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Los deberes de los periodistas

Salvador Ventura

En incontables ocasiones nos hemos referido a los límites de los medios de difusión al informar, ailment buy cialis comentar o decir “su verdad”, viagra pues peligrosamente caen en la omisión, troche en la distorsión, en el contexto de los hechos y hasta en la calumnia.

Lo hacen de manera adrede, por razones ideológicas de sus propietarios, por un temor infundado a perder sus privilegios y por compartir una agenda con determinado partido político. Lo reiteramos: los medios de difusión pueden tener una posición en su línea editorial, pero no pueden manipular ni informar tendenciosamente.

El Diario de Hoy, su director, ataca, calumnia, miente y difama permanentemente. En su editorial del lunes 24 de marzo, asegura “los ahorros de las AFP tienen dueño con nombre”;  pero maliciosamente sostiene que “entre las maquinaciones del nuevo gobierno han anunciado reformas a las pensiones (…) para meter mano en los ahorros”.

A continuación vienen los ataques como calificar de “rojos” y comunistas a los miembros actuales y futuros del gobierno. También adelanta que los ahorros “irán a parar a una canasta única donde meta la mano el régimen para cubrir la deuda provisional…”

El editorialista parte de supuestos y de una posición ideológica extremista que no le permite analizar con ecuanimidad tanto el sistema general de pensiones como los “ahorros”, desde luego propiedad de los cotizantes y si se quiere del pueblo salvadoreño, para compartir la tesis del editorialista.

El editorial de marras no parte de hechos ciertos, como tampoco hemos visto una entrevista o una información de un funcionario del gobierno actual o del futuro refiriéndose al tema de las pensiones, de los ahorros  o de la deuda previsional para enfocar con realismo e imparcialidad un tema tan delicado.

El director es racista, verticalista y nada objetivo para enfocar los hechos y la misma realidad política del país. No toma en cuenta la opinión de los funcionarios y ni siquiera se ha tomado la molestia de escuchar a los pensionados, al final los receptores de los ahorros de toda una vida de trabajo.

El periodista tiene límites para publicar sus informaciones y desde luego para editorializar en cuanto tiene que hacer acopio de la verdad y la certeza de los hechos. “Los comunistas” o “los rojos” como despectivamente los llama el señor Altamirano, son seres humanos y tienen derecho a optar por una determinada corriente o doctrina política e ideológica.

Esos “rojos” no han saqueado o robado los bienes del Estado, no han malversado ni se han apropiado de dineros públicos, hasta el día de hoy los funcionarios del actual gobierno han actuado con total transparencia y han rendido cuentas periódicamente, la misma Corte de Cuentas no ha encontrado indicios de malos manejos en las distintas instituciones.

Los escandalosos casos de corrupción se han descubierto en los cuatro gobiernos de Arena, muchos ex funcionarios, incluyendo al ex presidente Francisco Flores Pérez, están siendo investigados o huyen de la justicia. El Diario de Hoy apenas dedica unas cuantas líneas para informar de esos hechos y ni siquiera editorialmente se ha preocupado de comentarlos.

Es lo que llamaríamos tener sesgo informativo y una doble moral para informar, como sucede actualmente con la tala de árboles en el Parque Infantil para construir una terminal o estación del nuevo sistema de transporte urbano del área metropolitana de San Salvador, conocido como SITRAMSS.

El Diario de Hoy tiene varios días de “informar” y comentar sobre “la tala de árboles”; pero hace años cuando se construyó el Centro de Gobierno y el Palacio de los Deportes, donde se encuentra el INDES, fue muy poco lo dicho a pesar de no contar los “urbanizadores” con un plan alternativo, al menos el actual régimen se ha comprometido a plantar nuevas especies de la flora.

Es cosa cierta que el editorialista de El Diario de Hoy no respeta los códigos de ética todavía no escritos en este país, como tampoco la intimidad de las personas, no se puede llamar “rojos” o “comunistas” a todos los funcionarios sin excepción, pues la generalidad y la mentira tienen muy poco espacio para superar la verdad.

El señor Altamirano debe recordar que la protección contra la difamación, la injuria y la calumnia está contenida en el código penal y procesal penal. La difamación, señor director, implica el alegar, el afirmar un hecho, indicando sus detalles, y atenta contra el honor y la consideración de una persona.

La injuria no contiene imputación de ninguna acusación precisa, es la expresión de un calificativo general. Cuando los jesuitas dijeron que el ex presidente Cristiani sabía del atentando contra los jesuitas asesinados, lo hicieron con pleno conocimiento de causa, pero no se podría decir que se trataba de una difamación.

Hay una expresión latina, señor Altamirano que dice: los escritos quedan y las palabras vuelan. El libelo es grave y usted perfectamente puede ser procesado por sus constantes mentiras o difamaciones. Las pruebas se pueden recoger todos los días tanto en la difamación y distorsión de las noticias, como en sus editoriales racistas,  y tendenciosos.

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