Por: Nelson de Jesús Quintanilla Gómez
Sociólogo y Profesor Universitario de la UES en la FMOtal.
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La coyuntura política y educativa que vive El Salvador ha colocado nuevamente en el centro del debate el papel de las organizaciones gremiales docentes. En particular, la posición asumida por la dirigencia de ANDES 21 de Junio frente a decisiones del gobierno de Nayib Bukele, especialmente en lo relativo al sistema educativo y a la conducción del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología (MINEDUCYT), plantea interrogantes relevantes sobre la autonomía sindical, la representación gremial y el rumbo histórico de dicha organización.
Seguridad, educación y autonomía gremial
Recientemente, el secretario general de ANDES 21 de junio ha manifestado respaldo a la gestión gubernamental en materia educativa, argumentando que la seguridad constituye una condición necesaria para el funcionamiento adecuado del sistema escolar. Sin duda, la seguridad en los centros educativos es un elemento fundamental para el desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje. Sin embargo, la discusión no puede reducirse a una relación mecánica entre seguridad y calidad educativa.
Desde una perspectiva sociológica, el debate debe ampliarse hacia preguntas estructurales: ¿qué modelo educativo se está consolidando? ¿Cuál es el equilibrio entre disciplina institucional y autonomía pedagógica? ¿En qué medida las organizaciones gremiales mantienen independencia crítica frente al Ejecutivo?¿cual es el papel de los dirigentes gremiales y sindicales en la actual coyuntura politica y educativa que vive el país?
El acompañamiento o respaldo de una gremial histórica como ADEES 21 de junio a decisiones gubernamentales debe analizarse en función de la autonomía sindical, principio fundamental del movimiento obrero y magisterial. La autonomía no implica oposición automática, pero sí exige capacidad crítica, deliberación interna y defensa irrestricta de los derechos laborales y profesionales de sus afiliados.
Militarización y educación pública
Otro punto de debate ha sido el respaldo expresado por la dirigencia gremial al nombramiento de una funcionaria con perfil militar al frente del Ministerio de Educación. El argumento que vincula disciplina y seguridad con formación militar abre una discusión de mayor profundidad: ¿cuál es el papel de la lógica castrense en la administración educativa? O ¿cuál es el aporte de un funcionario militar y de salud a la calidad de la educación nacional?
La educación pública, en tanto espacio de formación ciudadana, se sustenta en principios de pensamiento crítico, deliberación y construcción democrática del conocimiento. La disciplina pedagógica no es equivalente a disciplina militar. Mientras esta última responde a estructuras jerárquicas verticales y de obediencia, la disciplina educativa se fundamenta en responsabilidad profesional, ética docente y compromiso social.
En contextos donde se perciben procesos de concentración de poder y debilitamiento institucional, el debate sobre la presencia de perfiles militares en carteras civiles adquiere una dimensión política que no puede ignorarse. Desde luego, los gremios magisteriales deberían pronunciarse de manera contundente sobre el presente y futuro de la educación pública de El Salvador.
Historia y transformación de ANDES
La historia de ANDES 21 de junio está profundamente ligada a las luchas sociales del país. Durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, la gremial desempeñó un papel relevante en la defensa de derechos laborales y en la articulación con movimientos populares. Numerosos docentes afiliados sufrieron persecución y violencia durante el conflicto armado, lo que convirtió a la organización en un referente histórico del sindicalismo salvadoreño. Sin embargo, en la coyuntura actual muchos docentes están siendo despedidos por pensar diferente al régimen actual y ANDES no sale a la defensa de dichas violaciones de los derechos de los maestros.
Ese legado histórico genera hoy una expectativa particular sobre su actuación. Cuando sectores del magisterio perciben que la dirigencia adopta posiciones alineadas con el Ejecutivo sin una postura crítica visible frente a despidos docentes, condiciones laborales o reformas estructurales, emerge una sensación de distanciamiento entre base y dirigencia y por consiguiente un cambio de rumbo de la gremial.
Desde la sociología del sindicalismo, este fenómeno puede interpretarse como parte de procesos más amplios de burocratización y profesionalización de las dirigencias, donde la permanencia prolongada en cargos de representación tiende a generar tensiones con las bases afiliadas. El magisterio en general y en particular los afiliados de ANDES deben prestar mucha atención a esta situación.
Crisis de representación y desafíos actuales
El magisterio salvadoreño enfrenta desafíos significativos: transformaciones tecnológicas aceleradas, incorporación de inteligencia artificial en educación, brechas digitales, exigencias de calidad académica y condiciones laborales complejas. En este contexto, la representación gremial debe fortalecer su legitimidad mediante transparencia, rendición de cuentas y deliberación democrática interna.
La crítica que hoy se formula no debe entenderse únicamente como cuestionamiento personal a una figura dirigente, sino como expresión de una preocupación más profunda sobre la vitalidad democrática de las organizaciones sociales en el país. Desde luego, en el contexto actual hay que actuar muy estratégica e inteligentemente con el gremio docente.
Las gremiales docentes no solo defienden intereses laborales; también encarnan una visión de educación y sociedad. Por ello, su papel trasciende la coyuntura inmediata y se inscribe en el debate sobre el modelo de Estado y el tipo de ciudadanía que se busca formar. En esa lógica, el docente juega un papel fundamental en la formación de conciencia critica de nuevo hombre que se quiere formar en las escuelas y demás instituciones educativas del país.
Reflexión final
La actual coyuntura exige un debate abierto dentro del magisterio nacional sobre el rumbo de sus organizaciones representativas. Recuperar la tradición histórica de autonomía, combatividad responsable y compromiso social no implica nostalgia, sino actualización crítica frente a nuevos desafíos.
El momento actual salvadoreño requiere una discusión profunda sobre: Autonomía gremial, democratización interna, transparencia en la gestión, defensa efectiva de derechos laborales y modelo educativo para el siglo XXI. El fortalecimiento del magisterio pasa por la consolidación de organizaciones legítimas, críticas y comprometidas con la educación pública.
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