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Don Miguel Ángel Ramírez y su violín Stradivarius

Wilfredo Mármol Amaya
Psicólogo y escritor viroleño

Nuestro maestro de música, viagra online el Profesor Miguel Ángel Ramírez durante el año de 1966 nos enseñó a cantar la canción El Conejo Blas, treat cheap haciendo los ademanes correspondiente  al son del violín sobre su brazo, rx era mágico el momento cuando los niños de la Escuela de Varones “15 de Septiembre” de nuestra natal Zacatecoluca emprendíamos el momento “… y cuando asome la jeta con esta escopeta lo debes rastrear, hay va, lo ves  apunta bien, ahahahaha ¡Pom!!! Prepárate Blas y vuelve otra vez…” luego de disparar al lobo invasor descrito en la canción.
Miguel Ángel Ramírez, o Don Michel, era un ser humano resplandeciente, calladito, de modales finos y distinguido por sus ropas,  siempre bien planchadas. Si no me equivoco por el trascurrir de los años, sus ojos eran verdes. En su casa, su esposa doña Francisca Avalos nos vendía unos heladitos de chocolates extremadamente deliciosos, por cinco centavos de colon obteníamos este preciado sabor, también a café.  “Doña Chica” llevaba el nombre de su señora madre, la columna vertebral de la familia de los Avalos, entre ella la recordada doña Chave. Allí estaban siempre sus hijos, Reynaldo y Francis, a quienes conocí desde que éramos infantes, aunque tengo la idea que había un hijo mayor.  Su residencia era sobre la 8ta. Calle poniente, en la subida, adelante de la 6ta. Avenida. Don Miguelito, como también solíamos llamarle sus estudiantes, se esmeraba por animarnos a entonar diversas canciones infantiles en especial las de Francisco Gabilondo Soler, también conocido como Cri-Cri, el cantautor mexicano de música infantil.
El pasado domingo 10 de agosto de 2014, tuve la ocasión de visitar a la familia de don Miguelito y me encontré a doña Teresita, quien por años acompañó a la familia Ramírez- Avalos y me permitió escrutar los cuadros e historias que cuelgan en las paredes de la casa, precisamente el rincón donde don Michel tenía colocado su viejo piano y nos deleitaba con sus arreglos musicales a los estudiantes que le visitábamos en su casona de bahareque, alta y fresca. En la pared hay un enmarcado en vidrio de la Revista Dominical de LPG del 16 de diciembre de 1995, titulado “El viejo y el Stradivarius” escrito por  Iván el periodista González,  entre otras cosas narra de manera florida y elocuente,  que en el año de 1990, mientras daba vueltas a una viejas y polvosas piezas de solfeo  en casa de la viuda de Rodríguez, buscando precisamente arreglos de viejos sones para el niño Dios creadas en el gran músico viroleño Nicolás de la Cruz Galán y Roldán, (Violinista y compositor, nacido el 10 de septiembre de 1851, quien visitó El Vaticano por invitación del Papa Pío XIII y ejecutó en la Capilla Sixtina sus composiciones “Cristus Factus” y “El Gólgota”),  encontró el original violín Stradivarius.  Al ver el viejo y descompuesto violín,  don Miguel  preguntó a la señora viuda de Rodríguez si se lo vendía, y  le respondió que se lo llevara por ¢ 100.0, (colones) a lo que don Miguel le respondió que le daría ¢ 50.0, pues era todo lo que llevaba en la cartera, creyendo que era un violín insignificante,  a lo que la señora respondió “ni modo el violín se queda en su lugar.” Sin embargo quince días después,  la viuda de Rodríguez le mandó un recado que pasara a recoger el violín en la oferta última que don Miguel había hecho. De esta forma se quedó con el violín de tres pedazos.  Don Joaquín Rodríguez, fue unos de los músicos más emblemáticos de Zacatecoluca, al fallecer heredó sus pertenencias-incluyendo el violín-  a su hijo Oscar Rodríguez quien al fallecer deja el violín en posesión de su esposa, la viuda de Rodríguez, quienes por cierto vivían en la esquina del final del Pasaje Angulo, frente al Parque de la Alameda en el Barrio Analco, lugar donde aun es visible un muro de ladrillos contrapuestos.
Días más tarde don Miguel se puso a querer arreglar el descompuesto violín de tres partes y se dio cuenta que era un trabajo difícil para él, sin embargo en este esfuerzo estaba cuando  alcanzó a ver en el interior a través de las orejas del violín,  un  Triangulo con la marca Antonio Stradivarius Cremonensis 1719 con un sello con las letras A y S,  nombre y apellido del fabricante, el más grande Luthier. Sin embargo al darse cuenta que el trabajo era de mayor especialidad lo llevó a que se lo arreglaran a Tecoluca, donde tenía su taller el constructor de violines y guitarras de apellido Barahona quien vivía  en las Brisas,  en el Cantón La Chaperna,  quien le expuso que el trabajito llevaría sus días, es decir que no era una cosa sencilla. Tomó un mes su reparación.
Pero, quién fue Antonio Stradivarius y su arte.
Antonio Stradivarius, (1644-1737 quien vivió en Cremona) quien por la genialidad y perfección con la que diseñó sus violines, inigualables hasta la fecha, constituye la cumbre absoluta de la laudería y dejó un legado fascinante al mundo. El laudero nació en Cremona, Italia, desde pequeño le fascinaban los violines y soñó con ser un gran músico, sin embargo sus dedos no tenían la destreza necesaria, por lo que la gente decía: “Tiene oído de músico y unas manos de tallador de madera”.
De esta manera, a los 14 años de edad inició su aprendizaje con el reconocido luthier (persona que construye o repara cualquier instrumento de cuerda) Nicolás Amati, con trabajos ordinarios de reparación y mandados hacer, y apenas a los 17 años de edad fabricó su primer violín. Stradivarius resumió en su aprendizaje la maestría de la laudería que Europa había venido desarrollando desde el siglo XVII, y que alcanzó su máximo esplendor con Amati, Stradivarius y Guarnerius, los insuperables cremonenses, cuyas manos construyeron los mejores instrumentos de cuerda de la historia. Sin embargo, aunque los instrumentos de Amati y Guarnerius eran ya perfectos, no alcanzaron la genialidad de Stradivarius, el más apreciado “fabricante de armonías” de todos los tiempos. De todas partes de Italia llegaban al taller decenas de pedidos al taller de Amati, quien una vez terminado el instrumento le ponía su etiqueta en el interior de la caja, hasta que en 1670, apareció “Antonio Stradivarius de Cremona” seguido de la fecha de elaboración. Stradivarius perfeccionó la elegancia de la forma, variando las dimensiones de los instrumentos hasta 1700.  Alcanzó una perfección que ha sido motivo de minucioso examen y estudio, particularmente en lo que atañe al fenómeno de la sonoridad. Entre 1700 y 1725 construyó sus más preciados violines, y se calcula que construía alrededor de 13 al año. De acuerdo con especialistas y biógrafos del laudero, existen poco menos de 500 de estos instrumentos Stradivarius genuinos.
A los 36 años de edad se independizó y apenas cuatro años después ya era famoso por sus obras, lo que motivó a que entre la gente más culta de Europa surgiera una auténtica pasión por adquirir sus instrumentos. Incluso, uno de los regalos más gratos que un príncipe o un monarca podía recibir era, precisamente, un auténtico Stradivarius. A su taller llegaban enviados de los monarcas de toda Europa a encargarle la construcción de instrumentos, entre los que sobresalen los reyes de Inglaterra, de España, Carlos II, y de Polonia, Augusto, el duque de Toscana y Cosme III de Médici, entre muchos otros.
Un Stradivarius auténtico se distingue por sus finísimos acabados, madera de extrema belleza tornasolada y la etiqueta citando el año y el lugar donde fueron construidos: “Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat anno 17…”
Antonio Stradivarius firmó su último violín a los 92 años de edad, antes de morir el 18 de diciembre de 1737, dejando un legado de alrededor de 1,100 instrumentos, de los cuales sobreviven unos 650.  Hay diversas hipótesis para explicar la superioridad acústica de los violines Stradivarius, siendo la más popular el uso de un barniz mágico, cuya fórmula se perdió tras la muerte del artesano. Se dice que la escribió en una página de la Biblia familiar, que fue destruida por uno de sus descendientes para que el secreto no cayera en manos de extraños. Otras refieren que la fórmula mágica radica en el secado de la madera. En los últimos 150 años, numerosos científicos han intentado explicarla en encontradas opiniones y a 273 años de su muerte sigue guardando su secreto, mientras que sus violines son atesorados por los mejores violinistas del mundo y cambian de manos solo por cifras millonarias.
“Se imagina- comentó don Miguel Ángel Ramírez, al periodista Iván González  de la Prensa Grafica,  compre un Stradivarius por ¢ 50.0”
Don Miguel Ángel Ramírez comenzó a los 13 años y llegó a ser músico mayor de la Ciudad de Usulután y San Vicente, director de bandas de músicos de Chalatenango y Sensuntepeque. Dedicó su trabajo a la niñez de Zacatecoluca y escuelas del Departamento de la Paz.
En la pared de la que fuera su casa de habitación-en el rincón donde está ubicado el viejo piano- cuelga un Diploma de honor al mérito al maestro compositor en reconocimiento a  su destacada labor musical,  con fecha 11 de marzo de 1995, firmada por Roberto Monterrosa el emblemático Director de la Casa de la Cultura desde 1975 a 2005, treinta años al servicio de la promoción del arte y la cultura en Zacatecoluca, firman además el Diploma don Alfredo Herrera, escritor e historiador y actual presidente de la Biblioteca  Pública en la ciudad.
El binomio de maestros músicos del violín: Miguel Ángel Ramírez y José Atilio Ramírez
Vale agregar que Zacatecoluca es cuna de grandes músicos, tal es el caso de el Profesor José Atilio Ramírez, quien regresó de nuevo a Zacatecoluca a mediados de los años 70, procedente del oriente del país, Morazán,  donde se desempeño como maestro mayor de música. El profesor José Atilio Ramírez, a su regreso a virola fue acogido por su colega Miguel Ángel Ramírez, quien le alquiló una de las habitaciones contiguo a su casa, ubicada sobre la Octava Calle Poniente. De inmediato José Atilio Ramírez se incorpora como director de música del Instituto Nacional, centro educativo donde dedicó sus años,  en el  otoño de su vida.
Era agraciado encontrar por las  tardes al binomio de los maestros jubilados, Miguel Ángel Ramírez y José Atilio Ramírez tocando sus violines, interpretando sus propias solfas o de los grandes clásicos.  A decir verdad -hoy que lo pienso- escucharles era  un verdadero privilegio, un regalo divino que se quedó en nuestras memorias para toda la vida y ello nos trae a la memoria “que la peor enfermedad es el aburrimiento”, como muy bien lo enunciara el música y cantante Fredy Mercury.
El profesor José Atilio Ramírez no regreso sólo, arribó con su familia, esposa e hijos hijos, integrada  por José Atilio Ramírez hijo, quien por cierto fungió como profesor de canto en sus inicios y actual Director del Colegio Psicopedagógico, que por cierto es uno de los pocos colegios en el Departamento de la Paz que  mantiene la calificación A,  certificado por el  MINED;  Luis  Ramírez, el futbolista que llenó de Gloria a Zacatecoluca, no sólo a sus equipos La Central, dirigido por Tayo Cabezas, El Hospital y El Platense, sino y sobre todo por ser el maestro de matemáticas por excelencia y  el motor de la Escuela de los Jóvenes de Talento que se desarrolla, sábado con sábado, en la Universidad de El Salvador. No es por nada, pero Luis es un profesor exigente para con sus estudiantes en su afán de construir auténticos ciudadanos y ciudadanas  útiles a la patria, pero en definitiva es un maestro que queda en la memoria como un guía para toda la vida.  El menor de los varones fue  Jaime “El Piedrola” destacado futbolista, a quien  recuerdo como un padre amoroso, que le tocó reventarse la vida para sacar a su hijita adelante. La menor de la familia,  Cecilia  Ramírez,  quien se desempeña  también como maestra en el Psicopedagógico. No hay dudas que la descendencia  del maestro mayor de música,  don José Atilio Ramírez y su señora esposa  ha sido de gran beneficio para las generaciones presentes y venideras de Zacatecoluca.
El pasado sábado 16 de agosto,  tuve la oportunidad de intercambiar con el Profesor Luis Ramírez, en los pasillos de la Escuela de Jóvenes talentos de  la UES, y entre las inquietudes del profesor me señalaba la inquietud sobre “Quién le daría continuidad al trabajo iniciado en beneficio de las generaciones futuras”, lo que pensé hacia mi interior “Luis no te preocupes por ello, tu esfuerzo ya está compensado y hay suficientes semilla sembrada por vos, que germinará”,  de todas maneras el arte es el perpetuo movimiento de la ilusión, ha dicho ya el músico Bob Dylan.  Vaya mi reconocimiento al músico mayor don José Atilio Ramírez, por la calidad de ciudadanos dotados a la comunidad viroleña, sus hijos e hija.
En relación a Don Miguel Ángel Ramírez, es bueno señalar su deseo  que su violín se lo dejaría a un nieto que vive en Nueva York, “ya que ha  comenzado a estudiar música y ya hace presentaciones” le expresó en la citada Revista Dominical de LPG del 16 de diciembre de 1995;  en esa ocasión  concluyó la entrevista de la manera siguiente: “Este violín es mi tesoro, pero a veces lo toco y no lo escucho, entonces lloro” debido a la sordera que ya formaba parte de los años vividos por mi maestro de música en la Escuela  de Varones “15 de septiembre” en los lejanos  años sesenta.
Bien dice el pensamiento que ilustra la llegada al cementerio general de nuestra Zacatecoluca, allá en El Espino: “La vida de los muertes reposa en la memoria de los vivos.” Don Miguel Ángel Ramírez falleció el 11 de septiembre de 2002 a los 78 años de edad, luego de una prolongada enfermedad. Han trascurrido los años, sin embargo se recuerda su pasión en la vida, la música en estas tierras viroleñas, cuna de grandes músicos.

San Salvador, 21 de agosto de 2014.

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