– Pacifico Chávez
En un carrera de relevos de 400 metros, el testigo pasa de la mano de un corredor a otro. La estrategia, en ocasiones, es si el mejor corredor va en los primeros100 metros para ganar ventaja y generar en los demás competidores desde el inicio un sentimiento de derrota y que los otros equipos crean que no podrán vencerlos, o bien se deja el mejor corredor del equipo al último momento, como “arma secreta” y cerrar con broche de oro el gane.
Cada corredor debe contar con habilidades que le permitan un arranque fuerte y rápido, técnicas de aceleración en sus zancadas, una coordinación visual bien entrenada al momento de pasar el testigo del corredor saliente al entrante en la zona de 20 metros permitida. Realmente es muy emocionante ver una competencia de estas en cada olimpiada, pero seguro es mucho más excitante ser uno de los corredores seleccionados para una de las ediciones de tan prestigiosa y esperada competencia mundial.
Eso sí, para ser seleccionado y representante de un país, el atleta debe prepararse física y mentalmente, renunciando a ciertos momentos de placer con tal de hacer una carrera exitosa y ganar la medalla de oro. Lograr ese primer lugar hace que todo el sacrificio de horas de entrenamiento haya valido la pena.
Les invito a hacer una comparación con el trabajo de formar líderes para el relevo generacional en una sociedad, no puede haber avances sin liderazgos. Hago énfasis en el uso del plural, porque no se trata de un solo líder sino de una comunidad de líderes.
Hay personas que hoy en día, a pesar de experiencias pasadas, creen que el desarrollo del país puede lograrlo una sola persona y ese es un craso error. Hay sobrados ejemplos de naciones que creyeron en una sola persona para guiar los destinos de todos los ciudadanos y terminaron chocando con la realidad, porque el ser humano es imperfecto y si tiene mucho poder termina abusando del mismo, sometiendo la vida de todos a sus caprichos personales y beneficios particulares. La mayoría de las veces cometiendo delitos y crímenes sin querer recibir ningún castigo, por eso ven como único camino aferrarse al poder, usándolo como escudo para nunca ser juzgados.
A este tipo de líder no le gusta el relevo, crean el imaginario en la ciudadanía de que no existe alguien mejor que él, repitiendo una y mil veces que solo él tiene la llave al desarrollo, pintando y prometiendo grandezas a aun costo enorme para el pueblo. En este caso hago énfasis el singular “él”, porque así es el discurso: “gracias a él”, “él aquí, él allá”, y hay de aquel que olvide mencionarlo como hacedor de todo lo bueno, y mucho peor le irá a quien se atreva a atribuirle algo malo.
Basta de mesianismos. Esta nación, para salir adelante, necesita de un equipo de líderes capaces de generar más líderes para que les releve en la carrera al desarrollo.
En un equipo de líderes hay discusión pero también existe apoyo, y si son realmente líderes, habrá diferencias, pero de igual manera habrá compromiso y responsabilidad. Tendrán desconfianza pero sin temor a equivocarme habrá exigencias, controles, rendición de cuentas.
Los verdaderos líderes generan mas líderes. Son conscientes que no son eternos, que no son infalibles, que el relevo es natural y necesario. Además, pasar el trabajo realizado a nuevos líderes asegura evaluación, actualización, mejoras y continuidad.
Es todo un reto liderar o gestionar líderes. Es mucho mas fácil y cómodo liderar personas que solo esperan órdenes sin mayor resistencia, gente sin iniciativa, sin ideas, sin propuestas, simplemente esperan que les digan qué hacer y, sobre todo, que alguien más dicte el camino. No les interesa dirigir porque eso es mucha responsabilidad y compromiso, mejor estar solo recibiendo órdenes, no importa la libertad ni el criterio propio, basta respirar, comer, dormir, divertirse, todo lo demás les tiene sin cuidado.
En el ámbito político, hoy más que nunca, se hace necesario que broten líderes por doquier, personas con visión, con aspiraciones reales de generar condiciones de desarrollo para todos, con el deseo genuino y convicción de trabajar en equipo con la mística del relevo generacional porque saben que son limitados y mortales, que cualquier cambio positivo se logra en el tiempo, y probablemente no alcancen a disfrutar pero que vale la pena construir para el futuro de los que vienen detrás. “El que siembra el árbol quizás nunca disfrute de su sombra y sus frutos, pero otros sí lo harán”. Ese es un pensamiento generoso, ese debe ser uno de los que guíe el quehacer de los liderazgos políticos que el país tanto necesita, líderes solidarios que no trabajan para si mismos sino para generaciones que no conocerán, líderes así, de este tipo, por los siglos de los siglos para el bien de esta tierra y sus habitantes.
Posdata: rescatemos El Espino, no permitamos más deforestación indiscriminada sin controles. Los que vienen también necesitarán agua y bosques.
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