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Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro”. Una reflexión desde el pensamiento de Santiago Castro Gómez.

Óscar Sánchez,

Investigador

La “invención del otro” como la “voz del subalterno” han  sido dos temas relevantes en la crítica poscolonial  y en los estudios subalternos. Para adentrarnos a la reflexión de estos dos constructos es necesario recurrir a las ciencias sociales la cual nos puede dar algunas luces, aproximaciones, lecturas de cómo concebir el proyecto de modernidad y su legado, genealogía, memorias y formas de resistencia (negociaciones, reacomodos, vínculos, defensas, expresiones o géneros literarios), de igual manera dilucidar el papel que han jugado éstas en la historia de las ideas o del pensamiento, como aparato ideológico legitimador del proyecto de modernidad.

La filosofía posmoderna y los estudios culturales constituyeron dos importantes corrientes teóricas que impulsaron una fuerte  crítica a las patologías de este proyecto de modernidad. Estas patologías propias de la occidentalización se deben al carácter dualista de cómo ha sido abordado el proyecto de modernidad y al carácter excluyente que asumen las relaciones modernas de poder.

Por modernidad, retomando a Aníbal Quijano  (sociólogo y teórico político peruano), la entenderemos como un proyecto económico, político, cultural, no sólo enfocado a subjetividades sino también a materialidades (objetividades). Modernidad es un “proyecto espacio temporal en el cual se da o asiste a la configuración de un nuevo patrón de poder mundial, es eurocéntrico y capitalista”.

Hay que destacar que la modernidad se ha caracterizado por hegemonizar dos  tendencias de pensamiento en América Latina: el liberalismo (de corte económico) y el positivismo (más enfocado a lo científico, a lo académico).

Santiago Castro Gómez (filósofo colombiano estudioso de la problemática de la colonialidad y quien formó parte del Grupo modernidad/colonialidad –uno de los principales focos de la teoría crítica latinoamericana de comienzos del siglo XXI-) trata de mostrar cómo la crisis actual de la modernidad o el “fin” de la modernidad implica la crisis de un dispositivo de poder que construía el “otro” mediante una lógica binaria que reprimía las diferencias.

Esta crisis de la modernidad no conlleva debilitamiento de la estructura mundial al interior de la cual operaba este dispositivo de poder, es decir al capitalismo. El “fin de la modernidad” es tan solo la crisis de una configuración histórica del poder en el marco del sistema mundo capitalista que ha tomado otras formas  en tiempos de globalización, sin que ello implique la desaparición de ese mismo sistema mundo.

La actual reorganización global de la economía capitalista se sustenta ya no por la binariedad opresión – represión sino sobre la producción de las diferencias (multiplicidad, múltiples fragmentos, ruptura de binarismos; por ejemplo ya no se habla del dual homosexual – heterosexual, sino de  la diversidad sexual).

El desafío actual para una teoría crítica de la modernidad (sociedad) es mostrar en qué consiste la crisis del proyecto moderno y cuáles son las nuevas configuraciones del poder global en la que Jean-François Lyotard (filósofo, sociólogo y teórico literario francés) ha denominado la “condición posmoderna”. Sobre esto es necesario:

A. Interrogarnos el significado de lo que Jürgen Habermas (filósofo y sociólogo alemán) ha llamado “proyecto de la modernidad”, la formación de los estados nacionales y la consolidación del colonialismo.

B. “Fin de la modernidad” como una nueva configuración de las relaciones de poder.

C. El papel de la teoría crítica de la sociedad en tiempos de globalización.

Siguiendo la misma lógica de descifrar el proyecto de modernidad Castro Gómez lo relaciona con el intento fáustico de someter la vida entera al control absoluto del hombre bajo la guía segura del conocimiento.

Para Hans Blumemberg (filósofo alemán del siglo XX, seguidor de la tradición kantiana) este proyecto demandaba elevar al hombre al rango de principio ordenador de todas las cosas, ya no es Dios (teocentrismo versus antropocentrismo).

Recordemos que este pensamiento toma primacía a partir de los planteamientos de René Descartes (filósofo, matemático y físico francés) donde lo principal es la razón (el sujeto) y no lo que se percibe a través de los sentidos (el objeto).

Toma como punto de reflexión los aforismos sobre la interpretación de la naturaleza y el reino del hombre  inspirado por Francis Bacon (filósofo, político, abogado y escritor de origen inglés) en su texto: “Novum organum” donde el hombre, quien sirviéndose de la razón, es capaz de descifrar las leyes inherentes a la naturaleza para colocarlo a su servicio. Sobre esto Bacon resalta el dominio del hombre sobre la naturaleza mediante la ciencia y la técnica. La “naturaleza” era la gran adversaria del hombre, un enemigo a vencer, por lo tanto hay que conocer al interior al enemigo. A través de la ciencia y la técnica se puede acceder a los secretos más ocultos y remotos de la naturaleza con el fin de obligarla a obedecer nuestros imperativos de control.

Para Enrique Dussel (filósofo, historiador y teólogo de origen argentino, naturalizado mexicano) la modernidad es un proyecto que data desde 1492 hasta la actualidad. Para Castro Gómez la modernidad es un proyecto que trascurre en un largo siglo XIX, que no va de 1800 a 1900, sino más bien inicia en 1750 y finaliza en 1930. Curioso es que en ambos autores se puede deducir una lógica de violencia epistémica a través de los aparatos de los Estados y un “ocultamiento de una identidad cultural”; en ninguno de los textos consultados se establece con claridad la vinculación de un epistemicidio (el cual trata de la destrucción de saberes propios de los pueblos causada por el colonialismo europeo y norteamericano, con el método científico como el único validador por parte de las clases dominantes, suprimiendo otras formas de conocimiento marginal).

Para Darío González (1835-1911, académico positivista salvadoreño y ex rector de la Universidad de El Salvador) esta idea de modernidad trata de dar cuenta de un modelo de larga duración, el cual no es lineal en el tiempo sino variante (la cual se construye a partir de la experiencia de Centroamérica) y que da la pauta para la identificación de diferentes momentos:

a) Reformismo borbónico (1750 – 1810)

b) El constitucionalismo gaditano (1810 –1814)

c) Primeras Reformas republicanas (1824-1850-60)

d) Las tardías reformas liberales (1870-1930).

Reformismo borbónico (1750 – 1810)

Reformas borbónicas surgen con reyes borbones (España), éstos están empeñados a modernizar la monarquía española, específicamente en:

•Materia fiscal = mayor control fiscal

•Se intenta crear un Estado centralizado y eficiente (antes era una monarquía federal con múltiples reinos)

•Se crea la figura del individuo propietario (borbones inician proceso de entrega de terrenos a individuos para cultivarlos)

•Se establece reformas educativas universitarias

•Se comienza a cortar poder a iglesia católica (desamortización de bienes eclesiásticos)

•Los cleros tenían su propio juzgado = pasa a lo civil

•Los bienes que no se cultivaban eran tierra muerta

Este modelo trata de ser estructural.

El constitucionalismo gaditano (1810 –1814; 1820-1821)

Este periodo es importante para América Latina porque ocurre un proceso revolucionario, radical, de transformaciones. Hay una continuidad con el modelo individualista de repartición de tierras que inició con periodo de los borbones.

Constitucionalismo gaditano es una etapa surgida en España y América a partir de la crisis de 1808 debido a la invasión de Napoleón Bonaparte en España. Hay una vacante en el poder= José I rey de España y América decide convocar a cortes  (asambleas) que inician en 1810 en Isla de León.

Estos diputados se consideran representantes de la nación por lo tanto las cortes se declaran soberanas. En estas cortes participan diputados americanos.

Las cortes emiten diferentes decretos, entre éstos:

-Se reconoce la igualdad jurídica de criollos, mestizos, indios y mulatos

A partir de ahí son denominados españoles, muchos de ellos considerados ciudadanos (concepto antiguo de ciudadano que procede de ciudad). Estos ciudadanos poseen derechos políticos, tienen votos activos y pasivos. La esclavitud continúa.

El derecho ciudadano incluye a mestizos, criollos y excluye a mujeres, indios y mulatos.

-Se desarrollan las primeras elecciones en América Latina (fenómeno del siglo XIX), se registra desde Cádiz. Este decreto sólo abarca a Nueva España (México), Centro América, Perú, Bolivia, Ecuador, el Caribe (Cuba, Puerto Rico y Dominicana) y Nueva Granada (Colombia).

Otros países no aparecen porque ya había iniciado proceso de liberación (Argentina, Paraguay, entre otros).

Este periodo se caracteriza porque se busca un estado centralista, homogéneo y fuerte (e incluso abstracto). La nación es pensada como una asociación de individuos (invención jurídica política).

Primeras reformas republicanas (1824- 26 a 1850-60)

Implica el establecimiento de gobiernos representativos, autodenominados republicanos basados en el poder político (la herencia de Cádiz es la división del poder). Dicho poder político se caracteriza por:

a) Un estado centralista

b) El poder legislativo es el más importante

Las alianzas son más que todo con Gran Bretaña y otros. La apertura comercial implicaba apertura política. España reconoció a naciones hasta 1850- 1860.

Hay nuevas formas de colonialización extranjera.

“Poblar y cultivar” es el lema. En el campo hay una continuidad legada desde la colonia, se perfecciona dando como resultado el monocultivo.

En el ámbito cultural se fundan universidades creando métodos pedagógicos, comienza la profesión de periodismo y revistas.

Uno de los métodos que se impulsa es el lancasteriano (avalaba que hubiesen instructores por la carestía de profesores). Acá hay una nueva pedagogía (crear ciudadanos): Lema “la república no necesita vasallos que puedan obedecer sino que instalarse como nuevos republicanos que puedan comenzar”.

Comienza un estado de secularización (en México inicia un proceso de separación entre estado e iglesia).

Cádiz lo que introduce es el liberalismo. El primer liberalismo en América Latina resulta del liberalismo híbrido unido éste con la ilustración católica.

Las tardías reformas liberales (1870-1930).

Buscaron llevar a la práctica de manera radical algunos aspectos esbozados anteriormente, por ejemplo:

-Privatización de las tierras ejidales-comunales

-Separación estado – iglesia

-A manera cultural se crean grandes estructuras: museos, periódicos, revistas

-Se logran aspectos de secularización de enseñanza pública, desecularización de cementerios (pasan de iglesia al estado), ley del divorcio y matrimonio civil

-Se quita poder de que la iglesia revise lo que se publicaba (choques entre liberales y la iglesia)

-Se consolida un sistema agroexportador que se basa en el monocultivo

-Hay reformas de seguridad social

-Se promueven sindicatos de artesanos y obreros.

La modernidad como proyecto requiere de la existencia de una instancia central donde se dispensan y coordinan los mecanismos de control sobre el mundo natural y social, esta instancia central lo constituirán las ciencias sociales.

Castro Gómez haciendo alusión a Inmanuel Wallerstein (sociólogo y científico social histórico estadounidense) se refiere a las ciencias sociales como pieza fundamental para este proyecto de organización y control de la vida humana. Las ciencias sociales nacen no como un fenómeno aditivo a las formas de organización política definidas por el Estado Nación, sino como un fenómeno constitutivo de las mismas. Las Ciencias sociales legitimaban las políticas regulativas del Estado, “ajustar” la vida de los hombres al aparato de producción; su misión es enseñar las “leyes” que gobiernan la economía, la sociedad, la política, la historia.

A partir de lo anterior, el Estado define políticas gubernamentales de esta normatividad científicamente legitimada, precisamente a través de las ciencias sociales.

Este nuevo orden (mundo) ha creado nuevas estructuras, un sistema, manifestaciones de ese nuevo poder central, donde estas estructuras están en íntima conexión, siendo éstas:

Control del trabajo= capitalismo

Control del sexo= la familia burguesa

Control del producto= Estado Nación

Control del pensamiento= Eurocentrismo

Lo anterior ha intentado crear perfiles de subjetividad estatalmente coordinadas que conlleva al fenómeno denominado “la invención del otro”.

Acá la invención no se refiere solamente al modo en que un grupo se representa mentalmente a otros dispositivos de saber/ poder a partir de las cuales estas representaciones son construidas. Estos dispositivos disciplinarios de poder en el siglo XIX para la “invención del otro”, según la venezolana Beatriz González Stephan, lo consolidan las constituciones, los manuales de urbanidad y las gramáticas de la lengua.

Todas estas tecnologías de subjetivación para su legitimidad descansan en la escritura.

La  palabra escrita construye leyes e identidades nacionales, diseña programas modernizadores y organiza la comprensión del mundo. Lo anterior permite la creación de instituciones legitimadoras como escuelas, hospicios, cárceles, talleres y discursos hegemónicos: mapas, gramáticas, constituciones, manuales de urbanidad, tratados de higiene. Todo este aparato articulador lo que hace es regular las conductas de los actores sociales.

A manera concluyente la modernidad fue y es un proyecto eurocéntrico, capitalista, hegemónico, de carácter mundial y de colonialidad del poder y del saber. No ha habido una sola modernidad, ni en Europa ni en América Latina, lo que ha habido son modernidades o proyectos de modernidades (es lo que ha vivenciado la historia). Acá coincidimos con el escritor, profesor, antropólogo y crítico cultural argentino Néstor García Canclini: “La modernidad cultural y económica no van juntas, ni la primera es producto de la segunda”. Dicho en otras  palabras, lo cultural no es reflejo de lo económico.

La modernidad cultural en América Latina no necesariamente sustituyó lo antiguo por lo nuevo, es decir, no se eliminó lo antiguo para que lo nuevo se imponga; ha sido un proyecto de entrecruzamiento de temporalidades históricas (modos de vida).

A partir de lo anterior cabe preguntarse ¿Cómo concebir la modernidad en América Latina?

Las modernidades en América Latina hay que verlas como proyectos recibidos, adaptados y adoptados, dirigidos a través de la experiencia propia de un proyecto de larga duración donde ha habido rupturas, novedades (es decir sus propias características). Estos proyectos son de diversas índoles  (políticos, sociales, económicos, culturales, entre otros).

En algunos casos han sido impuestos desde las metrópolis (España, Inglaterra, Francia, Alemania, Estados Unidos), en otros casos han sido impuestos por élites (políticas, culturales, económicas); en otros han sido proyectos legitimados, sostenidos por otros actores que no son metrópolis, ni élites, para el caso resultado de la invención del “otro”, “la voz del subalterno”, por ejemplo: artesanos, obreros, los pueblos (indios, latinos).

Hay que ver la modernidad como proyectos que demandaron nuevas formas de pensar, más acorde a demandas de progreso y desarrollo. Acá encontramos: liberalismo y positivismo. Sobre esto último jugaron un papel importante las ciencias sociales, las instituciones legitimadoras creadas por el estado, así como los discursos hegemónicos.

REFERENCIAS ESCRITAS:

Documentos impresos:

Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro”.

Una reflexión desde el pensamiento de Santiago Castro Gómez.

Sitios consultados en la web:

http://www.cholonautas.edu.pe/modulo/upload/anibal%20quijano.pdf

http://eva.universidad.edu.uy/pluginfile.php/508835/mod_resource/content/1/Bacon_Novum_Organum.pdf

http://www.uca.edu.sv/filosofia/admin/files/1210108824.pdf

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Un Comentario

  1. Nuestra sociedad –y arranco utilizando desde ya el presupuesto de que existen “otros” de los cuales este colectivo se diferencia, por las razones que sean- solo conoce la marginalidad pues, aún en el entorno pre colonial ya la población nativa era periferia de los imperios próximos y es probable que esa población ya fuese la alteridad de los poderes hegemónicos de esa temporalidad pues, tal como Edward Said afirma en “Orientalismo”: “Toda época y sociedad recrea sus otros”, así, es presumible la subalternidad en relación a su vecindad de lo que en nuestro relato propio se ha llamado “reino” de Cuzcatlán. Esta condición no cambió con la conquista pues la mutación solo se personificó en otros dominadores dejando intacta la condición de sometimiento y/o dependencia inferida. Es indudable que la colonia implantó sus contenidos en todas las ramas del hacer y saber de los conquistados, hubo resistencias, no sólo en lo directamente bélico sino también en la conservación de elementos culturales propios y la mayoría fueron derrotadas, sobreviviendo sólo aquellos elementos que no representaban amenaza al nuevo orden, que podían neutralizarse mediante el sincretismo o los que conservaron los que huyeron de los centros de dominación. El agotamiento del período colonizador en lo que ahora llamamos El Salvador no se produjo por iniciativa de los pobladores nativos, nuevamente el poder cambió de manos y, ante un imperio español ausente y en decadencia fueron criollos y peninsulares residentes los que se hicieron con el mando. De entre las criaturas de la modernidad, el liberalismo de la Ilustración –en su versión limitada, pintoresca y exótica- sería la llamada a bocetar el modelo de nación que había de construirse. Queremos creer que había un plan tras la independencia-abandono gestada y que el reino decadente que agonizaba a los patas de la caballería napoleónica, no podría ni tendría recursos para oponerse ni mucho menos frustrar la separación que establecería una forma de hegemonía local a merced de las ocurrencias de los celebérrimos padres de la nueva patria. Los nativos fueron destinados a cumplir la regla colonial que Ranajit Guha enuncia la del “subalterno que, por definición no está registrado ni es registrable como sujeto histórico capaz de acción hegemónica…”, y así, su otredad se ratificó una vez más. Así se reservó para el grupo de poder emergente –próceres y cía.- el control y la toma de decisiones que habrían de ejecutar la construcción de un nuevo reducto de periferia al que se le llamaría país, se le pondría nombre propio y se le investiría con las visiones contemporáneas del ejercicio del poder, adobadas con algunas ocurrencias personales de los nuevos propietarios que habrían de acelerar el despojo de los remanentes de la propiedad indiana y de todo lo silvestre del entorno. Con ello se establecerían las bases del ya inminente capitalismo que los anglosajones apuraban a fuerza de piratería y ejercicios corsarios en los mares de América y que vendría a modificar el poder local por tercera vez, pasando de la corona castellana, al provincianismo independentista, y finamente al oportunismo anglosajón que se reduciría al dominio gringo de nuestros días.
    Cualquiera que sea el futuro de los postulados de la crítica postcolonial en medio de las esperadas reacciones de los beneficiarios de esas “patologías” de la modernidad que denuncia, ya se han pronunciado voces críticas que desde las ciencias sociales apuntan a errores, apreciaciones filosóficas de dudosa solidez, enunciados aún no contrastados a conciencia, relaciones y concordancias audaces pero no muy convincentes, etc., que reclaman o muestran que aún falta mucho por hacer para que las herramientas creadas por esa disciplina del pensamiento ayuden a formular una alternativa al mayor defecto de la modernidad: el capitalismo y su horroroso tumor del neoliberalismo.
    Latinoamérica, haciendo uso de su turno de ofendida, se encamina a abrazar la crítica postcolonial con el mismo ahínco que lo hizo con la Teología de la Liberación para argumentar su defensa y al mismo tiempo su acusación por los avatares de su historia y contra los artífices del despojo. Puede que la Europa etnocentrista, creadora de la Ilustración y la Modernidad ya no sea el interlocutor directo y necesario para responder por los efectos de las patologías de ambas…a lo mejor, vista la distancia de los acontecimientos y las modificaciones que el tiempo ha impuesto, el interlocutor inmediato sea el imperio norteamericano, mayor patrocinador del neoliberalismo asfixiante de estos días. La América postcolonial debe madurar mucho su pensamiento para desligarse de los atavismos de la subalternidad. Genera esperanza saber que cada día hay más escritores que agregan raciocinio y sabiduría a la búsqueda de la reivindicación de lo que podríamos imaginar como sistema mundo diferente y a lo mejor inclusivo, donde las otredades tengan voz.

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