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El Santo y el monaguillo

EL SANTO Y EL MONAGUILLO

Por: Marlon Chicas, El Tecleño Memorioso

“Suena la campana: un, dos, tres del Padre Antonio y su monaguillo Andrés. El padre condena la violencia, sabe por experiencia que no es la solución, les habla de amor y de justicia, de Dios va la noticia vibrando en su sermón”. fragmento de la canción dedicada a Monseñor Óscar Romero, inspirada en su labor pastoral, e inmortalizada por el cantautor panameño Rubén Blades, sirve de contexto a la única e irrepetible experiencia vivida a mis cortos doce años, ejerciendo de monaguillo en la Parroquia El Carmen de Santa Tecla, en el marco de la celebración a Nuestra Señora del Carmelo.

La Parroquia del Carmen, preparaba con antelación los puestos de comida y bazares para tal ocasión, junto a las atracciones mecánicas del recordado “Colocho”, padre de un conocido comunicador así como de otras contratadas para tal efecto, los días previos al 16 de julio, se recibían peregrinaciones dedicadas a la Virgen del Carmelo, provenientes de los cantones sur y norte de la ciudad.

La misa patronal era realizada a las nueve de la mañana, presidida por el Arzobispo de San Salvador, en 1978 correspondió al séptimo en el cargo Monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, presidir la ceremonia en su segundo año de gestión al frente de la iglesia metropolitana, el lleno era total y las instalaciones del antiguo templo eran insuficientes, el calor era insoportable, sin embargo, la feligresía se mantuvo en perfecto orden.

En compañía de mi amigo de infancia Mario Gálvez, quien reside en Estados Unidos, esperábamos indicaciones en la extinta sacristía del templo, revestidos con blancas túnicas y bordado roquete, faltando unos minutos de la hora señalada, entró al recinto, una figura espigada de negra sotana, cinturón rojo y capelo morado, que, con amigable sonrisa extendió su mano y nos dijo.  -Soy Monseñor Romero, a lo que respondimos con una sonrisa de nervios las siguientes palabras: -Buen día Monseñor, bienvenido. Mirándome con ojos de ternura preguntó mi nombre, a lo que respondí orondo: -Marlon Chicas, Monseñor. Seguidamente con su dedo índice me indicó: -Estás muy peludo. Entre tanto su acompañante acotó: -Allá a lo lejos se te ve la cara. Ambos sonrieron.

En ese instante llegaron otros jesuitas que fueron mis padres adoptivos por sus enseñanzas sobre la vida y realidad social del país. El Padre Jaime Vera Fajardo quien radica en Costa Rica, y Padre Segundo Montes Mozo (+), que con su característica voz y espesa barba nos dijo: -Quiubo, ¿están listos? (refiriéndose a mi amigo Mario Santos Gálvez y un servidor, que éramos los monaguillos oficiales de la Parroquia del Carmen), respondimos que sí.

Acto seguido la comitiva se dirigió al altar mayor del antiguo templo, bajo un estruendoso aplauso en honor a Monseñor, quien, desde el púlpito, reflexionó el evangelio del día a la luz del magisterio de la iglesia. Finalizando la eucaristía, saludó a cuanta persona se le acercó sin excluir a ninguno. Posteriormente, retornamos a la sacristía para despedirnos con un fuerte apretón de manos.

El Papa Francisco, lo elevo a los altares un 14 de octubre de 2018, mi reconocimiento a su memoria y labor pastoral, a 41 años de su martirio, por amor a la palabra de Dios, así como a la patria que siempre soñó.

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