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LIMA: EL ALCALDE MENOS VOTADO DE SU HISTORIA

Isaac Bigio

Politologo

economista e historiador

López Aliaga es el único que llegue a capitanear el municipio tras haber perdido en la gran mayoría de su superficie, haber sacado menos de un cuarto de los votos emitidos y ser respaldado por menos de un quinto del electorado.

MIENTRAS UN 30% DE LOS ELECTORES NO VOTÓ POR NADIE, LÓPEZ VA A SER ALCALDE CON EL RESPALDO DE MENOS DEL 18.5% DEL ELECTORADO.

Desde que hace casi 6 décadas se realizaron las primeras elecciones municipales en Lima, nunca antes esta metrópolis ha tenido un burgomaestre tan poco votado como el actual, Rafael López Aliaga.

Según las cifras finales hubo 7,593,103 electores hábiles en Lima, de los cuales apenas 1,402,627 votó por López, mientras que un número 60% mayor lo conformaron los 2,268,398 electores que votaron nulo, blanco o se abstuvieron.
En cifras redondas tenemos que un 30% de los electores no apoyó a ninguno de los candidatos y 18.5% votó por López. Si se descartan a los ausentes, ese porcentaje se eleva al 23.5% y si se elimina los votos nulos/blancos este crece al 26%.
Nunca antes Lima ha electo a un burgomaestre con tan bajísimo porcentaje. Con más del 50% de los votos llegaron a la alcaldía limeña Bedoya en 1964 y 1967, Andrade en 1995 y 1998 y Castañeda Lossio en 2014 (quien en 2002 ganó por primera vez con casi el 40% y luego en 2006 con casi 48%). Belmont fue electo en 1989 y 1992 con alrededor del 45%. Con un 37% o más fueron electos Barrantes en 1983, Del Castillo en 1986 y Villarán en 2014. Los alcaldes menos votados hasta ahora habían sido los 2 de AP: Orrego quien en el 2000 obtuvo casi 35% y Muñoz que en 2018 sacó 36%.
Si uno analiza los mapas de todas las votaciones de Lima, verá que, quien gana sus municipales, suele arrasar también en los distritos que suman la inmensa mayoría de su superficie. Esta es la primera vez que ello no sucede, pues la R solo se impuso en un porcentaje chico del área metropolitana.
Esta es la primera vez que un alcalde obtiene menos votos que los que no fueron a sufragar sabiendo que iban a ser multados por ello.
Mientras en todas las regiones nadie puede triunfar si obtiene menos del 30%, en la plaza principal (Lima) alguien quien genera más repudio que apoyo, sí puede ser ungido con tan diminuto respaldo. Ello es algo que va contra la democracia.

IZQUIERDA DERECHIZADA Y DIVIDIDA FUE VENCIDA.

«Porky» ha sido tan mal candidato que si la izquierda no se hubiera derechizado y dividido tanto, bien pudo haber podido haber logrado ganar el municipio. Esto es algo que consiguió hace 4 décadas por primera vez Alfonso Barrantes con sus programas de obras sociales y alimentación popular (como el vaso de leche).

En una nota que publiqué en enero en el diario Uno hice eco de las palabras de Indira Huilca de que «Lima no puede ser el premio consuelo de los derrotados en las presidenciales».
Sostuve que dirigentes juveniles ligadas a los sindicatos, como ella, pudiesen representar una candidatura que una a la izquierda. Además, escribí:
«Si en las municipales pasadas (2018) la izquierda fue atomizada en 5 candidaturas, las que por ir separadas lograron que las derechas arrasen y se repartiese entre sí el 90% de los votos, esta vez esta está obligada a ganarlas, para la cual debe dejar sus rencillas y unirse en torno a una fórmula vencedora.
Esta vez la derecha es quien está muy dividida entre múltiples aspirantes, todos los cuales tienen en común ser varones recorridos, pitucos y residentes en los barrios acomodados. A varios de ellos la juventud les ha bautizado como «viejos lesbianos». Lo ideal fuera que dicha candidatura emergiera de un congreso de bases de las organizaciones laborales, vecinales, estudiantiles, magisteriales, juveniles y feministas, así como de los colectivos antifujimoristas, las ollas comunes, los ronderos, los pueblos jóvenes, los barrios populares y los asentamientos humanos.»
En vez de ir hacia un congreso unitario de las izquierdas y las organizaciones laborales y populares para elegir una sola candidatura con un programa en función de los más pobres, la izquierda apareció dividida y confundida.
Perú Libre no quiso unirse al resto de la izquierda, a la cual caracteriza como «caviares» (incluso diciendo que estos son más peligrosos que el neofascismo). Optaron por escoger su candidato ellos solos con menos de mil afiliados que representan el 0.01% de los 10 millones de limeños. Encima, en sus comicios hubo una serie de denuncias, las cuales llevaron a que la perdedora Zaira Arias sea expulsada.
Juntos Por el Perú decidió colocar como su candidato al hijo de un famoso novelista que murió como diputado de Acción Popular y que desde chico siempre fue un belaundista. El candidato de «Lima con alegría» era el mismo que había empleado ese mismo lema cuando en el 2010 fue el aspirante oficial de AP, el partido que ha estado dirigiendo la comuna capitalina. Gonzalo Alegría en el 2011 fue electo miembro suplente al Parlamento Andino representando a la Alianza Perú Posible, que llevó como su presidenciable a Alejandro Toledo. Luego de estar aliados a PP y a Somos Perú, Alegría estuvo con la Alianza Para el progreso (APP) de los Acuña.
Finalmente, en las elecciones generales pasadas (2021) fue precandidato al congreso por el partido de George Forsyth, reclamando que fue uno de los autores de su plan de Gobierno.
Alegría nunca ha tenido nada que ver con el movimiento obrero y con la izquierda. Él se jacta de ser un banquero de «centro» (una palabra que emplean muchos derechistas para buscar «moderarse»). Una de sus demandas fue transformar a la Costa Verde en una ciudad nocturna llena de casinos y night clubs.
Esto era exactamente lo inverso a la que las organizaciones laborales y populares requieren. Las principales demandas de los más pobres es construir masivas torres y urbanizaciones que den departamentos con alquileres o alquileres-venta a precios accesibles; que la municipalidad elimine los servis y la inestabilidad laboral y que eleve los salarios de su personal y de las empresas que contrata a entre 2 y 3 mil soles mensuales (obligando a todos los que quieran contratar con esta a hacer lo mismo, tal y cuál pasa con Londres); que se haga justicia contra la multinacional que ha hecho el peor ecocidio de Lima y Callao llamando a que pague fuertes indemnizaciones y a que sea renacionalizada; que se busque reemplazar a los vehículos contaminantes de tercer mano y las combis y micros por un sistema unificado de transporte con rutas fijas y directas con pasajes que permitan a los usuarios desplazarse por todas los buses con un solo pago; extensión masiva de ciclovías y del uso de bicicletas; acabar con la falta de agua y el hambre distribuyendo canastas familiares a todos los sectores vulnerables; entre otros planteos.
Empero, las izquierdas no se movieron en esa dirección. No estructuraron un frente a nivel nacional. Fueron castigadas por el desgaste y la derechización de Castillo. Le abrieron las puertas para que el candidato más de ultraderecha que haya tenido Lima gane su alcaldía.

López va a ser algo inédito en la historia nacional. Hasta hoy siempre ha habido cierta colaboración entre los adyacentes palacios presidencial y municipal. Con «Porky» eso se acabó, pues, él no quiere dialogar ni reunirse con el Ejecutivo y va a buscar utilizar los recursos y fuerzas del orden del municipio para reprimir a las izquierdas, sacar a la prensa alternativa de la plaza San Martín y preparar constantes golpes de Estado.

Al día siguiente de los comicios municipales, los perdedores felicitaron a López pese a que faltaban muchas mesas a contabilizar y el margen ha sido de menos de décimas porcentuales. Sin embargo, López y sus aliados se negaron a aceptar el triunfo de Castillo (con quien, incluso como alcalde, se niega a reunirse). Durante casi un año gastaron millonadas contratando abogados para demostrar un supuesto fraude, movilizar gente e ir a la OEA. Aún hoy hacen todo lo posible por desbancar a la dupla presidencial.
Mientras Castillo es el único presidente peruano electo con más de 8,8 millones de votos, los 1,4 millones de votos que ha sacado López son el número más bajo con el que haya llegado a posesionarse un alcalde capitalino desde 1995. Y eso que en los últimos 27 años Lima ha crecido en un 80%.
Los medios que antes buscaban demostrar que Castillo era «terrorista», «senderista» y «comunista» ahora buscan demostrar que es «corrupto», pero no dicen nada de que el partido de López fue creado por un exalcalde que fue condenado por sobornos y que la oposición es dirigida por corruptos, prontuariados y reos.
López es el alcalde menos votado y más antidemocrático (por la forma en que fue electo y por la forma en la cual quiere promover un golpe) en la historia electoral de la capital. Si él ha llegado a tal puesto, es responsabilidad directa de un Castillo derechizado y desacreditado y de las izquierdas divididas.
Es hora de que se organicen en Lima y Callao asambleas de todos los sindicatos, gremios, barrios populares, centros de estudio y salud, jóvenes, estudiantes, ollas comunes, reservistas y demás instituciones populares para articular organizaciones masivas para imponer sus demandas y hacer frente a la embestida de un nuevo alcalde tan impopular.

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