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domingo , 22 octubre 2017
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Los nuevos retos de la izquierda

*Guido CastroGuido Castro Duarte
guidocastrod@yahoo.com

La izquierda salvadoreña agrupada en el FMLN, pharm ante la inminente victoria definitiva sobre el agonizante partido ARENA, treat debe asumir los retos históricos que se le plantean, de lo contrario, se arriesga a correr a la larga, la misma suerte de su contrincante.

El FMLN pasó satisfactoriamente el examen de la población, aunque no de manera contundente, ya que no alcanzó la victoria en primera vuelta, a pesar de haberse enfrentado al peor candidato que ARENA pudo poner en el ruedo electoral, y sin ignorar que su universo de votantes disminuyó en 300,000 votos aproximadamente, con relación a las elecciones presidenciales del 2009.

Un nuevo gobierno obliga a corregir los errores de la Administración Funes y a no dormirse en los laureles de la victoria.

El primer reto a superar es la necesidad de formar un gobierno de unidad nacional, en el que se agrupe la mayor cantidad de fuerzas representativas de la sociedad civil y los sectores de izquierda y de derecha que no se sienten representados en ninguna de las fuerzas políticas mayoritarias, así como a personas, que sin estar organizadas políticamente, gozan del prestigio suficiente en la opinión pública para aportar en la lucha por alcanzar el desarrollo nacional y la promoción de la persona humana. El FMLN debe entrar en una dinámica de diálogo sincero con todos los sectores y personas que se le fueron alejando luego de la firma de los Acuerdos de Paz, solo así podrá adquirir la altura que el momento histórico exige.

Sería un error histórico si el FMLN cae en la tentación de hacer un gobierno de hueso colorado, llenando los cargos gubernamentales solo de comandantes y excombatientes. El gobierno de la República no es para eso, de hecho, ya tenemos un aparato estatal hipertrofiado con grandes costos para el erario público debido al clientelismo político de los últimos 25 años.

El segundo reto es crear los mecanismos necesarios para que los funcionarios públicos, y el mismo Presidente de la República, escuchen a la gente. No puede reducirse la participación del Soberano al ejercicio del sufragio cada tres o cinco años, ya que la democracia se vuelve una palabra vacía o una utopía inalcanzable, y en la realidad, se convierte en un cheque en blanco que se entrega a un grupo político que hace y deshace todo lo que quiere, hasta que otro grupo político lo sustituye para llegar a hacer lo mismo, mientras el pueblo, sigue sumido en sus problemas diarios de supervivencia.

El tercer reto es no caer en la tentación de crear una nueva oligarquía, con todas las consecuencias nefastas que la influencia y los privilegios oligárquicos han tenido para la sociedad salvadoreña. ANEP tiembla ante las millonarias inversiones de ALBA PETRÓLEO, critican su origen y el supuesto estilo de vida de sus ejecutivos, que creían, les era exclusivo. No soportan el hecho que un antiguo guerrillero maneje una chequera de mejor calibre que las propias y creen que son los únicos que pueden ejercer la muy antigua profesión de ser “empresario”.

O se hace política o se hacen negocios, ambas cosas son incompatibles, ya que al combinarse forman un cóctel de inciertas consecuencias.

El cuarto reto es el de promover la armonía interna del Estado, no solo como mandato constitucional, sino como un requisito para alcanzar la armonía social. No podemos seguir con episodios de enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo con el Judicial, o con la Fiscalía, la Corte de Cuentas, el Tribunal de Ética o con la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, y de todos estos contra todos. ¿Cómo se va a gobernar un país si los gobernantes y las instituciones de control no son capaces de caminar en armonía, con el objeto de cumplir y hacer cumplir la Constitución?

Finalmente, el quinto reto es no caer en la tentación de seguir modelos preconcebidos o importados de otras realidades, sino por el contrario, debe aceptarse el reto de innovar, crear y desarrollar un modelo social, político y económico adecuado a la realidad salvadoreña, una realidad sui generis que no se adapta a ningún modelo enlatado de importación, tal como lo ha demostrado la historia.

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