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Las candidaturas presidenciales de la oposición, un fiasco aún mayor que la candidatura de Bukele

(Colectivo Tetzáhuitl)

 ¿Existe realmente una oposición a Bukele y a su gobierno?

 Los Diputados de oposición en la Asamblea se cuentan con los dedos de la mano y su incidencia real en la política nacional no pasa de unos cuantos discursos y pataletas que en nada modifican el ambiente político nacional.

Sus críticas y propuestas legislativas son irrelevantes, no solo porque Bukele y Nuevas Ideas no las toman en cuenta ni entran en el debate parlamentario, sino porque buena parte de ellas no están referidas a los problemas fundamentales que enfrenta el país.

¿Qué partidos son de oposición en la Asamblea?

El FMLN con apenas 4 diputados de dos tendencias que no concilian ni consensan posiciones y propuestas.

Dos de estos Diputados representan a la línea colaboracionista con el régimen de José Luis Merino y los otros dos a la tendencia revolucionaria socialista que comanda desde el exilio y cada vez con menos protagonismo el ex coordinador general del FMLN, Medardo González.

Esta tendencia, aunque separada del grupo de nuevos dirigentes de la Comisión Política que obedecen ciegamente a José Luis Merino, no ha sido capaz de poner al descubierto la alianza de Merino con Bukele, los negocios ilícitos del Grupo Alba Petróleos que él y sus testaferros dirigen y tampoco el colaboracionismo que mantiene con Estados Unidos para acabar con el FMLN como opción de izquierda anti imperialista.

Es revelador que las investigaciones de las agencias federales de EEUU en contra de Merino y las empresas del Grupo Alba no avanzan y se encuentran estancadas.
Incluso el Fiscal Delgado cerró los expedientes en contra de Alba que había abierto Raúl Melara en el 2019 y Estados Unidos no ha presionado para que se retomen las investigaciones, siendo que se trata de operaciones de lavado cometidas por Merino usando el sistema financiero de ese país.

Acá hay un claro acuerdo con los gringos de acabar con el FMLN en el que participa Merino como chivo expiatorio sin lugar a dudas.

No sería la primera vez que las agencias federales de Estados Unidos hacen este tipo de negociaciones si al final el objetivo estratégico de su política exterior es crear un foco de desestabilización en la región para seguir alimentando la industria de guerra norteamericana fuertemente vinculada a capitales sionistas.

Lo han hecho en México financiando cárteles de la droga rivales.

En la medida que siguen existiendo industrias que se dedican al narcotráfico en esa medida se ve favorecida la industria de guerra de Estados Unidos.

El gobierno de Bukele ha aumentado en forma exorbitante el gasto de defensa como si enfrentara amenazas externas y de esa forma queda bien con los gringos.

Merino podría estarse prestando a ese juego de acabar con el FMLN en la medida que lo dejen seguir operando sus empresas ilícitas vinculadas al clan Bukele.

Lo revelador es que nadie en el FMLN de la tendencia revolucionara socialista ha asumido esta denuncia ni da la batalla ideológica.

Sus posiciones al interior del partido siguen siendo tímidas a pesar que Merino es el responsable de la debacle política y electoral de la izquierda salvadoreña.

Las dos Diputadas que responden a la línea de Medardo González, aunque sí mantienen una actitud crítica ante el régimen, nunca han cuestionado a los otros dos diputados y menos a su dirigencia actual porque saben que su sobrevivencia política depende de la Comisión Política que lidera Merino.

Otros viejos dirigentes históricos del FMLN tampoco han sido capaces de cuestionar a Merino y de hacerlo responsable de la debacle política, territorial y electoral del FMLN.

Con todo, 4 diputados después de haber tenido 23 escaños en la legislatura anterior (2018-2021) es expresión de una clara debilidad política y territorial.

Las proyecciones que pueden hacerse a partir de las encuestas de opinión no le dan más de un diputado en la próxima legislatura, sobre todo ahora con la eliminación de los residuos.

ARENA aunque tiene la bancada más numerosa de la oposición a pesar de haber perdido dos diputados, Reyes y Vaquerano, que renunciaron al partido casi al inicio de esta legislatura es también un partido de oposición insignificante.

Es un partido que está a la deriva y reduce cada día su capital político en la medida que ha perdido sus tradicionales fuentes de financiamiento que provenían de la oligarquía y que ahora se han pasado a financiar a Nuevas Ideas.

Grupos empresariales como los Poma, Roberto Kriete, Murray Meza, Calleja, Dueñas, Regalado, Saca,  Safie y una parte del grupo Simán ahora son financistas de Nuevas Ideas y aliados de Bukele.

ARENA terminará siendo un partido irrelevante como el FMLN. Una simple expresión de la vieja derecha como ocurrió en el pasado con el PCN.

Sus pre candidatos presidenciales como los del FMLN no tienen liderazgo nacional y menos son bien evaluados por las encuestas de opinión.

Al igual que el FMLN, ARENA ha perdido presencia y control territorial y lo más probable es que descienda su votación en las elecciones del 2024, tal como ocurrió en el 2019 y en el 2021.

De los partidos de centro derecha, Vamos y Nuestro Tiempo, no hay mucho que decir.

Sus resultados electorales están a la vista.

Con un solo Diputado cada uno no tienen ninguna incidencia en las decisiones legislativas.

Lo mas probable es que desparezcan en las próximas elecciones y no obtengan ningún diputado ni ganen alguna alcaldía.

En conclusión, Bukele y Nuevas Ideas no tienen oposición ni enfrentarán en las próximas elecciones a candidatos que pongan en riesgo el control del Ejecutivo y de los demás poderes del Estado.

Incluso, las organizaciones de la sociedad civil que aspiran a una candidatura única y unitaria no tienen la más mínima posibilidad de influir en el electorado y menos de poner en riesgo el triunfo electoral de Bukele y Nuevas Ideas.

 

La victoria de Bukele en el 2024 es inevitable…

Con esta perspectiva de derrota la victoria de Bukele y de nuevas Ideas es inevitable.

La oposición, tanto partidaria como la que se aglutina en el movimiento social, no tiene capacidad de impedir la anunciada victoria que tendrá Bukele en el 2024.

Por mucho que se trate de una candidatura inconstitucional y que el proceso esté plagado de ilegalidades, la suerte está echada.

A pesar de los malabarismos que está haciendo una parte minoritaria del movimiento social y partidos de oposición como ARENA y el FMLN, no van a impedir que Bukele se haga nuevamente del control del Ejecutivo, de la Asamblea, del Organo Judicial y del Ministerio Público para seguir poniéndolos al servicio de sus intereses corporativos y oligárquicos.

No lo decimos por simple voluntarismo, a los datos de elecciones anteriores nos remitimos.

Arena obtuvo en las elecciones del 2019 un poco más de 800 mil votos y el FMLN cerca de 390 mil.

Ambos partidos perdieron una parte importante de su voto duro que migró a la candidatura de Bukele.

De 2 millones 733 mil votos efectivos, Bukele con GANA, con una débil estructura territorial, ganó la Presidencia con 1 millón 434 mil votos (53.10% del total).

Carlos Calleja de Arena quedó en segundo lugar con 857 mil 084 votos (18.22%) y Hugo Martínez del FMLN en un distanciado tercer lugar con solo 389 mil 289 votos (14.81%).

Josué Alvarado de Vamos apenas alcanzó a obtener 20,763 votos, es decir, el 0.72% del total.

La candidatura de un empresario exitoso en EEUU y representante de la diáspora no fue suficiente ni para alcanzar el 1% de la votación que se requiere para seguir en el mapa electoral.

Si sumamos los votos de ARENA, FMLN y Vamos, los tres partidos de oposición alcanzaron 1 millón 267 mil votos, es decir, 167 mil votos debajo de los obtenidos por Bukele.

Eso significa que si el escenario electoral no ha cambiado mucho, un candidato único de la oposición no tiene ninguna posibilidad de derrotar a Bukele.

Lo mismo habría que decir en el caso de los resultados de las elecciones últimas del 2021.

Nuevas Ideas obtuvo en la elección de diputados

1 millón 739 mil votos; ARENA 318 mil 703 votos, menos que en el 2019; el FMLN 180 mil 808 votos, la tercera parte de los votos logrados en el en el 2019; Nuestro Tiempo obtuvo apenas 44 mil 401 votos y Vamos solo 26 mil 492 votos.

El resto de votos se los repartieron entre el PDC, PCN y GANA.

Eso significa que la oposición junta solo obtuvo 570 mil votos, es decir, el 21% de una votación de 2 millones 707 mil 794 votos válidos.

El 79% se los llevó el oficialismo que lidera Nuevas Ideas con Gana, el PDC y el PCN.

No hay nada que nos haga pensar que los resultados van a ser diferentes en el 2024.

Declaraciones como la del ex embajador y ex candidato presidencial Rubén Zamora en el sentido que como ciudadanos “tenemos la obligación constitucional de insurreccionarnos pacíficamente” rayan en lo ridículo.

No hay insurrección ciudadana sin rompimiento del Estado Oligárquico.

Y no hay rompimiento institucional sin una fuerte resistencia ciudadana que hoy por hoy no se ve en el horizonte inmediato.

Una participación en la elección presidencial con candidato único no es una opción realista y viable para el 2024.

A veces nos asalta la duda de qué hay detrás de todas estas maniobras políticas de la oposición a sabiendas que participar en una elección viciada y sin posibilidades reales de enfrentar y combatir el fraude constitucional es inútil y acabará legitimando la victoria de Bukele ante la comunidad internacional.

Eso es justamente lo que Bukele necesita en estos momentos: Hacer aparecer la competencia del 2024 como una disputa democrática, competitiva y sobre todo legal.

Llevar candidato a la presidencia, sea candidato único o una fórmula presidencial por cada partido contendiente, es lo mismo que legitimar un proceso y una candidatura oficialista viciada.

Bukele no solo va destruir lo poco que queda de la izquierda política sino también al movimiento social que se preste a este juego.

Réquiem para la oposición.

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