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Condiciones de vida en los hogares a la luz de las estadísticas

Carlos Melara
Economista miembro de PROES

Las estadísticas al año 2017 expresan que en el país existen 6,581,860 salvadoreños y 1,831,313 hogares. Tener una idea de las condiciones en las que viven los hogares y los cambios experimentados en el tiempo es muy importante para perfilar futuras políticas o conocer el impacto de las ya implementadas.

Las cifras de las Encuestas de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM) indican que hay una notable reducción de la pobreza en El Salvador a partir del año 2012 (34.5%), superando las cifras del 40% en los años 2008 y 2011, alcanzando un valor histórico de 29.2% en el año 2017. Esto junto a moderadas oscilaciones de la pobreza relativa, y una importante reducción de la pobreza extrema. El porcentaje de hogares con acceso a servicio eléctrico pasa de 84.5% a 96.7%, el acceso a agua potable por cañería pasa de 72.6% a 88.3% y la proporción de hogares con piso de tierra pasa de 25.5% a 16%, comparando los años 2000-2017.

El 66.6% del total de hogares salvadoreños en el año 2001 poseían pared de material mixto (ladrillo, concreto, cemento), la cifra crece a 75.2% en el año 2017. Los hogares con pared de adobe pasan de representar 18.3% a 13.6%, el caso de paredes con otros materiales pasan de 15.1% a 11.2% entre los mismos años. Históricamente la mayor proporción de hogares posee una pared del tipo mixto, seguido de hogares con pared de adobe, y una baja proporción que posee otro tipo de material (lámina, madera, bahareque, paja, palma, etc). El aumento de hogares con paredes de tipo mixto, en el tiempo se ha nutrido de la reducción significativa de hogares con pared de adobe y de otros materiales.

La variación en los indicadores a nivel país han sido importantes y contienen implícita cierta particularidad, y es que, las mejoras en las condiciones de vida en los hogares de la zona urbana parece haberse ralentizado en todo el periodo 2000-2017, pero en los últimos años ha sido más notable la mejora de tales condiciones en la zona rural, zona que contiene población con mayor vulnerabilidad.

En la zona rural, el acceso a agua potable pasa de 43.3% a 54.9% de cobertura entre los años 2000-2008, y en el año 2017 se logra dar acceso a agua potable al 76.5% de los hogares. Los hogares con piso de tierra de la zona rural pasan de representar 46% a 40.7% entre 2000-2008, y 29.9% en el año 2017. El acceso a electricidad en la misma zona fue de 65.2% en el año 2000, 79.4% en el año 2008 y 93.2% en el año 2017.

Lo anterior muestra que entre los años 2000-2008 los avances sucedieron en menor proporción a lo experimentado en los años siguientes. Esta situación también es visible en el caso de indicadores de pobreza y en la composición de las paredes de los hogares en la zona rural.

La pobreza rural pasa de 53.7% a 49% entre 2000-2008, y se reduce a 32.1% en el año 2017; de igual forma varía la pobreza extrema rural, pasando de 27.2% a 17.5% entre los años 2000-2008, reduciéndose a 7.7% en el año 2017; la pobreza relativa rural se ve incrementada entre los años 2000 y 2008, pasando de 26.5% a 31.5% respectivamente, y en el año 2017 se reduce a 24.4%.

Los hogares con paredes de material mixto en la zona rural pasan de 47.6% a 56.2% entre los años 2008-2017, los hogares con paredes de adobe pasan de 30.3% a 25% y las que contienen otros materiales pasan de 27.4% a 18.8% entre los mismos años.

La comparativa entre los años 2000-2017 expresa un avance muy marcado en los indicadores para la zona rural en comparación a la dinámica en la zona urbana en los últimos años. Las mejoras más significativas se observan en años posteriores al 2008, periodo donde la economía experimenta diversas políticas fiscales expansivas y de salarios mínimos. Políticas que permanecieron ausentes durante los años 1990-2008 y que indujeron a que las remesas provenientes del extranjero y el ingreso laboral proveniente del empleo informal, se constituyeran como principales factores en la mejora de las condiciones de vida en los hogares.

Muchas de las leyes implementadas a partir de 1990, que implicaron privatizaciones, rigidez salarial, libertad otorgada al capital extranjero, entre otras cosas, han afectado sin duda alguna la dinámica del crecimiento económico, el cual se ha visto ralentizado al menos hasta el año 2013, donde se vislumbra la posible antesala a una etapa expansiva del ciclo económico1. Si a ello le sumamos la exportación de capital en el tiempo, 3% del PIB en 1990 en materia de inversión directa y renta de la inversión (ganancias de inversiones extranjeras), 12.6% del PIB en 1998, 13.4% del PIB en el año 2007, y 7.7% del PIB en el año 2017; se configura un panorama con ciertos límites para la mejora de las condiciones de vida de los hogares salvadoreños en años anteriores al 2013.

En este sentido, es vital la actuación del Gobierno para buscar la mejora en las condiciones de vida de los hogares, por ejemplo, a través de continuar con políticas fiscales expansivas, el impulso a las microempresas como parte del sector informal, la regulación del salario mínimo acorde a las condiciones del tejido productivo y a las necesidades de la fuerza de trabajo, aspectos no ignorados en los últimos años y que ha coincidido con la mejora en los indicadores explorados.

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