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Bukele debería utilizar su influencia política y mediática para impulsar una solución permanente para los salvadoreños en EEUU

Redacción Nacionales

@DiarioCoLatino

 Durante la acostumbrada entrevista de los viernes en Encuentro con Julio Villagrán, el antropólogo y analista político Marvin Aguilar sostuvo que el debate sobre el TPS ha sido manejado alrededor de la expectativa de que una supuesta cercanía entre Bukele y el presidente estadounidense Donald Trump podría favorecer a los salvadoreños, pero advirtió que esa lectura carece de suficientes fundamentos políticos. la administración de Nayib Bukele debería utilizar su influencia política y mediática para impulsar una solución permanente para los salvadoreños que viven en ese país, dijo.

El TPS y la incertidumbre migratoria

El TPS para los salvadoreños tiene como fecha clave el 9 de septiembre, cuando vence el período vigente. Aguilar recordó que Estados Unidos ha presentado históricamente este mecanismo como una protección de carácter temporal, aunque en el caso salvadoreño se ha prolongado durante décadas.

El antropólogo señaló que durante esos años miles de salvadoreños han construido sus vidas en Estados Unidos: han trabajado, pagado impuestos, comprado viviendas, creado negocios y formado familias. Incluso, existe una generación nacida en territorio estadounidense cuyos padres mantienen una situación migratoria vinculada al TPS.

Para Aguilar, por ello, la discusión ya no debería limitarse a pedir una nueva extensión temporal, sino a buscar una solución legislativa que permita regularizar a quienes cumplen determinadas condiciones.

Consideró que el Gobierno de Bukele podría desempeñar un papel más activo ante el Congreso estadounidense y aprovechar el respaldo de organizaciones y legisladores que se han pronunciado a favor de mantener la protección.

 

“Fe” en una prórroga

Aguilar cuestionó la percepción de que la relación personal entre Bukele y Trump sería suficiente para garantizar una extensión del TPS.

A su juicio, no existe una justificación geopolítica clara para pensar que El Salvador reciba un trato excepcional frente a otros países cuyos ciudadanos también han perdido o enfrentan la pérdida de este beneficio.

Mencionó los casos de Venezuela, Honduras y otros países, para señalar que la política migratoria de Trump ha sido aplicada bajo criterios más amplios y que la cercanía política entre mandatarios no necesariamente garantiza concesiones migratorias.

Por ello, calificó como una especie de apuesta basada en la fe la expectativa de que el TPS sea prorrogado a última hora.

 

¿Qué hará El Salvador con los retornados?

Uno de los principales cuestionamientos planteados por Aguilar fue la falta de claridad sobre lo que ocurriría si miles de salvadoreños tuvieran que regresar al país.

El debate, afirmó, debería incluir un plan concreto de recepción, reinserción laboral y aprovechamiento de las capacidades de quienes han vivido durante años en Estados Unidos.

También cuestionó que el Gobierno hable de las condiciones favorables de El Salvador para recibir a sus compatriotas, mientras no existe, según su planteamiento, una discusión pública suficientemente desarrollada sobre cómo se produciría ese eventual retorno.

En su opinión, la política hacia la diáspora no debería concentrarse únicamente en su participación electoral.

 

La diáspora y los intereses electorales

Aguilar vinculó el debate migratorio con las decisiones políticas adoptadas respecto a los salvadoreños residentes en el exterior. Señaló que la creación de una representación específica de la diáspora en la Asamblea Legislativa y las facilidades para votar desde el extranjero deben analizarse también desde una perspectiva electoral.

El antropólogo sostuvo que, si realmente existe interés por la comunidad salvadoreña en Estados Unidos, Bukele debería emplear su capacidad de comunicación y presencia en redes sociales para impulsar en Washington una reforma migratoria permanente.

Recordó como referencia la reforma migratoria impulsada durante el Gobierno de Ronald Reagan en 1986, que permitió regularizar a una gran cantidad de inmigrantes.

 

Trump, un aliado que puede convertirse en problema

Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la relación entre Bukele y Trump. Aguilar cuestionó la idea de que ambos mandatarios mantengan una alianza política capaz de garantizar beneficios permanentes para El Salvador.

Advirtió que Trump puede convertirse en un “activo tóxico” incluso para sectores de la derecha internacional, al señalar que algunos dirigentes conservadores han debido marcar distancia de la política del mandatario estadounidense para evitar que su propia imagen política resulte afectada.

Desde esa perspectiva, Aguilar sostuvo que El Salvador debería mantener relaciones equilibradas con las distintas fuerzas políticas estadounidenses y evitar apostar todo a una sola corriente.

 

El viaje de Ernesto Castro a China

En ese contexto, Aguilar también analizó la visita a China encabezada por el presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, y consideró que la gira plantea interrogantes sobre la política exterior salvadoreña.

El antropólogo cuestionó que el Gobierno pueda esperar favores de Estados Unidos apelando a su relación con Trump y, simultáneamente, envíe una delegación de alto nivel a China, país considerado un “enemigo” de Washington.

Sin embargo, sostuvo que mantener relaciones con China no es necesariamente negativo y que ese país posee una capacidad económica que podría ser aprovechada por El Salvador.

 

Agricultura antes que grandes obras

Para Aguilar, una de las principales lecciones que El Salvador podría aprender de China es la importancia de fortalecer primero el aparato productivo.

Cuestionó que las prioridades de cooperación se orienten hacia grandes obras visibles, como estadios o el CIFCO, proyectos que generan impacto político y mediático, mientras persisten problemas estructurales en la producción agrícola.

Puso como ejemplo la producción de tomate en Chalatenango. Señaló que el país podría invertir en sistemas de riego, crédito, asistencia técnica y formación agrícola para aumentar la producción durante todo el año y reducir la dependencia de las importaciones provenientes de Guatemala y Honduras.

A su juicio, China podría contribuir precisamente en ese tipo de proyectos, debido a su experiencia en infraestructura, producción agrícola y desarrollo tecnológico.

 

“Comida” y empleo como prioridades

Aguilar insistió en que el desarrollo económico no debería medirse únicamente por las obras de infraestructura que pueden exhibirse políticamente.

Recordó que la transformación económica china comenzó fortaleciendo su producción y capacidad para alimentar a su población, antes de convertirse en una potencia capaz de desarrollar grandes proyectos de infraestructura.

La conclusión del antropólogo fue que El Salvador debería aprovechar cualquier relación internacional para fortalecer el empleo, la producción agrícola, la pequeña y mediana empresa y la capacidad productiva nacional.

Aguilar relató la plática que tuvo con representantes del partido comunista de China, quien ser rió que el gobierno de Bukele pidiera un estadio un el CIFCO, en vez de pedir ayuda para restablecer la matriz productiva de El Salvador.

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