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miércoles , 18 octubre 2017
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Paraísos fiscales e infiernos sociales

Juan Carlos Sánchez Mejía
Miembro del Movimiento Ciudadano 5+

Recuerdo aquellas tardes en la parroquia de mi pueblo, case donde un afable sacerdote y su severo sacristán nos enseñaban esa monótona, pero enérgica catequesis para que cada cipote y cada cipota entendiéramos muy bien la diferencia entre el paraíso y el infierno. El paraíso es el premio que se gana toda persona que tiene una vida bondadosa, solidaria y dedicada al prójimo; el infierno– nos decía, con el dedo inquisidor en alto – es el castigo que se paga por los pecados sin confesión, ni redención. Ahí supimos que en el paraíso habitan ángeles y arcángeles en un clima de paz y armonía; y que en el infierno viven los demonios, que son los crueles verdugos de las personas que obraron mal en su vida.

Pero como pensaba Galeano, ¡qué curioso, ahora parece que las cosas andan al revés! Se les llama paraísos fiscales a aquellos territorios o Estados que ofrecen facilidades para que los capitales – mejor dicho, los capitalistas – globales puedan esconder sus fortunas, algunas de dudosa procedencia, para evitar las obligaciones tributarias en sus respectivos países. A eso se le llama evasión fiscal, que también podemos llamar como corrupción tributaria – y si prefiere, pecado fiscal – ya que se trata de la creación de mecanismos para maniobrar y engañar al Estado sobre los ingresos reales que tiene una persona natural o jurídica, lo cual les permite no pagar, o pagar menos impuestos, que son la fuente principal que tiene un gobierno para brindar los servicios que la población necesita para vivir en condiciones de dignidad.

Eso no tiene nada de celestial, pero se le llama “paraíso fiscal”. O sea, al lugar donde se puede mentir, ocultar, derrochar, traficar adulterar… se le llama paraíso. Pero lo más grave de esto es que son precisamente esos paraísos los que generan los verdaderos infiernos sociales que sufren la mayoría de nuestros países, especialmente la población pobre o, mejor dicho, la población empobrecida por esos inhumanos pecados.

Vemos algunas cifras. Según un estudio de la organización internacional OXFAM:

Cuatro países latinoamericanos se encuentran en la lista de las 20 naciones que más dinero poseen en paraísos fiscales (…)

Los brasileños escondieron en sitios como los caribeños Antigua y Barbuda, Bahamas o Dominica unos 519.500 millones de dólares, el equivalente al 160% de la deuda externa del gigante sudamericano. La cuenta incluyen los fondos que se fueron de ese país entre 1970 y 2010 y las ganancias que generaron lejos del control tributario. Le sigue los mexicanos, con 417.500 millones, el 224% de su pasivo exterior. Después están los venezolanos, con 405.800 millones, nada menos que el 728% de la deuda externa. Y luego, los argentinos, con 399.100 millones, o el 308%. (OXFAM, en Justicia fiscal para reducir la desigualdad en Latinoamérica y El Caribe, 2014)

Salvador Arias, un destacado economista salvadoreño, ha estado ofreciendo cifras alarmantes desde hace varios años sobre el fenómeno de la evasión y elusión fiscal. En una entrevista reciente, publicada en un periódico digital, sostuvo que se habla de más del 28% de evasión fiscal, que significan unos mil millones de dólares, “… y si a esta cantidad, se le suman los más de mil millones dórales de la elusión estamos hablando que el Estado deja de percibir más de dos mil millones de dólares como siempre lo hemos dicho” (Ver nota: Tema fiscal exige resolver evasión, elusión y endeudamiento. Contrapunto, 11 de abril de 2016)

El escándalo de los “Papeles de Panamá” ha puesto en la agenda mediática ese fenómeno que no es único, ni nuevo. Desde hace varios años, muchos países de la Unión Europea, la misma UE y los Estados Unidos tienen criterios y listas de países que son proclives a la baja o nula tributación de personas naturales y jurídicas extranjeras.

Hace menos de un año, el 16 de septiembre de 2015, el Ministerio de Hacienda de El Salvador emitió una Guía de orientación general para facilitar el reconocimiento de países, Estados o territorios con regímenes fiscales preferentes, de baja o nula tributación, y paraísos fiscales, y el tratamiento tributario aplicable. Francamente, cuesta trabajo comprender, cómo a pesar de que en esta guía oficial se reconocen las directrices de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en cuanto a los países y territorios con esa práctica lesiva, al mismo tiempo se dan las orientaciones para aplicar un régimen impositivo a las empresas y personas que hagan uso de estos paraísos. Pregunto si no sería mejor que el Estado estuviera identificando la forma de combatir esta práctica empresarial y evitar que esto siga sucediendo.

Si atendemos las cifras que Salvador Arias nos presenta sobre la evasión y elusión fiscal, muchas de ellas quizás canalizadas por medio de los beneficios que brindan estos paraísos fiscales, y si profundizamos en las investigaciones sobre las empresas salvadoreñas que se benefician de esa práctica propia de la globalización económica, seguramente podremos comprobar que aquellos sectores poderosos que hoy se rasgan las vestiduras pidiendo más acción del gobierno en salud, educación, seguridad, desarrollo económico… tienen una inmoral deuda con la población vulnerable de nuestro país.

Su paraíso fiscal, descansa sobre el infierno social que provoca su inmensa insensibilidad y su poca noción de patria.

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