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Aprender a desaprender

Mauricio Vallejo Márquez

 

Dicen que cuando te habitúas a hacer algo, sencillamente lo haces con inercia. Como cuando aprendiste a andar en bicicleta. No es necesario volver a aprender a tener equilibrio y guiar el timón solo basta volver a subir a ella y comenzar a recorrer caminos. Así vamos enfrentando la vida, reaccionando como una vez aprendimos a reaccionar. Sin embargo, eso que siempre creímos correcto puede ser erróneo y llevarnos a dificultades, a contratiempos o a la inercia. Cada vez que pasa una situación reaccionamos de la misma forma como el mito griego de Sísifo. Al final el resultado es el mismo, hasta que logremos aprender a encontrar otras alternativas. Justo como sucede en el ajedrez, deporte en el que se nos enseña que si has encontrado un buen movimiento debes pensar para encontrar uno mejor.

Cuando estudié la maestría en Docencia Universitaria escuché al doctor Pedro Valle afirmar que es importante “aprender a desaprender para aprender a aprender”. Aquello me pareció un juego de palabras que requería de una nueva explicación para comprender el punto. Según comprendía debemos aprender a soltar las creencias para poder generar conocimientos y obviamente cuando se ha aprendido algo que no está bien, pero lo aprendimos de forma tan firme cuesta trabajo cambiar. Una creencia puede ser errada si no tiene fundamentación y no es comprobable, aunque se haya hecho así siempre.

El gran detalle es que no siempre estamos abiertos al cambio. Es como las aficiones y el fanatismo, sabemos que hay algo malo en alguien o en algo en lo que creemos, pero como le tenemos fe y sudamos la camiseta nos volvemos indiferentes a estos aunque sea algo grave. Así sucede con las religiones y los partidos políticos. Quizá deberíamos procurar ser más objetivos.

Existen conceptos que aprendimos gracias a la imprecisión de algún profesor o una errata en un libro o porque alguna figura de autoridad nos la presentó como correcta. Toda la vida seguimos repitiendo ese error como algo correcto. Muchos piensan que almohada se escribe “almuada” porque así escucharon la palabra y nadie les hizo ver su error. He escuchado a profesores decir “accesar”, cuando lo correcto es acceder; pero al hacerles ver el error pasan por inadvertidas las observaciones. Así que uno ve el mundo marchar directo a su destino.

Sin embargo, en ocasiones aunque tengamos tan bien aprendido algo nos cuesta volver a arrancar.

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