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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)
¿Años del Cambio?

Amodo de conclusión y para acabar este tercer apartado en el que hemos intentado describir el “encuentro con la realidad” de Mons. Romero y las reacciones que esta realidad produjeron en la vida de Monseñor, queremos poner unas palabras de Jon Sobrino donde nos habla de la importancia de la realidad para hacer teología; y que nosotros aplicamos a Mons. Romero en el sentido de que esta realidad le sirvió a Monseñor para vivir su vida cristiana y sacerdotal teológicamente, por eso, el conocimiento y la reflexión de esta realidad fueron muy importantes y transcendentales en el cambio operado en Monseñor ya en Santiago de María:

“También Mons. Romero me hizo pensar -sin entrar ahora en una discusión teórica- en la necesidad de usar la realidad actual como argumento teológico. Todo teólogo sabe que para hacer teología hay que usar la escritura, la tradición, el magisterio, etc.. Pero empecé a pensar que hay que usar también la realidad para esclarecer contenidos teológicos. ¿Qué es esperanza?, ¿qué es martirio?, ¿qué es un obispo?, ¿qué es profecía?… Estas palabras y otras cosas se me han iluminado desde él y desde otros, es decir, desde la realidad”.122

Sí, no cabe duda, Mons. Romero se nos ha convertido en un verdadero maestro en el uso de la realidad como ¿fuente teológica? de sus enseñanzas y de su discurso. Sin embargo, al principio no fue así. Nada más llegar a Santiago de María, lo primero que le llamó la atención era esa clase de “realidad nacional” que se daba en el centro “Los Naranjos”, contra la que él formulaba sus reparos: “¿Qué uso podrán hacer estos campesinos de estas enseñanzas sobre la realidad nacional?, ¿entenderán algo?, ¿no lo confundirán todo?; hay otras cosas más necesarias y urgentes que enseñar a los campesinos…”, nos decía.

Estos reparos eran muy comunes y frecuentes al principio, cuando aún no conocía la entrega, ni confiaba en la capacidad e inteligencia de los campesinos; después, ya saben Uds. lo que pasó, y se lo vamos a ir reafirmando en el próximo apartado: el conocimiento de esa misma realidad fue para él, y para todos, una verdadera fuente y camino de conocimiento distinto y más claro, no solo de las personas, especialmente de los pobres, sino también del Dios de Jesús que es un Dios que tiene sus preferencias por los más pobres.

IV.- Mons. Romero y los Pobres

Esta parte de la investigación es un paso más, quizás el más importante, en esta historia que estamos relatando: El Comienzo del Cambio o la Transformación de Mons. Romero que se intuye o se prevé ya en Santiago de María. Por eso lo queremos tratar de una manera más amplia y documentada con variados testimonios.

Partimos de este hecho: los pobres, especialmente los campesinos, y su realidad vivencial de fe, de lucha, de miseria y de explotación, fueron los que más ayudaron a Mons. Romero a empezar ese cambio y transformación de su vida. Ellos serán, partiendo con Puebla, los que evangelicen a Mons. Romero siendo todavía obispo de Santiago de María.

1.- MONS. ROMERO AMABA A LOS POBRES Y A LOS DEMÁS

Son interesantes la cantidad de testimonios y relatos que Mª López Vigil recoge en su libro Piezas para un Retrato sobre la relación de Mons. Romero con los pobres; y esto ya desde San Miguel, siendo párroco y secretario de su obispo. Abundan esos relatos: no solamente él quería ser pobre (pág. 20); él estaba con los pobres y atendía a los borrachos (pág. 21); recibía y daba posada a los pobres (pág. 23); cada día repartía limosnas entre ellos (págs. 23-24); daba participación a los pobres en sus programas de radio (pág. 26); era amigo de los limpiabotas.(pág. 30). Verdaderamente Monseñor amaba a los pobres y se preocupaba por ellos y les ayudaba con ayudas espirituales y limosnas.123

De la misma manera él amaba a todas las personas, y trataba de ayudarlas dentro de sus posibilidades. Su amor o caridad no era “exclusivista”: él quería a todos los hombres y mujeres por igual, con ese amor cristiano y universal que no excluye a nadie. Por eso, también amaba a los ricos, a los que ayudaba con su asistencia espiritual y pastoral, y a los que hacía o inducía a dar ayudas a la Iglesia y limosnas para los pobres, las cuales, muchas veces, él repartía. También abundan los testimonios de este amor y dedicación de Mons. Romero con estas personas pudientes, y de estas actitudes suyas con ellos124:

No quiero dejar de poner esta anécdota-testimonio de María Verona. Aunque sea larga la copio entera porque creo que expone muy bien la mentalidad tradicional de Mons. Romero sobre la caridad cristiana con los pobres, el amor universal a todos los hombres, y por lo tanto a los ricos, y las “relaciones pacíficas” que deben existir entre ambos:

¿Lobos y ovejas comiendo en un mismo plato?

“Creíamos que él era el nuevo obispo de San Miguel. Vaya, todo el mundo lo pensaba así. ¿Quién si no el padre Romero? El cura más nombrado, el que andaba en todo, a él le darían el cargo.

Pero ni lo nombraron obispo ni lo dejaron en San Miguel. Nunca supimos por qué, pero le llegó la orden de que tenía que irse a San Salvador para trabajar de secretario a todo el resto de los obispos.

Para despedirlo se le hizo una fiesta en un cine de San Miguel. Llegó un gential, no se cabía ahí dentro. Pobres, ricos, medios ricos y medios pobres llegamos al convivio. Todos, pues. Yo fui trajeada con lo mejor que tenía, un mi vestido celeste, pero ya dentro me sentí toda achicada, había demasiadas señoras, todas elegantonas.

Lo que más recuerdo de aquel homenaje es que un cipote subió a la tarima donde él estaba, con una oveja para regalársela. El padre Romero la recibió.

Cuando lo miramos chineando a la animalita, todos aplaudimos bastante. Yo misma aplaudí y también aplaudió mi comadre. Y mucho aplaudieron las grandes señoras que allí se habían congregado para halagarlo. Y en el festejo de aquella aplaudidera de todos, me quedé viéndolo al padre Romero…

¿Quiere que le sea franca? ¿El padre Romero? Amigo de pobres y amigo de ricos. A los ricos les decía: amen a los pobres. Y a nosotros los pobres nos dijo: amen a Dios, que él sabe lo que hace poniéndolos a ustedes los últimos en la fila, ya después tendrán el cielo. Y a ese cielo que nos predicaba él irían los ricos que dieran limosna y los pobres que no diéramos guerra…

¿El padre Romero? Iba con ovejas y también iba con los lobos y su pensar era que los lobos y ovejas debemos comer juntos en el mismo plato porque eso es lo que a Dios le gusta.

Eran tiempos feos aquellos. Los cafetaleros, los algodoneros, la camada de los García Prieto se comían todas las tierras de El Salvador y se bebían nuestro sudor a cambio de unos centavos, los ingratos. Y tanta gente todavía sin conciencia, como dormida, pensando que este bolado no lo cambia nadie, que era el destino escrito por Dios.

Lo miré, pues, al padre Romero ahí arriba en la tarima chineando aquella oveja tiernita. Pero, verdaderamente creo que si le hubieran regalado un lobito, con todo y colmillos, lo hubiera recibido igual.

Todo el mundo lo aplaudió y hubo llorazones porque se iba. Después de 23 años se iba de San Miguel. A mi persona, no es que mucho me doliera”.125

¿Es suficiente el amor paternalista y asistencial?

Por lo transcrito notamos la clase de amor y caridad cristiana propugnados por el Mons. Romero siendo párroco en San Miguel: caridad y amor universales que no excluyen a nadie; -que es sincero y profundo, manifestado especialmente con esos seres marginados y no amados de nuestra sociedad; que intenta ser pacífico, de ninguna manera conflictivo. Pero que también es paternalista, que intenta solucionar los problemas desde fuera, con ayuda, sobre todo, de los poderosos; asistencialista, que lucha por resolver los efectos de la pobreza, pero no se preocupa mucho de las causas.

Hoy la Teología de la Liberación y la Iglesia misma nos hablan de un verdadero, auténtico y profundo amor cristiano a los pobres, que se manifiesta en la opción por ellos, tomada en la fe de una vida de creyentes auténticos; se manifiesta esa “opción por los pobres” en el encarnarse en la vida misma de los pobres, y en el asumir sus ideales y sus luchas. Eso parece que le faltaba a Mons. Romero en su gran amor a los pobres; pero creemos que comienza a incursionar por esos caminos en este tiempo de su episcopado santiagueño. Es lo que vamos a intentar probar en este apartado.

122. Jon SOBRINO, Monseñor Romero, pág. 38.

123. Ver en Jesús DELGADO, obra citada, pág. 32.

124. Pueden leerse en Mª LÓPEZ VIGIL, obra citada, las páginas 24, 25, 29, 30, 37 y 74.

125. Mª LÓPEZ VIGIL, obra citada, págs. 31-32.

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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

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