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martes , 24 abril 2018
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Poemas del poeta rumano Virgil Diaconu

Poemas del poeta rumano Virgil Diaconu

Traducción de la escritora rumana Elisabeta Botán

 

EL RELOJ

Todo empieza por la tarde, sick cuando el reloj de la torre

empieza su ronda de noche. Cuando el reloj de la torre

hace su ronda de noche con sus soldados por mi habitación.

Todo empieza por la tarde, rx cuando escapados del cuartel de hierro

los soldados del reloj parten a conquistar la ciudad.

Cuando camino por las calles, cialis de repente me despierto rodeado

de estos guerreros que piensan que se lo merecen todo.

De estos guerreros que afilan sus sables con mi vista.

Todo empieza por la tarde, cuando el reloj de la torre

hace su ronda de noche con sus soldados por mi habitación.

Por el alma olvidada sin cerrar. Ves,

los que se han ido corren toda la noche dentro de mí.

A veces oigo entre ellos la voz de mi madre

que me llama desde la lejanía del jardín, del azul.

Las voces de mi madre, que con sus caricias me atan las heridas

y me regaña con una lagrima.

Me siguen el reloj con sus soldados y la oscuridad.

Soldados que no puedo vencer. Así que al final

tendré que aceptar la guerra y reunir todos los ejércitos.

Hacer nuevas alianzas con el Bosque y el Austro.

Y llevar al día mis antiguos tratados con los gorriones.

Los tratados desde los tiempos que todos habitaban un nido:

en la mano de Dios. Si, ¡tendré que prepararme

para la gran batalla! Reunir mis ejércitos y salir al campo,

al combate. No tengo ningún temor, ¡Dios está conmigo!

¡Ya el Bosque ahuyentó a los soldados con su verde!

Y las legiones de gorriones con sus trompetas han derribado ya

los muros de la oscuridad. El Jericó de la noche.

Yo vivo en un reloj.

Esta noche mis pensamientos se irán a la guerra. 

 

LA ISLA

Esta mañana el jazmín y el azufre son el horizonte.

En los matorrales –el alma agitada.

Por aquí han pasado seres  de otro mundo, y él les busca la huella.

No hay más que gorriones, que desnudan  en el aíre  el sendero

que la isla esconde entre piedras y hierbas.

No es más que una huida de lagartos, que sacude las hierbas.

No es más que la riña caída del cielo de los arrendajos.

Son los semblantes de la eternidad en la tierra.

¿Quién osará contarlos? El ejército de los escaramujos florecidos

y los arrendajos que han conquistado el aíre son tantos senderos

para el recién llegado de las cenizas de la noche.

Parado bajo el hacha, el topo les servirá de alimento

por un tiempo a las hormigas rojas…

Otro día más y dirás que no ha pasado. 

¡No te apresures! Tienes tiempo para alcanzar las urracas,

estos pensamientos en blanco y negro que siempre se te adelantan,

relampagueando a los arboles.

¡No te apresures! El sol volverá aquí cada día

CORONA

Mi infancia entre dos iglesias…

Ella, escondida entre los golpes de campana,

para alcanzar a los santos en el instante justo

que bajan de sus iconos a la tierra.

Una infancia llena de santos, una iglesia de donde,

Escapada, la luz corre por las calles.

¡La infancia! Una noche de Pascuas,

cuando la Resurrección se comparte entre todos.

A todos los muertos y a todos los vivos… ¡La Resurrección!  

Mi infancia entre dos iglesias.

Con la princesa de la mano camino sobre sus huellas. Con la luz de la mano.

El tordo canta un lied, que tiene que ser el alma de Job,

tras perder a sus hijos.

Hasta el otoño pasa por mi alma con todos los nidos.

Con todos sus gorriones que Dios entierra en las ramas

para brotar en la primavera.

La infancia, ¡la invencible infancia!

Con su espada de madera corta las cabezas a los dragones de la noche.

Aquella que ahora me coge de la mano en el bosque:

soy la mariposa, soy todos esos colores que aletean hacía ti.

Soy la abeja que toca con su ala en la puerta de los narcisos.

¡La infancia! Que se oculta por la noche en mis brazos.

Que grita en sueño. Quizás la corona de espinas le aparece en sueño,

la corona de espinas empieza a asomarse… Espina con espina – a mostrarse.

La infancia, muy poco le queda hasta el Apocalipsis. 

Mi soledad sube a la Luna.

Ni siquiera sé donde he dejado mis pensamientos a noche.

¿Serán ellos las manzanas de la cabeza del árbol? ¿Las ensangrentadas manzanas?

Ni siquiera sé donde he perdido mi alma.

¿La habré olvidado con los grillos?

¿Será el canto del tordo, tras perder a sus hijos?

La infancia, ¡la invencible infancia!

Una llama con las manos vacías, en el combate con la oscuridad. Con las espinas.

Y como corta una tras otra las cabezas de la oscuridad,  

cada mañana ella me saca victorioso de los matorrales de la noche.

De los matorrales de la corona de espinas.

La infancia, ¡la invencible infancia!

¡FUTURO DE ORO!

El partido rojo dio la señal de la trompeta en el cuartel de los jorobados

y sus encorvadas espaldas han salido a protestar.

Hasta las piedras cubicas de la calle Basilio Lobo

se han cogido de la mano con los agujeros de los zapatos

que viven en el barrio de R?zboieni

y han salido a derrocar el Gobierno.

-Cuidado que no te rompas los huesos esta vez también,

le dijo la vieja peinada como un reloj despertador

a su hijo que salió disparado de la casa a la llamada del partido

que organizó esa rebelión espontanea… Una rebelión

para  proteger a la democracia, es decir a las cuentas en euros,

a las piscinas y a los chalets de lujo. Una rebelión a mano de los bobos

que han salido a la calle; a los bobos que ondean la bandera

y cuentan los huesos rotos por los bastones de goma

de los policías.

Se escucha que estos días será elegido

el nuevo primer ministro, el alimentado con agua de rosas

y clonado cerca de las Tesis del Julio “71.

-Así que coged vuestras pancartas y corred a la Plaza de la Revolución,

si queréis que os aumente  la ración y el subsidio,

dijo el organizador de esta rebelión espontánea…

-¿Y  a nosotras por qué nadie nos llama?-

han gritado, crujiendo, las camas del piso

del traficante de los placeres sexuales pagados por hora de los elegidos.

-Queremos salir a la calle para demostrar,

dijeron las cucharas y los tenedores del hotel de lujo.

¿Qué, nos falta visión política?

Mientras las viejas glossy que se agitan en la demostración

dan declaraciones de colores en los puestos TV, las cucarachas gubernamentales

preparan la sopa del pobre para los manifestantes

de la plaza,

de rápida elaboración que contiene las mejores E importadas.

 -¡Abajo el Gobierno!–gritaron

las pancartas de la Plaza de la Revolución y sus claques rojos.

 -¡Abajo el Gobierno!–gritaron los héroes de la nación

en los bares de la amargura; en los bares de la amargura

servida a cien gramos en vasos transparentes de cristal.

  -¡Abajo el Gobierno!–gritaron los héroes de esta nación de héroes,

bajo las pancartas preparadas desde hace tiempo

para esta rebelión espontánea…

Mientras que las viejas glossy saborean las electorales coles rellenas

y disfrutan de los fuegos artificiales que les oxigenan los pulmones,

el general Esposa el jefe de la Policía

le da la espalda a la historia,

y la señora Verja Bodeguero de la Justicia

hace como que no ve ni esta vez el soborno electoral.

Ahora mismo instalan al primer ministro,

a este chico totalmente plagiado según las Tesis del Julio “71.

 -¡Futuro de oro tiene nuestro país!–grita una boca rota

desde la multitud, despertando a los nostálgicos  entre las uniformes invisibles

que guardan el orden y la disciplina de esta rebelión espontánea…

-Ya pueden florecer los cerezos, añade el poeta,

que está grabado por las uniformes invisibles en este instante.

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