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¿Olvido o renuncia?

Mauricio Vallejo Márquez

 

No sé si de verdad será una bendición toda la libertad que existe en nuestros celulares para navegar en internet, toda la información que se encuentra a la mano y todas las oportunidades de crecimiento que se tienen. Definitivamente, existe una gran posibilidad de crecimiento que puede aportarnos para mejorar como personas y que seamos más entendidos en muchos temas; sin embargo, también está la posibilidad de que tengamos mayor vulnerabilidad para ser estafados, engañados y confundidos.

Cuando se investiga acerca de un tema es fundamental cotejar la información, validarla y tener materiales que fundamenten los argumentos que vamos a plantear. Lamentablemente con el internet olvidamos o pasamos por alto eso gracias a la disposición de ocio y entretenimiento que nos satisface. A veces he perdido toda una tarde al estar observando mis perfiles en redes sociales o jugando con alguna aplicación para tener como resultado esa sensación de ansiedad y culpabilidad por haber perdido mi tiempo (aunque tengamos derecho al ocio). Nos han dirigido a eso, mientras enfrentamos la decisión de aprovechar el tiempo o perderlo. ¿Acaso divertirse es siempre perder el tiempo? ¿No es necesario el ocio para generar pensamiento y creatividad? ¿No es saludable parar el trabajo y hacer pausas? Stephen R. Covey plantea en su libro Siete hábitos de la gente altamente efectiva que se debe hacer una pausa para afilar la sierra y seguir trabajando.

El trabajo es bueno y dignifica al ser humano, en tanto respete y se le respeten sus derechos y deberes. Pero en la práctica eso no siempre es así. Se abusa de los trabajadores y no se les permite el tiempo de ocio generando seres autómatas que al final del día desearán evadir la realidad y es ahí donde la internet podrá ser ese opio que les anestesie de su diario vivir.

Increíble como una herramienta tan útil para la comunicación y el conocimiento podría volverse de forma excesiva como el alcohol u otro estupefaciente al punto de ser una adicción que nos aleje de la vida, de observar un atardecer sin tomar una foto y añadirla a un estado de una red social.

Estamos tan embebidos en la cotidianidad que nos hemos olvidado lo hermoso de ver el cielo y sentir el viento con la arena del mar en la planta de nuestros pies o con la brisa de la montaña recorriendo nuestros rostros. Tanto nos ha engullido la productividad que hemos renunciado a vivir y dedicar tiempo a nosotros mismos y a nuestras familias para vegetar entre los días.

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