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martes , 17 octubre 2017
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Hacer la vida imposible a otros

*Carlos GirónCarlos Girón S.

La orfandad de valores éticos, online morales y espirituales en la naturaleza de muchas, order muchísimas personas en el mundo, es la causa de que éste se mantenga como sobre un volcán listo a estallar para incendiar y matar a millones de personas como se da en las guerras.

Sin llegar a las guerras esa misma causa es la que tiene en efervescencia, como en una caldera hirviente, a muchas naciones y sus gobernantes, entre quienes no son pocos los que muestran uñas y colmillos a sus vecinos, o a otros en lugares más allá y sobre cuyos territorios quieren caerles encima para despojarles de sus bienes y recursos naturales.

Si en los seres humanos predominaran aquellos valores primarios y necesarios, la Humanidad conocería de veras la Paz, la prosperidad para todos y la felicidad.

La realidad que tenemos es muy diferente. En vez de tolerancia, hermandad, camaradería, solidaridad y cooperación mutua, lo que abunda por doquier es la inclinación, el afán y propósito de tantos individuos, así como de grandes grupos y segmentos de población, de hacerle la vida imposible a otros, llenarle de piedras el camino, llenarlo de cactos y cardos hirientes. Es algo que se advierte por muchos lados a donde se dirija la mirada. En el campo de los profesionales de las diferentes ramas, donde reinan la envidia, las zancadillas, las jugadas arteras, en fin. En el terreno de las empresas, donde se da una feroz guerra llamada libre competencia, en la que los tiburones se comen a los peces pequeños, mayormente cuando se trata de transnacionales. .

Pero donde se aprecia el mayor empeño en ese insano instinto de querer hacerle la vida imposible a otros, es en el ámbito de gobiernos de países. Principalmente las que se autodenominan fuerzas de oposición. Bien está ciertamente que existan otras corrientes de pensamiento y de acción. No puede ser de otro modo: en la vida, en la Naturaleza, en el Universo actúan siempre dos fuerzas opuestas, una de las cuales no podría existir sin la otra. En el ser humano pueden comprobarse con toda facilidad. Somos seres duales. Cuando los seres permiten el predominio de una de ambas fuerzas viene la desarmonía, el desbalance, los problemas, las enfermedades, etc. La ciencia y la sabiduría consisten entonces en saber guiar cada una de las dos fuerzas a modo de mantenerlas en equilibrio.

Equilibrio, armonía y paz son dones que pueden prevalecer en una sociedad como la nuestra si en vez de oposiciones feroces y despiadadas se diera y manifestara un espíritu de comprensión, cooperación y apoyo, no sólo entre los sectores diferentes, entre sí mismos, sino principalmente con quienes han sido designados por la libre voluntad de la gran mayoría para regir los pasos de nuestro país. Dos bueyes tirando de la carreta cada uno para su lado, no la llevarían a ningún buen sitio.

Los ciudadanos igualmente son llamados a brindar esa cooperación y, por ejemplo, cuidar los servicios públicos en vez de dañarlos como maneras de protestar por cualquier motivo. El ser humano es tremendamente susceptible de sufrir influencias y dejarse llevar o arrastrar por ellas para desembocar en confusión, caos, disputas y violencias. Lo ideal es que cada uno tomara consciencia de que habitamos, hacemos nuestras vidas, en un pequeño lugar del mundo donde nacimos y nos fue dado como Patria. Y porque ella nos acoge como una madre y nos da muchos de sus bienes para vivir, deberíamos quererla, cuidarla, engrandecerla, en lugar de dañarla.

El ideal cristiano y humanitario es que cada uno, en vez de tratar de hacerle la vida imposible a su semejante, a otros, transmute la fuerza de tal instinto y lo transforme en una energía positiva, constructiva y benéfica para el vecino, el compañero de trabajo, el funcionario que me sirve y así en una larga cadena. Asumiendo actitudes así muchos individuos y conglomerados, se estarán generando fuertes corrientes de energía que subirán a la atmósfera y estratósfera, y de allí retornarán a tierra infinitamente intensificadas, que comenzarán por beneficiar a los individuos en particular, y luego colectivamente.

Comprender la ciencia de la vida es de lo más fácil. Sólo hace falta buena voluntad y buenas intenciones, pensamientos y sentimientos. El credo podría ser: si está bien mi prójimo, si está contento y feliz… pues yo también estoy así.

Desde los tiempos de Jesús el Cristo, hasta nuestros días y partiendo de Él, todos los credos y doctrinas religiosos y espirituales enseñan tales principios de comprensión, tolerancia y solidarismo, que se resumen en la sola palabra de Amor, el Mandamiento clave que nos heredó el Señor de Galilea…

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