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sábado , 23 septiembre 2017
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José Luis Gavira y  la  Radiodifusión Comunitaria

José Luis Gavira y la Radiodifusión Comunitaria

Por: Alcides Ernesto Herrera G.
Director de Asociación Izcanal

Un empresario radial pondrá una radio donde crea que es sostenible y le de ganancias. No estará pensando en que el medio es una herramienta necesaria para que la comunicación tenga una función social. Lo central es obtener ganancia. La calidad de la comunicación es lo que menos importa. Mucho menos pensará en la necesidad que tiene una comunidad de contar con un medio de comunicación que ayude a resolver sus problemas.

Allá por 1993 José Luis Gavira, remedy junto a la comunidad de Nuevo Gualcho, pensaron en fundar una radio. No partieron de cuánto iban a ganar, sino de la necesidad de que los campesinos que habían llegado del refugio de Intibucá, Honduras, tuvieran un instrumento que les permitiera socializar sus problemas, hacer oír sus demandas, y como lo repetía insistentemente José Luis: “la gente de Nuevo Gualcho quería oírse ella misma, que su voz se escuchara más allá de su comunidad”.

Así nació el proyecto de Izcanal.  Ernesto, Rosa Hilda, Wilber (Chirajo), Lola, Elmer, Glenda, Noris y Jorge los reclutó José Luis para hacer radio. Jóvenes que apenas sabían leer y escribir. Nunca habían hablado en público. No sabían ni dar la hora. Años después dictaban cátedra de periodismo en las universidades. José Luis fue un gran maestro que les enseñó a redactar, a hablar, a investigar, a tener ética, pero más que todo a tener mística de periodista comunitario.

Para ser periodista comunitario hay que ser parte de la comunidad. Como Wilfredo que ha sido presidente de su ADESCO, pero también secretario de la Intercomunal. No solo hay que contar historias, sino ser parte de la historia. Como Basilio, que además de sindicalista, guerillero, propagandista, ha sido directivo en la Asociación Izcanal, en la ADESCO de la Comunidad, pero también redactor de noticias. Un periodista así sabe como las comunidades viven sus arengas y alegrías.

El proyecto Izcanal, ahora radio y televisión, ha caminado desde 13 de febrero de 1993 que inició operaciones debajo de un árbol, con una antena casera, un transmisor construido por el propio José Luis, con una grabadora que servía como micrófono y para poner música, y lo peor “ilegal”. Ahora Izcanal cuenta con un fuerte voluntariado, más de 16 empleados, y diversas organizaciones sociales que respaldan el proyecto.

Una radio comunitaria no es una radio local. Izcanal por ejemplo llega sus ondas a La Paz, San Vicente, Usulután, San Miguel y parte de La Unión. Mantiene estrechas relaciones con ONG, Instituciones de Gobierno, Movimiento Social y cientos de organizaciones comunitarias. Izcanal se ha convertido en una herramienta de desarrollo humano para las comunidades.

José Luis no pensó en la ganancia, hacer de la comunicación una forma de lucrarse, ni en un proyecto personal. Creó la asociación sin fines de lucro llamada Izcanal. Un colectivo de más de 40 miembros que aportan sus ideas y sus visiones para que funcione el proyecto de comunicación. La base de la sostenibilidad son la publicidad, prestación de servicios en producción de radio y televisión y donaciones. Es triste escuchar a ASDER o a personeros de la SIGET decir que una radio comunitaria no puede vender publicidad porque es una entidad “sin fines de lucro”. Una entidad sin fines de lucro, no es aquella que vende algo para obtener ingresos y así sostener su proyecto, sino aquella que sus utilidades no son repartidas entre sus socios. Pero hasta allí llegan las falacias de estos mercaderes de la comunicación.

A tres años de sus muerte recordamos a José Luis Gavira como uno de los fundadores de ARPAS, como el hombre que apoyó a varios proyectos de radios comunitarias con su experiencia técnica. Entregó su vida desde el día que llegó a Nuevo Gualcho: fue maestro popular, dentista, enfermero, constructor, técnico en electrónica, etc. Aprendió de todo, y todo para dar respuesta a los problemas de los pobres. Te saludamos José Luis en el día de la Libertad de Prensa, día en que tu último aliento lo diste por los pobres de El Salvador.

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