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El Miércoles de Ceniza hoy fue distinto ya que debido a la pandemia por COVID-19, la imposición de la ceniza no fue en la frente como se ha hecho siempre, sino que se esparció sobre la cabeza, para evitar contacto físico. Foto Diario Co Latino/Dennis Argueta

Miércoles de Ceniza, inicio del camino cuaresmal

Alma Vilches
@AlmaCoLatino

El Miércoles de Ceniza es el inicio del camino cuaresmal de preparación para vivir los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Cristo en la Semana Santa, este día se caracteriza porque a los fieles se les coloca una cruz de ceniza en la frente; sin embargo, este año es totalmente distinto por la pandemia de la COVID-19, el rito fue modificado y la ceniza fue esparcida sobre la cabeza de las personas a fin de evitar el contacto directo.

El sacerdote Erick Ramos dijo durante la homilía en la capilla San Óscar Arnulfo Romero, del Arzobispado de San Salvador, que con el Miércoles de Ceniza se da inicio a los 40 días de preparación constante para tener un encuentro con Jesús crucificado; este período también recuerda los 40 días que Jesús estuvo en el desierto en ayuno y oración.

“A partir de este momento entramos en un desierto que se caracteriza la austeridad, porque no podemos convertir la Cuaresma en un tiempo desperdiciado, de lujos, compras, comida y vanidades, tenemos que entrar en un desierto unidos con toda la Iglesia, convertirnos y ofrecer algo de nuestra vida y entregarnos al Señor. Si vivimos correctamente esta Cuaresma las palabras quedarán sobrando, porque nuestros actos ante los ojos del Señor hablan más que mil palabras”, enfatizó el religioso.

Destacó la importancia de entregarle a Dios las dificultades, problemas, enfermedades, que cada uno se ofrezca en cuerpo y alma como él lo hizo en la cruz; la Cuaresma significa subir con el Señor a Jerusalén a su pasión y muerte, pero no debe terminar en la Semana Santa, sino hay que ser constantes y poner en práctica el detenerse, contemplar y regresar al creador.

“Debemos hacer un parón de nuestro día a día, de nuestras locuras y rutinas, detenernos y preguntarnos cuál es nuestra relación con Dios, porque en vivimos preocupados de nuestras rutinas y si nos descuidamos nos alejamos de Dios y vivimos el cristianismo solo el día domingo y toda la semana vivimos olvidados de la Iglesia”, afirmó Ramos.

Asimismo, explicó que este año es diferente porque debido a la COVID-19 la imposición de ceniza no fue en la frente como tradicionalmente se ha hecho, sino sobre la cabeza y sin hacer contacto, lo cual recuerda a la sagrada escritura y la iglesia primitiva, en ese tiempo las personas que entraban en un acto de conversión y arrepentimiento ponían en su cuerpo un traje de sayal, se sentaban sobre ceniza y comenzaban a rociarla sobre su cabeza.

Aunque en algunas Iglesias utilizaron un hisopo como medida de prevención y así colocar la cruz de ceniza. Al imponer las cenizas el sacerdote expresa algunas de las frases extraídas de las sagradas escrituras, como “Conviértete y cree en el Evangelio” o “Polvo eres y en polvo te convertirás”.

La ceniza utilizada este día provienen de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior, son quemada, rociadas con agua bendita y se aromatizan con incienso. Este día es de ayuno y abstinencia para los mayores de 18 años y menores de 60, así como lo es el Viernes Santo.

Mensaje del papa

El papa Francisco señaló en su mensaje que recorriendo el camino cuaresmal, el cual conducirá a las celebraciones pascuales, se recuerda a aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión es propicio para renovar la fe, saciar la sed con el “agua viva” de la esperanza y recibir con el corazón abierto, el amor de Dios que convierte a todos en hermanos y hermanas en Cristo.

“El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante”, expresó el pontífice.

Externó que en este tiempo de Cuaresma acoger y vivir la verdad que se manifestó en Cristo significa, ante todo, dejarse alcanzar por la palabra de Dios, que la Iglesia transmite de generación en generación. Esta verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino es un mensaje recibido y se puede comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que ama al hombre antes de que sea consciente de ello.

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