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¿Conversamos o hacemos más grande la soledad?

Wilfredo Arriola,

Poeta y escritor

 

Uno de las causas comunes de problemas hoy en día, es la atención en conversaciones. Se ha normalizado desatender una conversación y estar pendientes de cualquier otra actividad, no otorgando el debido respeto para quienes nos rodean. Según el neurólogo Facundo Manes, la memoria tiene tres etapas: la atención, (atender) si no hay atención no hay consolidación de la memoria y si no hay consolidación de la memoria no hay evocación de la misma. Atención-Consolidación-Evocación. A partir de esta premisa, en futuros encuentros con nuestros amigos, compañeros, familiares, es habitual que no se recuerde las conversaciones realizadas en el pasado, por la falta de cuidado a las palabras de nuestros interlocutores. Es fantástico tener a personas importantes en nuestras vidas que tengan esa memoria magistral de poder recrear la escena mental de todo lo que dijimos en su momento, personas que recuerdan diálogos, momentos, fechas, nombres, fragancias, generando así, esa sensación de admiración por la plena entrega de vivir nuestros momentos, atendiéndolos con la delicadeza de la deferencia.

La multitarea (revisar redes sociales, mandar e-mails, hacer fotografías, etc.) baja el rendimiento cognitivo generando estrés, todo esto ataca la atención y sin esto, recapitulamos ese ciclo de la falta de consolidación y por consiguiente no hay evocación del recuerdo. Muchas personas valoran esto, con la excusa o razón de “soy mala/o recordando” ahora sabiendo estos principios, es probable que su mente divague en otras formas de realidad, y que mientras pasemos tiempo con ello/as están en presencia física mas no en completa facultad de interés y vigilancia. El recuerdo es una forma bella y delicada de cariño y calidad humana. ¿Atenderemos de manera correcta nuestras relaciones interpersonales?

Uno por lo general olvida todo, pero las emociones son las que perduran por lo largo del tiempo. La memoria tiene esa bella facultad de olvidar para poder llenarnos de nueva información y así hacer cotejos de la realidad que vamos viviendo con nuevas referencias. Las emociones están ahí, para ser revividas mediante la conmemoración de sucesos importantes que marcaron nuestro pasado. Es halagador volver a emocionarnos por el conducto de las palabras y el recuerdo.

Un ingrediente importante para poder fortalecer nuestras relaciones es acatar la información vertida en cada una de nuestras conversaciones, sorprender preguntando ¿Qué paso con el viaje que estabas preparando el inicio del año? ¿En qué continuó el tema de la cátedra del maestro que te era muy disciplinado en la universidad? Al final qué carrera decidiste tomar ¿Ingeniería o Arquitectura? Me lo contaste meses atrás… Estos detalles harán que nuestras conexiones se nutran de interés y de sentido común.

Así como también, en un futuro muy cercano se nos sorprenderá, con esas preguntas que queramos responder, es un poco tedioso hablar de uno sin que se lo pregunten. Necesitamos hacer de las conversaciones un dialogo no una continuación de nuestra soledad. Evitar por un momento el uso de dispositivos móviles y entregarnos a querer entender el alma de nuestros seres queridos. Las preguntas prologan una buena conversación, la ausencia de las mismas generan apatía y desinterés. ¿Cuándo fue la última vez que leíste una nota en un periódico local? Podría ser el tema de conversación y está vez atender como se debe a nuestros seres queridos…

 

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