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miércoles , 18 octubre 2017
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Perfil esperado del nuevo Sistema de Transporte Colectivo

Wilfredo Mármol Amaya
Psicólogo

Miércoles 21 de enero de 2015. Un día histórico para la ciudadanía capitalina, health y porque no decirlo para la sociedad salvadoreña, stuff en cuanto al trato que como seres humanos nos merecemos. Fue puesto en marcha la segunda fase del SITRAMSS, here ese proyecto esperado por la mayoría, pero vilipendiado y difamado por aquellos que durante décadas y décadas fueron los responsables del maltrato en el servicio del transporte colectivo. Porque la indiferencia es parte de la irresponsabilidad. Un transporte colectivo que tuvo tanto poder de decisión, por el hecho que los partidos tradicionales le usaron para movilizar a sus votantes. El  21 de enero, por lo tanto es un día  histórico, marca un antes y un después en la construcción de ciudadanía.

Al día siguiente un periódico matutino describe la algarabía de Doña Sandra, usuaria del servicio”… Dentro de la unidad se sentó, puso el bastón en el suelo y gritó ¡Viva el Sitramss!…”

¿Pero cuál es el perfil esperado por la ciudadanía del nuevo sistema de transporte colectivo?

En primer lugar, un trato humanitario de los motoristas. Se esperaría que el chofer no interactué innecesariamente con la gente y se dedique a ejercer de manera responsable sus labores públicas. El sistema obsoleto heredado al gobierno del FMLN, se ha caracterizado por un menosprecio a la esencia humana, personas golpeadas al bajar y subir a las unidades, vejámenes de motoristas y cobradores, “tópese que van con ropas”, el famoso “Sí quiere bájese” se esperaría que desapareciera una vez y para siempre. Motoristas ejemplarizantes, diligentes, prudentes y no alcoholizados o drogados es lo que la gente desea ver, es decir  motoristas con vocación de servicio, éticos y honorables.

Un servicio diferente en cuanto a la flotilla, no más unidades en desgracia existencial. Aquellos buses que deshonraban el sentimiento humano, chatarras, altamente contaminantes del medio ambiente que provocaban heridas por las latas afiladas deben ser cambiados, en beneficio del respeto total y absoluto de las personas.

Generación de un sentimiento de confianza y seguridad. La contaminación acústica debe ser parte de un pasado para no regresar jamás. La música estridente al gusto de choferes inescrupulosos debe ser transformada en un ambiente de lectura, de francas tertulias entre los usuarios, que quede tiempo y espacio,  para disfrutar del viaje. Sentir que el SITRAMSS brinda un sistema de cámaras y videos monitoreados es la correspondencia al mundo civilizado. La presencia de las autoridades uniformadas, ponen aun mayor certeza en la percepción ciudadana.

Los salvadoreños deseamos ser parte de ese sistema civilizado en que se paga el uso del transporte a través de tarjetas electrónicas. No más efectivo donde la permisividad de quedarse con el cambio sea patrimonio de los motoristas y cobradores del antiguo y reciente servicio, aun paralelo.  Ya nos mas competencias furias y peligrosas entre buses de las diferentes rutas, tratando de llevarse el botín a como dé lugar, sin importar pérdidas humanas en accidentes de tránsito, donde pagan con su integridad física y moral los peatones y usuarios del mal llamado servicio colectivo de buses.

Esta nueva visión del SITRAMSS permitirá que los buses cumplan con los horarios establecidos y se respeten los puntos de bajadas y subidas. Lo que ya no deseamos ver son buses en medio de los semáforos, deteniendo el normal desarrollo del tránsito, sobre todo la consideración a las personas que caminan. Parando para bajar y subir personas donde apunte la nariz a los conductores. Me decía una familiar residente en los Ángeles California, que pasar el semáforo en rojo, implica que  llegará a la casa un ticket con la fotografía del conductor por un monto a pagar de $360.00.

El trato cortés y cuidadoso de las personas con discapacidad, personas adultas mayores y la niñez. Ha llegado la hora, y el SITRAMSS puede darnos esa oportunidad, de deconstruir (desaprender lo aprendido) de tratar a personas con condiciones especiales como nos gustaría que nos trataran a nosotros mismos. Muchas veces los discapacitantes, somos las personas que nos consideramos “normales” por el hecho de tener nuestras manos,  visión, o no andar sobre una silla de ruedas. Ojalá y el SITRAMSS sea un enfoque inclusivo y sea considerado con estas personas, componente inherente de la sociedad. Los motoristas deben ser capacitados en la atención esmerada, prudente y ética a las personas en general.

El paso de un sistema antiguo a uno nuevo, siempre provoca resistencia al cambio. En especial de aquellos que se han beneficiado y aprovechado de dicho sistema. La ciudadanía ya no quiere ver empresarios de buses que siembran tempestades y  cosechan calamidades, incluso empresarios disfrazados de diputados sugiriendo leyes a la medida de sus propios intereses, como el perdón de las multas por sanciones al ejercer su trabajo. Ha llegado la hora de una casta empresarial que anteponga el servicio ciudadano que le brinda una concesión estatal, más que a sus ganancias a ultranza.

Ahora bien, la preocupación de los sectores de la derecha tradicional, incluyendo el principal partido político de oposición que les representa, que centran su atención en el precio del nuevo servicio, más que en destacar sus bondades, pero ya lo ha dicho William Shakespeare, “Con el cebo de una mentira se pesca una carpa de verdad.” La ciudadanía sabrá valorar la diferencia.

En términos generales, este es parte del perfil esperado del nuevo sistema de transporte colectivo, llamado SITRAMSS; sin embargo hay que destacar la existencia de empresarios de buses, motoristas y cobradores que han sido ejemplares en el sistema antiguo, no reconocerlo sería una injusticia; a  estas personas dar el salto a la nueva modalidad no les provocará los partos con dolor que mantienen inmisericordemente los que se oponen al servicio ciudadano, razón de ser de todas las cosas.

Sigamos construyendo ciudadanía a través de los servicios públicos que la población salvadoreña se merece,  al menos de 50 años atrás.

Que así sea.

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