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Y la justicia comienza

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y Editor

Suplemento Tres mil

 

No sabemos donde quedó su cuerpo ni quienes en realidad se lo llevaron, tampoco quienes lo torturaron y asesinaron, tenemos indicios y pistas que deben ser investigadas. Tenemos claro que lo secuestraron frente a la Plaza del sol en la calle Mediterráneo de Antiguo Cuscatlán cuando salía de clases y se lo llevaron con rumbo desconocido. Pero sí sabemos que  los criminales que secuestraron a Edgar Mauricio Vallejo Marroquín cometieron el delito de desaparición forzada, un delito continuado que no tiene prescripción y mi padre se encuentra dentro de los listados que las Naciones Unidas solicitaron que se investigaran y esclarecieran, por lo cual cada dos años se debe presentar un informe de los avances de parte del Estado ¿Por qué no se ha hecho? ¿Por qué tanto silencio en el caso de mi padre?

Mauricio Vallejo era escritor, cantautor, ideólogo y estudiante salvadoreño, miembro de las Fuerzas Populares de liberación (FPL) fundador de las células de Tonacatepeque, miembro del Movimiento de Cultura Popular (MCP) y colaborador de las Fuerzas Universitarias Revolucionarias 30 de julio (FUR-30). Buena parte de su obra literaria puede consultarse en las hemerotecas en ediciones dominicales de la Prensa Gráfica en El Salvador y de la Prensa Literaria Centroamericana entre 1976 y 1981. Además en la revista La Pájara Pinta que se editaba en Extensión Universitaria de la Universidad de El Salvador; además de La Pancarta, órgano divulgativo del MCP. Y de forma póstuma se ha publicado su poemario Cosita Linda que sos. El resto de su obra sigue esperando su publicación, algo que nos hemos prometido lograr.

Por años hemos luchado por encontrar la verdad, desde el momento en que se denunció el delito en distintas instancias como Tutela legal de Arzobispado el 6 de julio de 1981 presentada por mi abuela María Julia Marroquín de Vallejo, y la solicitud de Habeas Corpus presentada por mi madre, Patricia Márquez de Vallejo, el 22 de julio de 1981 (De la cual jamás se nos dio justicia y mucho menos respuesta). Y seguimos en la espera de justicia y reparación como el personaje de la obra El coronel no tiene quién le escriba de Gabriel García Márquez.

Sin embargo, hemos encontrado una luz, una esperanza gracias al XI Tribunal Internacional para la Aplicación de la Justicia Restaurativa en El Salvador desarrollado del 24 al 26 de abril en la Universidad José Simeón Cañas (UCA). Volvimos a tener esperanza y estamos convencidos que se lograra conocer la verdad.

El Instituto de Derechos Humanos de la UCA (IDHUCA) nos llamó para ventilar el caso de mi papá, quien era estudiante de la UCA al momento de su desaparición junto con otros casos de estudiantes en las cuales hay asesinatos y masacres que deben ser esclarecidos. Mientras no exista verdad, no puede haber reparación. Sin saber quiénes son los culpables de estos crímenes no podemos perdonar.

Agradecemos a la abogada Sandra Rivera Flores y a la psicóloga Daniela Leiva, quienes son un enorme apoyo para este proceso, documentando e indagando aún más; así como tomando con mucho compromiso y profesionalismo el caso. Sabemos que aún existe mucho por hacer para poder tener justicia, y estamos dispuestos a seguir para esclarecer los hechos, para tener la verdad y darle sepultura a los restos de mi padre. Y de igual forma esperamos que todos los casos de desaparición forzada sean esclarecidos y sus familiares puedan enterrar los restos de sus seres amados donde pueden descansar y al fin dejar una flor por su recuerdo.

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