Luis Alvarenga sobre Héctor Silva Argüello: “Una apuesta muy importante por impulsar la cultura del municipio. Fue un político, creo yo, bastante atípico en El Salvador, porque realmente creía mucho en la democracia, participación y en la búsqueda de entendimientos. Buscó realizar ese carácter ético que debía tener la política”.
Samuel Amaya
@SamuelAmaya98
En la biblioteca de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) Luis Alvarenga, presentó su libro «Héctor Silva. Ética, política y democracia en El Salvador 1947-2011», un recuento de la vida política y de la historia del país desde el perfil del exalcalde de San Salvador.
Mauricio Silva, hermano de Héctor Silva Argüello, uno de los coordinadores del libro y catedrático de la UCA, señaló que la última década del siglo XX y las primeras del XXI, “fueron años duros y turbulentos, pero llenos de esperanza que marcaron a toda una generación y a El Salvador”; con esa frase se dio inició a la presentación del libro.
Silva señaló que esas décadas estuvieron marcadas por movimientos sociales y políticos que ofrecieron resistencia y plantearon posibilidades de reformas estructurales. Explicó que en los años 60 y 70, esos sectores que optaron por la vía democrática lograron ganar elecciones, pero se les negó el poder mediante maniobras fraudulentas e ilegales y luego, enfrentaron “una represión cada vez mayor y más brutal”. Esto, en referencia a que se perseguían, se encarcelaban, se torturaban, se forzaban al exilio y se asesinaron impunemente: de hecho, comentó que se instauró el miedo como la herramienta más efectiva contra la oposición.
Esto motivó a que un grupo de la oposición tomara las armas; pero hubo quienes no eligieron esa vía y prefirieron ir por la vía democrática y de hecho, así surgió la Alianza Democrática Revolucionaria, la cual, su principal expresión fue el Frente Democrático Revolucionario (FDR), donde Héctor Silva Argüello fue miembro y posterior líder.

Es por ello, que se volvió necesario contar la historia, se tomó como hilo conductor la vida de Héctor Silva, se buscó a Luis Alvarenga y se comenzó a entrevistar a algunos de los protagonistas de las crónicas; entre ellos a Francisco Días Rodríguez, Rubén Zamora, Héctor Dada, a Adrián Rivas Valencia (motorista y guardaespaldas de Héctor Silva).
Luis Alvarenga corroboró y complementó sus relatos con la investigación histórica. Las palabras “ética, política y democracia” incluidas en el subtítulo del libro es porque jugaron un papel importante en la misma historia del país; por ejemplo, la realidad salvadoreña en su momento llevó a la población a preguntarse qué hacer, la ética permitió encontrar respuestas; la democracia, es porque Héctor y otros personajes la fueron creando con los movimientos políticos y sociales. La tercera palabra “política” representa el ámbito donde se lideraron esas batallas.
El libro, dedicado al nieto y a las nietas de Héctor, aspira a que las nuevas generaciones de salvadoreños comprendan ese capítulo de la historia de El Salvador y que, a través del ejemplo, se sientan impulsados para luchar por un El Salvador más justo y democrático.
Luis Alvarenga señaló que el libro no es una biografía en el sentido convencional, sino que se centra en el personaje y se cuenta la historia. “A través de la vida de Héctor Silva, tratamos de hacer un ejercicio de memoria de la historia del país, la historia del país relatada desde la perspectiva de las luchas democráticas, no violentas, desde los años 60 cuando Héctor Silva se inicia en las organizaciones estudiantiles católicas de la Universidad de El Salvador”.
Silva fue dos veces alcalde por San Salvador (1997 a 2003) en alianza del FMLN y la Convergencia Democrática y quizá es la etapa de su vida más conocida; por ello, el libro con los 11 capítulos relata los diferentes periodos de su vida y cómo influenció en la construcción de una democracia.
De hecho, se caracterizó por la participación ciudadana; la población capitalina le mostró su apoyo e incluso resonó para ser candidato presidencial del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Durante el primer Gobierno del FMLN (2009), Silva acepta ser el presidente del Fondo de Inversión para el Desarrollo Local (FISDL); ahí se creó la pensión básica universal y su gestión estuvo caracterizada por la promoción de la transparencia; tema del cual habló hasta sus últimos días; murió en diciembre de 2011 luego de malestares físicos.
“En el libro hacemos este recorrido de la historia del país que se reflejó en la vida de Héctor Silva, podemos decir con toda legitimidad que Héctor Silva se vio interpelado por la historia de El Salvador, la historia no como una cosa abstracta, una cosa lejana que está entre los libros, sino como algo que duele, algo que tiene que ver con hombres y mujeres concretos y con su lucha por la vida diaria”, destacó Luis Alvarenga.

Héctor Silva tomó decisiones difíciles, lideró causas que sabía que no tendría ganancias personales como mediar con el gobierno de Francisco Flores y los médicos y trabajadores del sector salud que habían hecho una campaña muy fuerte de lucha contra la privatización que había mantenido paralizado el sistema de salud.
“Silva se mete a tratar de mediar entre estos dos sectores, mientras que eso le iba a pasar la factura de cómo efectivamente pasó. No era el político tradicional, era un político muy arriesgado en función del bien común”, comentó Alvarenga.
En el epílogo, Héctor Dada Hirezi, colega y amigo de Héctor Silva, reflexiona sobre los principios y valores que se desarrollaron en esa época, y que contribuyeron a crear las condiciones necesarias para comenzar a construir un mejor El Salvador. Dada concluye que los acontecimientos recientes han hecho retroceder, lo que se había construido.
En la presentación, a través de una videollamada, Dada Hirezi dijo que una característica fundamental de Héctor “es que siempre fue fiel a sus principios. La democracia es uno de ellos, su fidelidad a los principios democráticos fue permanente. Segundo, su constante lucha por el bien común; pese a venir de una familia con muchos privilegios, prefirió sufrir la represión de quienes se oponían a la democracia, para trabajar por el bien común”.
“Tuvo la convicción de que el Estado era la casa de todos, no la casa de unos cuantos que se sirven de la mayoría, y que la participación de los ciudadanos, los dueños del Estado, es indispensable para pensar en la construcción de una verdadera democracia”, comentó Hirezi.
El libro se encuentra a la venta en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) y la Librería de la UCA. El libro se habría iniciado el año pasado en el primer trimestre.
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