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Ana Vilma y Edwin se casaron hace un año por lo civil. Foto Diario Co Latino/ Cortesía.

Ana Vilma y Edwin luchan día a día para subsistir en la ciudad

Por: Iván Escobar
@DiarioCoLatino

La vida de Ana Vilma y Edwin ha estado marcada por diversos desafíos. El tiempo los ha distanciado, pero su amor y atracción por el otro los ha llevado a reencontrarse y agradecer por los triunfos alcanzados en pareja.

El secreto de su relación, que comenzó en la adolescencia, y el cual por circunstancias del destino cada quién tomó caminos diferentes, más de 30 años después se reencontraron y hace cinco años formalizaron aquel amor de juventud. Hoy, casados por lo civil, y en espera de su boda religiosa, ambos valoran el recorrido por senderos que les han dejado grandes lecciones de vida y muchas satisfacciones.

El respeto y la responsabilidad son elementos esenciales en su hogar, y es la fórmula que les ha permitido hasta hoy enfrentar los retos que la vida les ha trazado.

Ana Vilma Barrientos Bonilla tiene 35 años de dedicarse al comercio informal, comparte que fue con su madre con quien inició en una tortillería, y ahí conoció a José Edwin Pérez, quien desde su adolescencia aprendió la profesión de joyero. “Mi especialidad es el arte de la cera, diseñar moldes para después ensamblar el metal, oro o la plata”, comenta, a la vez que explica que en este oficio, también está la joyería comercial, el relojero, el joyero fino, este último fue la rama que desarrolló por toda su vida su padre. Edwin lleva 41 años dedicándose a la joyería.

Ambos recuerdan con nostalgia que se conocieron en el ambiente del mercado, ahí la madre de Edwin tenía un puesto y Ana Vilma ya estaba en la tortillería. Eran los primeros años de la adolescencia, se conocieron y con el tiempo se dejaron de ver, para volver en la vuelta de la vida a encontrarse.

La venta informal una herencia de vida

La venta informal ha sido la principal fuente de ingresos para Ana Vilma, una mujer acostumbrada día a día a enfrentar las vicisitudes de la calle, aprendió a defenderse y luchar por obtener un espacio en el centro histórico, y ha sufrido en los últimos meses los ataques y hasta retención de mercadería por parte del Cuerpo de Agentes Metropolitanos de San Salvador, quienes dan marcha a un proceso de ordenamiento “consensuado” con los comerciantes, y el cual a la fecha ha despejado de ventas informales importantes arterias del centro capitalino como parte de un proyecto macro de la municipalidad. También muchos han quedado sin fuentes de empleo.

Ana Vilma, al igual que muchas mujeres vendedoras, dice que no ha sido fácil asimilar este proceso de desalojo y despojo de sus únicas fuentes de empleo. Por años vendió ropa interior femenina sobre la 7ª Avenida Sur, pero las circunstancias le obligaron a emigrar a las puertas de su apartamento para lograr subsistir, luego que la municipalidad le obligara a retirarse de su puesto, el cual por 18 años tuvo a disposición de su clientela y por el que también pagaba a diario.

Recuerda que fue el 12 de mayo de este 2022, cuando tuvo que dejar su única fuente de ingresos debido a los desalojos, que si bien no los incluían en un principio en los diseños y pláticas que ellos habían tenido con representantes de la alcaldía, al final sí fue afectada. Lo que más le preocupa son las deudas, “en especial con el banco”, advierte, pues sus productos los compra con base a créditos que cancela con lo que recibe de las ventas.

Lamenta que a pesar de ser un proyecto grande y ambicioso para recuperar la ciudad, la alcaldía no da opciones reales de solución a los comerciantes como ella, pues el nuevo Mercado Hula-Hula no recibió como se ofreció y se esperaba a los vendedores, además las cuotas que cobran considera que son altas. “El CAM se llevó mi mercadería, solo me dijeron: aquí no la queremos”, recuerda, mientras ordena su venta, sobre la Av. España, entre la 5ta. Calle Oriente y la Alameda Juan Pablo II.

Ella sabe que sus productos no van acorde al mercado de la zona en la cual se ha ubicado, pues ahí imperan las ventas de piñatas, dulces y otros negocios, pero enfatiza que no tiene otra opción., “y pues aquí pago impuestos, y dije: aquí pongo mi changarro”, acotó.

Dice que por ahora no logra vender como en su puesto anterior, y ha perdido su clientela, a veces solo logra recaudar un $1 y en ocasiones nada, también opta por vender, en esta temporada de invierno sombrillas o capas, caminando por las calles aleñadas, o un día a la semana haciendo almuerzos. “Hay que trabajar, porque hay deudas que pagar al banco…aquí poco se vende, allá tenía mi clientela, pero es lo que hay”, señala, y dice que el apoyo de su paraje es fundamental en todo este escenario.

Asegura que ni ella ni su esposo se oponen al reordenamiento, al contrario, lo ven bien, pero el problema advierte que con ello se ha dejado sin sustento a miles de familias, ellos son un caso, entre muchos. Y las soluciones no responden a las necesidades de los comerciantes. “Todo está caro y no hay fuentes de trabajo, el comercio informal crece, aumentan los precios y lo que viene es una crisis”, afirma.

Ante este escenario, asegura que lo mejor es trabajar duro, y tratar en familia de superar los problemas.

Entre la Lucha Libre y la joyería

Cuando conocí a Edwin, representaba la figura recia y violenta de “El Depredador”, personaje que él asumió en el mundo de la Lucha Libre, deporte-espectáculo que él practica profesionalmente desde la edad de los 25 años. Ahora a sus 54 años de edad, y advierte que está próximo a retirarse del cuadrilátero, pero también quiere dejar un legado a las nuevas generaciones y su afición.

Formado en la vieja escuela de Lucha Libre salvadoreña, pasó por la disciplina deportiva de grandes figuras como: Vikingo I, Bucanero, Diablo Rojo, entre otros. Además ha estado en las arenas locales, asistiendo primero como un aficionado atraído por las figuras de los luchadores, y luego ya formando en la famosa Arena Santa Anita, barrio del mismo nombre, en el cuál Edwin creció.

Recuerda que asistía a las peleas, y por no tener dinero, tenía que reunir los tres colones de taquilla que se cobraba a los niños. “Así conocí a los luchadores”, cuando no reunía el dinero, esperaba con mucha ansiedad la última caída de la lucha, porque era ahí donde abrían las puertas gratis. Formó parte de la Arena Metropolitana, y quería y tenía las ganas de crecer en el deporte, pero también estaba el trabajo como joyero, que no le permitía mucho adentrarse a esta faceta. Faltaba a algunos entrenos, y a veces retornaba meses después o al año, mientras cumplía sus compromisos laborales.

“Tuve muchos maestros: Robin, Araña, Mister flame, El Vikingo II, luego me fui a Arena Santa Anita, me hago amigo de Brazo Guerrero, La Furia, ellos dos me entrenan también…”, recuerda. Cuando cierra la Arena Santa Anita, “hay una amiga luchadora, Gloria, ella abre Arena Gloria, aquí por la bajada del Palo Verde. Es ahí, donde hace su debut, no tenía equipo ni uniforma, es La Furia quien le da los primeros insumos, y que le permiten incursionar en un mundo duro, pues la lucha libre hoy no es tan valorada, ni tiene el apoyo, literalmente sus exponentes “lo hacen por amor al arte”, ya que ningún luchador logra subsistir en este ramo, pero Depredador o Edwin, y muchos luchadores actuales, no les importa y siguen su reto, siguen en el cuadrilátero.

Ahora El Depredador, forma parte de la plantilla de luchadores de Arena Gladiadores El Salvador, que tiene una década de albergar a grandes figuras y nuevos talentos en la Lucha Libre.

El Depredador ha ganado importantes reconocimientos, ha luchado con grandes figuras en estos años, “y la idea es seguir en la lucha, y pues también pensando en mi retiro, la edad no le permite a uno, el límite ya lo cumplí, 54 años, es poco el recorrido que me queda para la lucha libre”, señala.

El apoyo de su esposa es importante en este andar, comenta, ya que desde hace cinco años que se volvieron a encontrar, y ya casados, ella le ha acompañado a todas las luchas. Ana Vilma, advierte que no ha sido fácil, porque si bien desde su adolescencia ella sabía que él le gustaba la lucha libre, no fue muy agradable presenciar las peleas en los últimos años.

“Él en el ring se transforma, al principio me alteraba mucho al verlo sangrado y bien golpeado. Me daba nervios, un día llegué a pegarle con un palo al otro luchador, y el señor que hace la lucha me dijo: así es el deporte”, relata.

Ambos disfrutan viajar a los lugares donde hacen las peleas, como recientemente pasó en julio de este año, que participaron en unas contiendas en el marco de las fiestas patronales de San Ana. “Sí, siempre lo acompaño”; comenta ella con orgullo.

Este luchador profesional lamenta la falta de apoyo a este deporte espectáculo, el cual en el país tuvo su época de oro y dejó grandes leyendas, muchos ya fallecieron, otros siguen heredando sus conocimientos.

Triunfos y desafíos

Depredador ha cosechado a lo largo de su carrera seis preseas: el primer trofeo fue “La Gata Negra”, en honor a esta luchadora guatemalteca; un segundo triunfo fue ganar el Cinturón en honor a El Chamaco Gómez, en la Arena Gladiadores, ya que este luchador fue su amigo y compañero de entrenos en la Arena Metropolitana; un tercer triunfo fue el Campeonato torneo en el cual ganó Depredador, en una batalla campal entre 20 luchadores; una cuarta presea fue el Trofeo Memoria del luchador chapín, El Campesino, también contra 20 luchadores. Un quinto triunfo fue en el Aniversario de Arena Gladiadores, donde ganó el trofeo de cuatro pisos; y el sexto fue el Trofeo en memoria del hijo de una leyenda de Guatemala, La Dinastía Xandu, príncipe Yoga Jr., por lo cual la página Realidades y Revista Ring, lo consideran: “uno de los grandes luchadores que ha tenido El Salvador”.

En su trayectoria ganó la cabellera, de “La Furia”; pero ha perdido su cabellera en ocho ocasiones, y lo que más le duele fue haber perdido su máscara, que era parte de los primeros implementos que utilizó a la hora de lanzarse a la lucha.

Enfrentando juntos sus problemas

Tanto Edwin como Ana Vilma saben que la situación no es fácil, económicamente saben que hay muchas necesidades como en todo hogar, y por ahora, su trabajo en la joyería, y las pocas ventas que logran les permiten sobrevivir.

Al igual que ellos, muchas familias padecen este drama. En El Salvador la canasta básica ha aumentado considerablemente en los últimos años y el desempleo creció. Ellos como emprendedores, sin embargo gozan de su amor, de su amistad, del respeto mutuo y comunicación, pues de lo contrario consideran que estarían solos dando batalla.

Se acuerpan uno a uno, y saben que con tener salud y vida, pueden seguir. La lucha libre, puede considerarse como una vía de escape a sus problemas. Depredador libera toda su energía, adrenalina y fuerza en el ring, ella las emociones y el estar atenta ante cualquier emergencia, así ambos se alejan de los problemas comunes, principales y diarios.

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