivo, que se basa en la ideología del crecimiento y de acumulación exponencial o ascendente y se debe dar un protagonismo democrático a los grupos sociales vulnerables que están sufriendo el impacto directo del deterioro medioambiental, de ahí la centralidad de los sectores empobrecidos y las víctimas de la crisis ecológica; y tantas iniciativas que van surgiendo en la sociedad civil y no solo desde los gobiernos, cuyo protagonistas son grupos sociales que están directamente afectados e implicados con el problema de la crisis ecológica global.

Urge educar a la población con un imaginario social que desenmascare la ideología del progreso y del crecimiento ilimitado y construir un imaginario social alternativo que no se base en la revolución del consumo, cuyas características prevalentes sean la sensibilidad personal y social ante las víctimas del impacto de la crisis medioambiental, la austeridad, el cuidado y la conservación de los recursos naturales. Se tiene que desechar el mito que propone el imaginario que cuanto más tienes y más consumo existe más feliz se es. Se puede ser feliz consumiendo lo justamente necesario y construyendo relaciones amigables con el medioambiente y la comunidad social. La solidaridad comunitaria y la cooperación son ingredientes que pueden ayudarnos para construir un nuevo imaginario social que proponga una relación diferente con la naturaleza, la biodiversidad y los ecosistemas, porque cuanto más cuidamos la relación con la naturaleza, más disfrutamos socialmente el bienestar que ella nos ofrece.

La utopía de la sociedad de la austeridad compartida y del trabajo de Ignacio Ellacuría sigue siendo una propuesta fundamental y de suma importancia (ver https://www.diariocolatino.com/la-civilizacion-de-la-pobreza-de-ignacio-ellacuria-un-desafio-actual-ante-la-globalizacion-neoliberal-y-excluyente/).

Es urgente salir de la caverna, liberarnos de la mala comprensión y de las causas que generan la crisis ecológica global, es decir, tenemos que ver la luz y no confundir las sombras, ni la iluminación de la hoguera que producen las sombras de la caverna con las causas reales que origina el problema de la crisis medioambiental. Hay que ver la luz que arroja la verdad y el sol que ilumina con veracidad el problema global del medioambiente.

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