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El país, en el momento más peligroso

Por Leonel Herrera*

En diciembre de 2024, en vísperas de la aprobación de la actual Ley General de Minería Metálica, escribí que el país vivía “uno de sus momentos más peligrosos de la historia reciente”, advirtiendo sobre graves consecuencias económicas, ambientales y sociales de la reversión de la prohibición minera.

https://www.diariocolatino.com/el-salvador-en-su-momento-mas-peligroso/

En dicho texto reiteraba las condiciones territoriales, poblacionales y ecológicas (principalmente hídricas) que hacen inviable la minería metálica en el país; y alertaba sobre los impactos en el agua, los ecosistemas, actividades productivas (sobre todo agricultura y pesca), la salud y la vida de las generaciones presentes y venideras, en caso de reactivar proyectos mineros.

Tras la derogación de la ley prohibitiva y la vigencia de la nueva ley permisiva, el riesgo se presentó; pero -probablemente por el rechazo de la mayoría de la población en todas las encuestas- el gobierno no avanzó con la explotación minera.

Esto hacía creer que la minería vendría hasta después de las elecciones de 2027, para evitar que un eventual costo político pusiera en riesgo la nueva reelección presidencial y la renovación de la mayoría parlamentaria oficialista.

Sin embargo, un hecho reciente sugiere que sí hay decisión estatal de iniciar cuanto antes la exploración y explotación minera. Se trata del “Acuerdo de Comercio Recíproco” firmado con el gobierno de Estados Unidos, el pasado 29 de enero, el cual puede descargarse del siguiente enlace:

https://economia.gob.sv/download/esp-acuerdo-entre-los-estados-unidos-de-america-y-la-republica-de-el-salvador-sobre-comercio-reciproco/?wpdmdl=1602&refresh=69b8536f557ec1773687663

El referido acuerdo comercial sería sólo una reedición del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (CAFTA-DR por sus siglas en inglés) firmado en agosto de 2004, si no fuera por algo tan terrible: incorpora la minería de metales, incluidas las llamadas “tierras raras” y minerales radiactivos como Torio.

El convenio comercial obliga al país a facilitar la entrada de empresas estadounidenses. Para favorecer a las mineras gringas, el gobierno aplicará los principios de “trato nacional”, “nación más favorecida” y demás beneficios que el CAFTA-DR concede a las empresas transnacionales en detrimento de los Estados, las empresas nacionales y la población.

El nuevo acuerdo comercial también incluye la posibilidad de instalar plantas de energía nuclear en territorio salvadoreño, incrementando peligrosamente los riesgos para nuestro país territorialmente pequeño y sobrepoblado, especialmente ante eventuales accidentes nucleares.

El convenio también incorpora, entre los “productos” que Estados Unidos puede exportar hacia El Salvador, los desechos radioactivos. Es decir, convierte al país en un vertedero de residuos nucleares que representarían una amenaza letal para la salud y la vida de la población.

Por eso, este momento es aún más peligroso y requiere que el país encienda todas las alertas para evitar la catástrofe anunciada. Ojalá que el campanazo dado por las comunidades ribereñas del Río Lempa, el pasado fin de semana, haga despertar y accionar al resto de la población.

“La implementación de la Ley General de Minería Metálica y convenios como el Acuerdo sobre Comercio Recíproco con Estados Unidos, serían el tiro de gracia para el agonizante Río Lempa”, expresaron las comunidades de El Paisnal Suchitoto, Santa Marta, Bajo Lempa y de otros lugares que celebraron el 14 de marzo el “Día Nacional del Río Lempa”

Para eso demandan el “restablecimiento de la prohibición de la minería y la reversión de convenios sobre comercio, minerales y energía nuclear que plantean la realización de actividades extractivistas que amenazan al medioambiente, el agua, la salud y la vida en el país”.

Como advertí en el texto de hace más de un año, vivimos “momentos difíciles”, donde “las decisiones que tomemos marcarán el presente y el futuro del país: catástrofe ambiental, social y económica; o posibilidades de seguir viviendo y buscando condiciones dignas para todas y todos.

La indiferencia, el miedo y la inacción provocarían -inevitablemente- la catástrofe nacional; pero el despertar ciudadano, la indignación y la acción colectiva podrían evitar la barbarie y mantener viva la esperanza de un futuro mejor. Ojala que el país opte por la vida, no por la muerte.

*Periodista y activista ambiental.

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