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Tres actitudes que limitan

Francisco Javier Bautista Lara

Hay, viagra sale entre otras, sildenafil tres maneras de actuar –aunque no nos percatemos y cueste reconocerlo- pero son comunes y frecuentes, treatment contaminan y limitan la comunicación cotidiana, obstaculizan el desarrollo personal y social, expresan una actitud, nuestra percepción sesgada por prejuicio, miedo o incapacidad, son el reflejo de la principal barrera que impide a las personas y a la sociedad comprendernos para avanzar y construir. La primera es creer que el otro sabe lo que uno piensa, deducirlo sin haberlo dicho, sin expresarlo con claridad, como si las personas pudieran leer los pensamientos o estuvieran obligados a deducir la voluntad ajena, eso del refrán “al entendido con señas” no debería asumirse con generalidad. Ocurre en los objetivos y tareas de una empresa u organización, del jefe hacia sus empleados, del maestro a sus alumnos, del padre a los hijos, de la mujer al marido y viceversa…, sucede en el funcionamiento social, en la relación laboral, familiar y personal. Dar por entendido que el otro sabe, entiende o conoce lo que hemos pensado -o talvez dicho a nuestra manera-, ¿sabemos lo que queremos? –a veces ni eso es claro, ¿cómo pretender que el otro lo sepa?-, sin que exista comprensión de ello, no solo por nuestra omisión, sino porque los individuos y grupos sociales aprendemos de manera distinta y en distinto tiempo, una misma frase puede tener connotación diferente, según las experiencias personales, según la cultura y creencias, las predisposiciones y prejuicios. Ello nos lleva a perder el tiempo, a distraer los esfuerzos, a agotar los recursos, dispersa los propósitos, genera incomodidad y afecta la convivencia. La segunda es que, ante una pregunta clara –o una discusión sobre un asunto-, respondemos otra cosa distinta, quizás vinculada –según nuestra lógica personal-, pero no directa al punto, no propia de la cuestión en referencia. La conversación se desvía. Nos vamos por la tangente, divagamos en las conversaciones con dificultad para concretizar, se habla de la inmortalidad del cangrejo, quizás por costumbre, miedo, incomprensión o distracción, porque en nuestra cabeza se construyó una deducción desconocida para el otro, propia de nuestra imaginación y prejuicio. Respetar el tiempo personal y el del otro es importante, relajar la conversación no implica diluirse sin enfocarse ni llegar a nada.

Por último nos referimos a la capacidad de evadir la responsabilidad personal ante un error o fracaso, le echamos la culpa a otro: al maestro, al jefe, al compañero, al marido, a la mujer, a los padres, al vecino, a la organización, al pasado, al extranjero, al gobierno, al sistema político, al clima, a la falta de tiempo, a la circunstancia, etc. No tomamos el toro por los cuernos. Pretendemos evadir la culpa, las consecuencias de nuestros actos, incapaces de asumir nuestras decisiones, actuaciones u omisiones con sus efectos, sin reconocer los defectos y debilidades y por lo tanto, sin intención de cambiar y mejorar. Al evadir no identificamos la obligación propia, ¿es falta de humildad o ignorancia? Es actitud, nuestro principal obstáculo. Si el culpable (intencional o no) y la responsabilidad, afirmamos o pensamos que está en otros, conclusión, no depende de mí, sino de otro, es una variable que no controlo, por lo tanto, no hay manera de influir y mejorar lo que de mí no depende, típica excusa que asumimos como práctica y visión personal y social, tal vez eso consuela, libera de obligaciones y nos estanca en donde estamos. La escritora norteamericana Erika Jong escribió: “Tome la mano en sus propias manos y ¿qué sucede? Una cosa terrible: no hay nadie a quien culpar”. Según Carlos Fuentes: “Algo se ha agotado en América Latina, los pretextos para justificar la pobreza”, podemos explicarla, pero es injustificable…

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Un Comentario

  1. Encontré dos actitudes negativas:
    1- Incapacidad comunicacional.
    2- Irresponsabilidad.
    Ante ellas planteo e insisto desde el plano educativo:
    a- Pasamos 3 años de preescolar, 9 años de básica y 2 de bachillerato “estudiando” Lenguaje y Literatura; que en su objetivo básico más profundo debería prepararnos para comunicarnos eficiente y efectivamente en forma oral, escrita, gestual y corporal.
    Resultado: Incapacidad comunicacional. Decimos lo que pensamos, de manera tal que los demás interpretan lo que quieren. Vivimos dando explicaciones sobre lo que quise decir, y vivimos preguntándonos sobre lo que el otro quiso transmitir. Hablamos, pero nuestro cuerpo y nuestro rostro reflejan otra cosa. Pensamos, pero no podemos expresarlo en papel. Escuchamos palabras, pero no comprendemos su verdadero significado. Total: caos comunicacional en la casa, la escuela, la sociedad, los medios de “comunicación”, los políticos y dirigentes. Al final, cada quien que entienda lo que quiera y haga lo que le de la gana.
    ¿Dónde está la falla? En el modelo y técnica educativa. Obligar a aprenderse el diagrama de la comunicación, no nos enseña a comunicarnos. Aprendemos a comunicarnos COMUNICÁNDONOS; pero no a través del chat o de fb. Es la relación directa, la escucha atenta, la palabra a tiempo y la actitud positiva la que nos pueden sacar del oscurantismo comunicativo.
    b- Responsabilidad. En nuestro medio, la responsabilidad se mide con reloj; la reporta el capataz, la registra el docente. Pensamos que ser responsable es entregar la tarea a tiempo, asistir puntualmente al trabajo, marcar la salida y la entrada.
    En realidad, responsabilidad es reconocer mis actos (buenos y malos) y tomar las acciones necesarias para revertir aquellos efectos que me dañan.
    La persona responsable es productiva, sin necesidad de un capataz; el hijo responsable, acepta sus errores y enmienda no porque le convenga a los padres, sino porque es bueno para sí. Requiere de raciocinio, análisis y comprensión de los hechos propios y ajenos. Es una actitud que no se está alcanzando en ningún nivel educativo (casa, escuela, comunidad, sociedad, medios de comunicación, políticos, aplicadores de justicia, etc). Todos nos “enseñan” a evadir, a limpiarnos en otro, a ser impunes (mientras más grande el error, mejores posibilidades de impunidad). “Yo pasando iba”, es la solución fácil.

    Ahora bien, se puede cambiar esta realidad si desarrollamos un enfoque educativo diferente. Enseñar con el ejemplo, enseñar a partir de la realidad con enfoque analítico, crítico, pro-positivo, valorativo y activo. Niños y niñas son capaces de razonar desde muy temprana edad. Entienden y comprenden las situaciones que les rodean, pero no les damos la oportunidad de expresarse, de liberar sus capacidades. Los obligamos a obedecer, repetir, callar y les examinamos para “aprobarlos” o “re-probarlos” ¿Hasta cuándo comprenderemos por dónde debe ir el proyecto educativo? ¡Ya no más educación al servicio del mercado!

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