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Masculinidades salvadoreñas

Rafael Lara-Martínez 

New Mexico Tech, 

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Desde Comala siempre…

 

Aquiles estaba enamorado de Patroclo. Por esto los dioses también honraron más a Aquiles. 

(Platón, El banquete, 179c-180c)

El otro Eros, en cambio, procede de Urania, que, en primer lugar, no participa de hembra, sino únicamente de varón –y es éste el amor de los mancebos–, y, en segundo lugar, es más viejo y está libre de violencia. De aquí que los inspirados por este amor se dirijan precisamente a lo masculino, al amar lo que es más fuerte por naturaleza y posee más inteligencia. Incluso en la pederastia misma podría reconocer también a los auténticamente impulsados por este amor, ya que no aman a los muchachos, sino cuando empiezan ya a tener alguna inteligencia, y este hecho se produce aproximadamente cuando empieza a crecer la barba.

(181c)

Antes existían tres especies variedades de seres humanos, y no dos, como al presente: el varón, la hembra, y además de esos dos casos, una tercera compuesta de los dos otros; sólo el nombre queda hoy en día, la especie ha desaparecido [salvo en ciertas regiones remotas]. Se trataba del andrógino el cual tenía la forma y el nombre de los dos otros, varón y hembra, de quienes estaba formado.

(189d-190d)

0.  Pórtico

El olvido en que nos tuvo

El olvido en que nos tuvo…  J. Rulfo

Resumen: “El olvido en que nos tuvo” introduce una serie de ensayos que enfocan la masculinidad en la literatura salvadoreña.  Estudia la representación del cuerpo humano en dos autores claves del canon literario esotérico salvadoreño: Salarrué y Claudia Lars.  Revestida de cuerpo en el Reino de este Mundo, su espiritualidad se dota de un sesgo inadvertido.  Se idealiza el polo activo de comportamiento —en cuestión de género—ante su contraparte pasiva degradada.  A esta elección se le llama “el cuerpo místico del delito”.  Del delito a purgar por ex–sistir.

I.  

La “¡pobre histérica!” según Vicente Acosta

¡Pobre histérica! […] se desespera y se retuerce hambrienta.  “Flor de histeria”, Vicente Acosta (102)

Resumen: El ensayo estudia la obra de Vicente Acosta (1867-1908), uno de los fundadores del modernismo y regionalismo salvadoreños.  Su poesía suele describirse como anti-imperialista, denuncia liberal de la opresión e indigenista, pese al apoyo a la industria cafetalera, la cual implica la expropiación de la tierra comunal indígena (1881-1882) y una concentración en la propiedad privada.  Su exilio en Guatemala y Honduras no lo exime de comprometerse con la modernización, la cual la expresa en el “Himno de la Exposición Nacional (1914)” y en el “Himno de la bandera (1915)”, así como en su apología de la colonización española.  El pretendido indigenismo sólo reafirma el apoyo a figuras heroicas antiguas, en desdén de sus contemporáneos náhuat-pipiles.  Su perspectiva de género subraya la ambigüedad de la propuesta política.  Una tercera parte de sus poemas se clasifican bajo la rúbrica de “Erótica”.  Pero su enfoque sobre lo femenino lo elimina una crítica literaria masculinizante en boga.  La mujer representa el deseo, el placer, la traición, el desdén, la perfidia, la vanidad y el ideal de la virginidad.  Quizás la figura femenina se contrapone al hombre como “querube” y guía insigne de la “conciencia” humana.

II.  

Novela – verdad

Teoría testimonial en Roca – Celis (1908) de Manuel Delgado

Por un “Centenario” olvidado: publicación de ¿la “primera novela salvadoreña del siglo” XX? 1908-2008

Resumen: “Novela — verdad” estudia Roca – Celis (1908) de Manuel Delgado, una de las primeras novelas escritas en El Salvador.  El ensayo analiza la manera en que el en las dos últimas décadas del siglo XX se forja el concepto de novela – verdad o de testimonio sin incluir su larga dimensión.  Según este concepto, el escritor transcribe el dictado (dichtung) de una voz popular a la letra.  Al descubrir que esta misma intención copista guía la novela latinoamericana desde su fundación, la obra de Delgado no ofrece la excepción.  En efecto, su escritura oscila entre narrar los hechos y explicar cómo obtuvo la documentación primaria para describirlos.  Como testigo e historiógrafo, el autor legitima una historia verdadera en la cual dos hombres —un letrado y un agricultor— se disputan el amor de una mujer, metáfora de la nación salvadoreña.  En fiel calco de una ranchera clásica, la advertencia final indica que “la perdición de los hombres son las malditas mujeres”.  Un presupuesto viril determina el testimonio político de Delgado.

 

III.

Antropología y colonialismo interno

David J. Guzmán, entre “poder supremo” y “capital”

La ciencia asociada con el capital está al abrigo de toda contingencia.  Todo lo supera el  capital y la ciencia.  Anales del Museo Nacional, No 3, septiembre 1º de 1903: 118.

Resumen: “Antropología y colonialismo interno” estudia el legado liberal y científico de David. J. Guzmán (1846-1927), fundador del Museo Nacional y editor de su revista Anales (1903-1911).  El ensayo destaca la perspectiva guzmaniana sobre la diversidad étnica y de género.  Si el sitio ideal de la mujer lo consignan el hogar y las labores domésticas, el del indígena salvadoreño lo determinan el pasado remoto y el ocaso cultural.    Dada la falta de “vocablos abstractos” en las lenguas indígenas, y su carácter racial de “sujeción” y “derrota”, una nueva inmigración europea resolvería la crisis económica afianzando un espíritu moderno de empresa capitalista.  El objetivo de las ciencias sociales y de la museografía consiste en aliarse con el capital para comercializar la materia prima nativa en el mercado global. (1846-1927).

IV.

“Todos los indios son blancos”

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Todas las mujeres, “señoras de la belleza en la casa”

Del racismo y el sexismo en Alberto Masferrer

Creo en las influencias del clima, de la raza […] en un pueblo [que], como un individuo, como una planta, es un organismo [biológico]…  Alberto Masferrer.

Resumen: a partir del modelo bíblico de las hijas de Lot —“preservar la semilla de nuestro padre” (Génesis, XIX: 32)— se indaga la exclusión de un texto clave escrito por Alberto Masferrer: En Costa Rica (1913).  Por precepto psicoanalítico se ocultan los errores paternos —embriaguez e incesto— a fin de actualizar su ideario de manera perenne en arquetipo de la identidad nacional.  Tal es el caso del texto masferreriano el cual rechaza al indígena de su concepto moderno de nación, a la vez que aplaude la labor doméstica exclusiva de la mujer.  Junto a “Contra el Ex-Presidente Araujo (Diario Latino, 10 de diciembre de 1931)” —carta en la cual “sean quienes fueren que han asumido el poder en El Salvador [el general Maximiliano Hernández Martínez] nosotros los aceptamos—las ideas anti-indigenistas y anti-feministas, tempranas del autor, deben disimularse por interés nacional.   En el siglo XXI, el ser masferreriano —al proponer un Minimum Vital integral— implica un doble olvido.  Se omite mencionar el rechazo inicial que efectúa una doctrina igualitaria en sus derechos, así como se calla su apoyo al régimen militar naciente en alternativa política.

V.

Delincuencia e identidad nacional mutante

Cloto (1916) de Abraham Ramírez Peña

Resumen: “Delincuencia e identidad nacional mutante” estudia una de las primeras novelas salvadoreñas del siglo XX: Cloto (1916) de Abraham Ramírez Peña.  El ensayo describe cómo la migración ilegal hacia el norte, el pandillerismo, la violencia y la corrupción no representan nuevos fenómenos sociales del siglo XXI.  En cambio, la ficción de Ramírez Peña esboza su larga dimensión.  La fechoría no expone un crimen que condena el orden legal, sino un comportamiento inherente a las convenciones sociales de las élites políticas y financieras.  Aunado a este hábito consuetudinario, la novela narra como la prostitución de la mujer —imagen de la nación— posibilita el ascenso económico masculino.  El hombre no sólo utiliza a su pareja para beneficiarse de ella.  A la vez, demuestra la manera en que tal servicio traspone la identidad personal y nacional hacia moldes inéditos.  En vez de ofrecer un carácter permanente, la identidad —social e individual— se modifica según la conveniencia política.  En Ramírez Peña, el salvadoreño descuella por su temperamento cambiante de comodín y por el olvido del pasado.

A continuar

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