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Ingleses en Centroamérica  XXVIII

Caralvá

Intimissimun

AGENTE INGLÉS INSULTOS

Cónsul inglés en perjuicio de la dignidad e integridad de Centroamérica

Gaceta de El Salvador en la República de Centro-América

San Salvador Diciembre 6 de 1850

Los enemigos de la federación en Centro-América lo son forzosamente de la nacionalidad.

Si hoy quisiéremos presentar a nuestros lectores un resumen de las teorías, pensamientos y sistemas que hemos visto publicar en los diez últimos años relativamente al negocio de nacionalidad, tendríamos que emprender un largo trabajo y exceder los límites de un artículo. – Pero todas las ideas pueden clasificarse en tres secciones a saber: 1º Federación bajo el plan de la Constitución de 824[1] con algunas modificaciones que ha aconsejado la experiencia. 2º Confederación de estados en que la autoridad del poder nacional emane de los gobiernos y no del pueblo; 3º Centralismo.

Sin detenernos a calificar la oportunidad del decreto último congreso que ya disolvió el vínculo de unión y que a todas las luces parece fue prematuro, no tenemos embarazo en decir que sus promotores fueron los mismos hombres que después han embarazado por mil medios la reorganización de la república, y últimamente difunden al descubierto las doctrinas del retroceso, y enuncian ya el centralismo como un sistema conveniente y el único adaptable.

No es esto para nosotros una cosa nueva, ni deben creer esos hombres que se nos ocultaba que un plan definitivo debería venir a parar en esta última propuesta irrealizable por ahora bajo todos aspectos.

Los Estados de Centro-América compusieron una sola familia durante los años corridos desde la independencia hasta 837[2], y cualquier defecto que se notaran en la Constitución de 824[3] pudieron ser corregidos sin necesidad de derrocarla en el todo, pues que en los mismos Estados no había ni voluntad, ni opinión por segregarse de la manera en que el partido servil lo decretó. – Entonces no se habían creado intereses diversos, de pretensiones encontradas. – Las constituciones respectivas no estaban en oposición con el pacto federal, consignado en la de la república, y entonces por último no habían desarrollado esas antipatías que con dañada intención han venido explotando los enemigos del país durante el tiempo de su disolución política.

Tal estado de cosas se pretende hoy, es verdad, como un obstáculo para hacer lo que conviniera, y de el nace en gran parte esa multitud de proyectos en que se pretende combinar de que somos con lo que debemos ser.

Los enemigos de la federación de Centro-América lo son forzosamente de su nacionalidad por que no sin malicia proponen otras formas a sabiendas de que son inadaptables. – Ellos han aprovechado con destreza estas dificultades para mantener la situación irregular y anómala en que se encuentra la República y a su sombra han ido acumulando estropiezos  sobre estropiezos, ya erigiéndose en naciones soberanas independientes de las demás partes, y ya acostumbrado al pueblo a unas fórmulas y régimen incompatible con el que han adoptado los otros Estados de la antigua federación.

Guatemala es quién alejándose de todo lo que pudiera traerle a la nueva unión, a considerado esta materia de mil maneras y según las circunstancias de los tiempos, poniéndose siempre en el extremo opuesto al punto de partida. – Enemigos primero de la federación cuando tenían esperanzas de centralizar el gobierno en su capital, fueron federalistas un poco tiempo después. – Promotores de la ruptura del pacto y amigos posteriores de los gobiernos fuertes en que no haya ni libertad, ni igualdad, ni sufragio popular, como que nos quieren dar ya a entender que convendría a la República un gobierno central (se entiende también fuerte y sin libertad ni imprenta libre como ellos lo usan) – Estas ideas que se enuncian de un modo abstracto e indirecto, pueden servir de prueba y complemento a cuanto se ha dicho por nosotros en diversas publicaciones, refiriéndonos a la política y miras del corto círculo de viejos serviles que hoy domina tiránicamente  aquel Estado, y que en sus sueños de sometimiento de los demás Estados ya se figuran enviándonos corregidores, Jueces, Genios y otras alimañas que hicieran de nosotros no solo unos infelices súbditos de provincias que han reputado por no amigas, si no hombres esclavos del capricho de tres o cuatro.

Nosotros debemos decirles con franqueza por que aun es tiempo de advertírselos: que dejen esas ideas y piensen seriamente en volver sobre sus pasos, en abolir sus nomenclaturas del siglo 17, en restablecer el sistema republicano y en volver a constituir una parte integrante de la República de Centro-América. – Esto es lo que importa a aquel pueblo. – Todo lo demás no pasa de la línea de malos deseos y extraviados ensueños de los pocos que ahí se han apoderado de la administración pública entre sangre y depredación.

A continuación, y para que el público juzgue, insertamos las dichas acta y proclama que tomamos a la letra de la gaceta de Guatemala

PRONUNCIAMIENTO DEL EJERCITO NACIONAL

Nosotros, jefes y oficiales del ejército, ciudadanos centro-americanos; haciendo uso de nuestros derechos, de la facultad que como a tales ciudadanos nos concede la ley de garantías, y considerando:

1º Que el estado de desorganización en que se halla nuestro país nos expone a ser presa del extranjero, o por lo menos a sufrir insultos inmerecidos y oprobiosos que nos prodiga un agente inglés de acuerdo con el gobierno faccioso que hoy rige en Guatemala.

2º Que el partido aristócrata de Guatemala hace causa común con el Cónsul inglés en perjuicio de la dignidad e integridad de Centro-América, apoyándose en el bárbaro Carrera para mantener la disolución del país y afianzar el absolutismo en estos pueblos desgraciados, sin pararse en los medios por crueles e inhumanos que ellos sean;

3º Que si en el transcurso de diez años en que los que ahora usurpan el poder en Guatemala manejando la cosa pública, no han procurado dar una constitución que asegure los derechos de estos pueblos, ya no puede esperarse que lo hagan; pues que sus miras y tendencias son bien conocidas, contrayéndose a mantener los mismos pueblos bajo el régimen de la arbitrariedad más absoluta:

4º Que siendo el origen de tamaños males la desorganización de la República de Centro-América, es de absoluta necesidad procurar a todo trance su reaparición para que la nación recobre su dignidad perdida, manteniendo su integridad y removiendo los obstáculos que se opongan a su progreso y engrandecimiento.

5º Que los heroicos esfuerzos de los Gobiernos de Honduras, El Salvador y Nicaragua han coronado con la reunión de la Dieta de Chinandega, cuyas deliberaciones es un deber de todo centro-americano sostener.

6º Que el único obstáculo que se ha presentado y se presenta aun, para la consecución de tan grande objeto, es la oposición del partido retrógrado de Guatemala que se ha alzado con el poder, y que indignamente deprime y derrama la sangre de estos desventurados pueblos. De nuestra espontánea voluntad hemos convenido en lo siguiente:

Artículo 1º — Las fuerzas que están en este lugar y las que en adelante se reúnan, formarán un ejército que se denominará Ejército nacional de la República de Centro-América, que obrará a las órdenes del Sr. General Nufio, a quien nombramos y reconocemos como General en Jefe.

Artículo 2º — No teniendo misión legal el actual gobernante de Guatemala, desconocemos su autoridad, lo mismo que la de los demás funcionarios del Estado.

Artículo 3º — El ejército protegerá con todo su poder a los pueblos que se pronuncien contra la administración arbitraria que los oprime, y protestamos conquistar en libertad hasta derramar nuestra sangre y que no omitiremos medio alguno para la reaparición de la República de Centro-América.

Artículo 4º — Este ejército reconoce la Dieta nacional de Chinandega, se compromete a obedecer y respetar sus deliberaciones, y desde ahora se somete a las órdenes de gobierno nacional que se establezca; reconoce igualmente los principios proclamados por los Estados de Honduras, El Salvador y Nicaragua, en punto a nacionalidad: se adhiere a ellos en un todo, y se compromete a obrar en consonancia con aquellos gobiernos cuya protección impetra, con protesta de ejecutar la órdenes que tengan a bien comunicarle.

Artículo 5º — Adopta por su parte el decreto emitido por el Gobierno de Honduras sobre la reorganización de Centro-América; y ofrece proteger a los pueblos que se pronuncien por ella.

Artículo 6º — Juramos solemnemente no dejar las armas de la mano, hasta ver liberado al pueblo guatemalteco de la opresión en que yace, y que la República de Centro-América reaparezca y sus derechos e integridad sean revindicados.

Artículo 7º — Excitamos a todos los centro-americanos para que uniendo sus esfuerzos con los nuestros, llevemos al cabo la grande obra de nacionalidad y evitemos los ultraje que un agente extranjero, codicioso y rapaz nos prodiga abusando de nuestra debilidad.

Artículo 8º — Protestamos solemnemente cumplir con religiosidad el programa que comprenden los artículos precedentes y evitar toda la hostilidad a los habitantes de los pueblos por donde transite el ejército puesto que nuestra misión es protegerlos y no oprimirlos.

Artículo 9º —    Con la presente acta se dará cuenta a la Dieta Nacional y a los gobiernos de Honduras, El Salvados y Nicaragua.

En la Brea, a 11 de noviembre de 1850.- Aquí las firmas.

—

EL GENERAL EN JEFE del ejército nacional, a los individuos que la componen y a los habitantes del Estado de Guatemala.

Conciudadanos

Ha llegado el momento deseado para los Centro-americanos: el momento en que se debía volver a ver tremolar con gloria el estandarte nacional de Centro-América, y este país rico y fecundo por la naturaleza, comenzar de nuevo  a ser representado como Nación soberana.

Mientras que hombres de talento de saber y patriotismo, arreglan la nación en Chinandega, nosotros emprendemos el honroso trabajo de levantar el estandarte, y dar libertad a los pueblos oprimidos por el más crudo despotismo. Sí, conciudadanos y compañeros de armas; nosotros elevaremos este pendón sagrado, tantas veces hollado y vilipendiado por el salvajismo; nosotros romperemos las cadenas con que esos monstruos usurpadores del poder oprimen y envilecen a nuestros hermanos; nosotros pondremos dique a ese torrente de sangre con que el salvajismo riega nuestros pueblos y nuestros campos, y pondremos coto a la defraudación y a esos robos escandalosos del tesoro público.

Chiquimultecos, Verapazeños, Alteños, Guatemaltecos. Habitantes todos del Estado de Guatemala, venid a nosotros, unamos nuestros esfuerzos para regenerar esta patria moribunda y libertarnos de la ignominia y de la bárbara opresión en que yacemos bajo la férula de hombres salvajes sin honor y sin sentimiento alguno de humanidad; ved a nuestros hermanos asesinados fríamente, nuestras sementeras destruidas, nuestros campo talados, nuestras casas y granos incendiados, y en fin reducidos a la más espantosa miseria. Pongamos término a tanta degradación que aparezca en Centro-América y desciendan a las tinieblas los opresores del pueblo.

Los Estados de Honduras, Nicaragua y El Salvador, profesan estos principios y sostendrán y protegerán nuestra santa causa; no dudamos que oirán nuestros ruegos, y cooperarán con nosotros.

Compañeros de armas, marchemos con firmeza y con denuedo; fiemos en nuestra causa que es la de la justicia, y en la rectitud de nuestras acciones.  Escarmentemos a los tiranos y sabremos se dignos hijos de Centro-América.

Esquipulas, noviembre 12 de 1850

José Dolores Nufio  amazon.com/author/csarcaralv

 

[1] 1824

[2] 1837

[3] 1824 pudieron

 

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