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LA NEGACIÓN DEL DERECHO

Luis Arnoldo Colato Hernández

Educador

Se ha dicho que centurias pasan sin pasar, y días u horas, como eras, por lo que pasa en ellas.

Los asesinatos cometidos por EU en el caribe, de humildes pescadores a los que acusara sin evidencias de ser traficantes, para luego asaltar a Venezuela, secuestrar a su presidente legítimo en funciones para apropiarse las riquezas venezolanas, o el tácito estado de guerra en Minneapolis, EU, por la ejecución de parte del ICE de la señora Renee Woods a plena vista de todos, justificado y encubierto desde la propia casa blanca, a quién acusara de ser terrorista doméstica a pesar de la evidencia contraria, como la supuesta amenaza de anulación de las venideras elecciones de medio tiempo para EU por parte del propio ejecutivo, o la amenaza y coacción a la reserva federal por este mismo para manipularla, o el tácito desconocimiento del senado estadounidense por justamente el mismo presidente de los EU, son todos eventos sucedidos con apenas días entre sí, como el sometimiento de la vieja Europa a sus caprichos para apropiarse de Groenlandia bajo la justificación de la seguridad de los EU, suponiendo todos, uno de esos muy raros ejemplos reseñados en la sentencia arriba citada.

Como común denominador está la negación del derecho, de la ley, de la institucionalidad, que son una ficción jurídica que permitieron certezas mínimas que admitieron la convivencia, con la relativa paz derivada de Westfalia.

¿Mnnn?

Cuando revisamos la historia, rápidamente encontramos que es la endémica violencia la que dominó desde nuestro origen, anegándonos de dolor, sufrimiento e inequidad.

Ello solo pudo ser superado en meridiana medida, con la paz propuesta en Westfalia, hace 200 años, cuando la razón se impuso semánticamente, a esa reinante violencia.

Por supuesto eso no se ha traducido en que la exclusión y la marginación desaparecieran, lo que cualquiera y por la experiencia que suponen los conflictos vigentes, implica, pero nadie puede negar que, con la excepción de la gran guerra que fuera la primera parte del siglo pasado, o de los conflictos regionales promovidos desde occidente desde entonces en su enfrentamiento con oriente, esos 200 años fueron relativamente pacíficos.

Debido al orden que supuso la legalidad sobre la cual se estableció.

Esa legalidad, que fuera el derecho internacional, con todos sus defectos, deficiencias, limitaciones y yerros, superó por mucho a toda manifestación de convivencia del pasado, que fuera casi inexistente como podemos constatar.

Cuando los nigth stalker estadounidenses asaltan Caracas, asesinando a 100 personas el pasado 3 de enero, secuestrando además a su presidente, lo que hacen realmente es romper con esa tradición, quebrar esa certidumbre, acabar así con el orden que supone la legalidad, que fuera aceptada por todos hasta ahora, pero que desde entonces sólo supone la incertidumbre de lo que vendrá.

Porque Trump desconoce incluso la legalidad de la institucionalidad de su propio país, como la del orbe, no solo asesinando a pescadores, rompiendo además ese orden que admitió convivir en relativa paz.

Regresándonos a la barbarie del oscurantismo.

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