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OTRA LECTURA DE NUESTRA HISTORIA

Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador

En el 3er año de gestión, hemos escuchado en cadena nacional un interesante discurso donde la argumentación giró en torno a una lectura muy interesante de nuestra historia.

Afirmó el ejecutivo que la guerra no fue nuestra, que fue decidida desde el exterior, que fuimos peones de quienes en definitiva y en remoto, fueron los verdaderos artífices.

No.

El conflicto salvadoreño es tan nuestro como nuestra historia, pues el primer alzamiento luego de la fundación de la República, hace 200 años, fue apenas 7 años luego de separarnos de la federación [Historia de El Salvador, tomo 2].

Luego, en períodos que van de los 15 a los 42 años, enfrentamos conflictos sociales, siempre por las mismas causales, incluido el pasado, iniciado con el asesinato de Monseñor Romero, en marzo de 1980, concluido en enero de 1992 con la firma de los acuerdos de paz, en Chapultepec, México, y el presente, iniciado con la anulación del Foro de Concertación, a apenas meses de su fundación y en la administración que le diera vida [Cristiani], para luego embarcar al estado en el más radical de los procesos privatizadores de América Latina, incapacitando al estado y anulando su incidencia, generando así los espacios que favorecieron a mafias y terrorismo doméstico.

Sí, fueron fuerzas exógenas las que financiaron el conflicto en el marco de otro mayor, EEUU, pero explotando un enfrentamiento que tiene la edad de la República.

En el inter el país fue entregado por las mismas fuerzas de ultraderecha que socavaron los acuerdos de paz, a los carteles de la droga [DEA], facilitando el territorio para conducir la droga a EEUU, como llevar las armas provistas para los mismos por el ejecutivo estadounidense, como parte de los acuerdos en el arreglo Irán/Contras.

No debemos entonces, perder de vista que la violencia político social entonces se corresponde con la histórica exclusión de la población, lo que está debidamente probado y corroborado por sendos estudios de acceso público [BID, BM, FMI].

Entonces, el discurso presidencial procura en realidad otra versión de los hechos, insinuando que somos víctimas ingenuas de intereses extranjeros, y no existe, ni ha existido ninguna lucha de clases, cuando en realidad esa es la esencia de nuestra historia.

Eso es tan falso como la afirmación de que no hay asesinatos en nuestro país, cuando las desapariciones, extorsiones y crímenes continúan, pues se reprime a una sola de las estructuras terroristas, no así a las demás con las que se conserva por ahora el acuerdo hecho público recientemente.

El resto de su narrativa gira en torno a autocomplacerse y afirmarse como el mesías del que debemos estar agradecidos.

Por supuesto que deseamos nuestra soberanía, pero tejida en la realidad y no abandonada en el vacío de un discurso sin sustancia, celebrando logros inexistentes, aplaudida por pocos incondicionales fanáticos y una bancada incapaz de pronunciarse por iniciativa propia.

La realidad empero es más cruda: no hay logros tangibles en 3 años de gestión, y sí la cleptocracia mitómana más incapaz de nuestra historia.

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