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Martha Tobar recuerda aún como familiares, amigos y vecinos fueron masacrados en el río Sumpul, a manos del ejército salvadoreño en mayo de 1980. Foto Diario Co Latino/Stella López

Exhumaciones en Las Aradas, preludio de justicia para las víctimas

Gloria Silvia Orellana
@GloriaCoLatino

El camino es tortuoso, largo y evidencia la ausencia de lluvias por la época seca del año. Es la senda que recorrieron las víctimas de la Masacre del Sumpul, entre los municipios de San José Las Flores, Las Vueltas y Ojos de Agua, del departamento de Chalatenango, para llegar al llano de Las Aradas, territorio limítrofe con Honduras. Era el mes de mayo de 1980, cuando poblaciones completas huían del ejército salvadoreño.

Martha Tobar es sobreviviente de la masacre conocida como de El Sumpul, recuerda que era el 13 de mayo de 1980, cuando llegó con su familia procedente de Los Ramírez, un operativo militar se acercaba y se vieron obligados a caminar toda la noche bajo la lluvia para alcanzar la explanada de Las Aradas, eran las seis de la mañana y el aguacero comenzaba a ceder.

“Llegamos y había ya mucha gente de otros lados; teníamos quizás una media hora de haber llegado cuando ya lo soldados andaban en esas lomas y comenzaron a disparar, no se miraba por los árboles pero disparaban por todo esta parte. La gente que salió corriendo a algunos les cayeron los balazos.

Aunque, la mayoría se ahogó porque se fueron al río Sumpul, los niños y ancianos, solo los hombres que podían manejar el agua se pasaron al otro lado, también algunas mujeres, pero la mayoría se fueron en las aguas”, recordó.

Martha es sobreviviente, siendo una adolescente de 13 años cuando ocurrió la masacre. Recuerda que, junto a otros amigos, decidió ir a bañarse a los márgenes del río Sumpul, así que distanciados del grupo de adultos, se preparaban para zambullirse, cuando inició la masacre, logrando tirarse al suelo junto a otros jóvenes, porque las balas perdidas eran una realidad.

“Cuando estaba aquí… oía los gritos de niños y mujeres de toda edad, se oía todo aquel tropel. Nosotros nos fuimos para arriba y la gente salió para abajo. Yo estaba preocupada por mi padre porque no sabía de mí. Y cuando se calmó la balacera y no se escuchaba nada porque la gente se había tirado al río, nosotros, con los muchachos nos venimos para acá arriba y encontramos a otros muchachos en un cerco de piedra, que nos preguntaron qué estábamos haciendo, que porqué nos veníamos para arriba. Y les dijimos que no hallábamos para donde salir porque habíamos quedado en el río. Entonces, nos dieron que nos metiéramos en una casita que había quedado, y vinieron los helicópteros que pasaba por el río y donde estábamos”, señaló.

El rastreo de los soldados es casi inmediato, recordó Martha, quien narró como tuvieron que salvar sus vidas a nado para llegar al otro lado del río Sumpul, en donde se encontraron con soldados hondureños que tenían mujeres, hombres y niños detenidos, los mantienen dos horas cautivos, antes de comunicarse con sus homólogos salvadoreños y entregárselos. Y secamente solo les informan “que tenían orden de devolvernos”, lo que significó terror y desesperanza.

“Todos sentimos que ya no íbamos a vivir, nos agarramos de las manos todas las cipotas, para pasar el río Sumpul, que medio había bajado y unos soldados se metieron a agarrarnos para que no nos fuéramos y otros, pues, se sumieron en el agua para que no los agarraran, pero comenzaron a ametrallarlos y, entonces, sino se ahogaron rapidito, pues, murieron por las balas. A todos los que nos pasamos de nuevo el Sumpul nos tiraron al suelo y nos amarraron; a los hombres los amarraron, los pusieron en fila y los mataron, nos trataron de tapar otro grupo de soldados, rodeándonos para que no lo viéramos pero sabíamos que los mataron.

Les preguntaron los nombres y los subieron a ese plan, poniéndolos en fila antes de dispararles a la cabeza. Un teniente dijo que nos dejaran en libertad a las mujeres, pero quería que nos fuéramos en ese momento, pero como no conocíamos la zona, teníamos miedo, no nos fuimos”, recordó.

Los restos humanos que se encontraron en el lugar se llevan al Instituto de Medicina Legal de San Salvador, para realizar las respectivas experticias. Foto Diario Co Latino/Stella López

Quedarse en el lugar junto a otros jóvenes tuvo un alto costo en sus vidas, ya que los soldados las levantaron del suelo en donde estaban atadas y las llevaron al cuartel de la 4ta Brigada, en Chalatenango, detenidas por varios días y en la Policía Nacional.

“Nos llevaron al cuartel de Chalatenango, nos metieron en un cuarto y allí a cada uno nos llegaban a interrogar (…) nos ponían choques eléctricos en los codos, en la boca y en la lengua para que les dijéramos qué hacíamos nosotros. Esa noche pasamos allí, a las 4 de la mañana nos llevaron a la Policía Nacional en San Salvador, allí estuvimos muchos días, hasta que llegaron a sacarnos”, manifestó.

Para Teresa Vásquez, jueza de Paz de Ojos de Agua, Chalatenango, dijo que esta prueba testimonial, más la diligencia de exhumación en Las Aradas, tiene como objetivo específico investigar la masacre del río Sumpul, ocurrida en mayo de 1980.

“En esta masacre probablemente asesinaron a un aproximado de 600 personas y nuestro objetivo fue iniciar una excavación de un pozo, y se excavaron 7.3 metros, que al finalizar la diligencia judicial se cerró. Y lo que encontramos fueron restos humanos, los que serán enviados al Instituto de Medicina Legal de San Salvador, para realizar las respectivas experticias y, asimismo, a los familiares de las personas que fueron asesinadas en dicha época”, explicó la jueza Vásquez.

Asimismo, indicó que esta diligencia judicial, inició el 1 de febrero de 2021 y finalizada el pasado miércoles 10 de febrero, pero se encontraban aún en este lugar, porque la diligencia oficialmente terminaba el viernes 12 de febrero, a fin de dar la custodia y protección de los restos debidamente embalados en sus respectivos contenedores. Los que fueron enviados por medio de la Fuerza Área de El Salvador, hasta el Instituto de Medicina Legal, en San Salvador, para su estudio y análisis.

“Asimismo, garantizar que la cadena de custodia haya sido respetada con el principio de legalidad y conforme a derecho. Ahora, el Juzgado de Primera Instancia de Chalatenango inició una investigación a raíz de la denuncia que interpusieron varios sobrevivientes de la Masacre del Sumpul, en un proceso penal desde 1992. Y en un proceso penal se necesitan dos requisitos elementales: primero que exista un hecho calificado como delito por el legislador y, segundo que exista una probable participación de personas ya sea, como autores materiales o responsables de forma indirecta. Y en este caso se ha evidenciado un hecho calificado como delito, ya que tenemos restos de seres humanos y con esto se determina que efectivamente es viable lo dicho por los testigos, quienes señalaron que aquí se masacró a varias personas, ahora será el juez de Primera Instancia, quien verifique cuáles son las personas autoras de estos delitos”, reiteró la funcionaria judicial.

Con este avance los familiares de las víctimas y sobrevivientes, esperan una justicia integral, afirmó Rosy López, de la Junta Directiva de la Asociación de Comunidades para el Desarrollo de Chalatenango (CCR), que junto a la Asociación de Sobrevivientes y Víctimas de la Masacre del Sumpul, esperan seguir acompañando este proceso por un resarcimiento por parte del Estado.

“Hemos dado acompañamiento a todas las personas víctimas del conflicto armado de los años ochenta, en todas las comunidades de Chalatenango, desde el momento que las personas fueron repatriadas de Honduras del refugio de Mesa Grande, el CCR dio apoyo para que las personas tuvieran oportunidad de regresar a sus lugares de origen. Esta gente no estaba armada solo defendían sus vidas, y la Fuerza Armada, el Batallón Atlacatl, en unión con otros batallones y en complicidad con el ejército hondureño, fueron los autores intelectuales para hacer este genocidio, tan lamentable y doloroso del Sumpul. Ya se dio el primer paso y se ha llegado a la primera investigación”, puntualizó.

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