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La globalización y los excluidos, crónica de una crisis anunciada…

German Rosa, s.j.

La globalización fue objeto de un amplio debate a todos los niveles hace algunas décadas. Dicho debate mostró la diversidad de posiciones, desde las más optimistas hasta las más críticas y dramáticas. Nos parece muy adecuada la postura del PNUD cuando en su Informe sobre el desarrollo humano 1997 afirmaba que “la globalización tiene ganadores y perdedores”, y concluía que era una exigencia ineludible reorientarla y gestionarla. Hoy después de veintiún años nos podemos percatar que entre los ganadores están los que se han enriquecido con la especulación financiera, y una minoría que ha logrado cada vez más apropiarse de un alto porcentaje de la renta global (Cfr. https://www.diariocolatino.com/globalizacion-crisis-prolongada-del-estado-de-bienestar-y-guerra-comercial-es-el-presagio-de-una-nueva-etapa/). Pensemos en el impacto en la mayor parte en la población mundial.

1) ¿Quiénes son los perdedores de la globalización?

Destacamos los más sobresalientes.

a) Todas las personas que están excluidas del mercado del trabajo y no tienen garantizada a priori su seguridad alimentaria. Estas personas no pueden comprar los alimentos que necesitan, ya que no tienen ingresos suficientes para ello. El acceso a los mercados sólo es posible si hay dinero y quien no tiene dinero no puede comprar. Son en algún sentido víctimas estructurales de la economía de mercado, que es la base de nuestro sistema económico. Tanto el mercado de alimentos, como el de la vivienda, el de la educación y el del cuidado de la salud, excluyen del disfrute de estos bienes a quienes no tengan dinero o capacidad de pago.

b) Las víctimas del funcionamiento ilegal del mercado que se nutre de las bajas pasiones e instintos de la persona, que explota sin escrúpulos para obtener lucro. Algunos ejemplos de mercados ilegales son: las estafas, la esclavitud, la prostitución, las drogas y el tráfico de armas.

c) Los pequeños y medianos productores. La competencia asimétrica de los agentes en el mercado lleva a que los productos importados conduzcan a la quiebra a pequeñas y medianas empresas de los países pobres. Los productores extranjeros con bajos costos de producción desplazan la producción nacional. En general la liberalización comercial llega de golpe y las pequeñas y medianas empresas no están preparadas. Se genera desempleo a costa de justificar que el consumidor compra “mejor calidad” a menor precio.

d) El cambio de país de una industria genera víctimas también en los países ricos porque crea desempleo. Además, los empleos que se originan en los países pobres muchas veces no resuelven el problema de la escasez y las necesidades de los empleados por los bajos salarios que se pagan.

e) Las víctimas de las crisis financieras. La tendencia a principios del siglo era que entre el 75 % y el 80% de los capitales (Inv. de Cartera y Directa) que se movían en el mundo iban de unos países ricos a otros países rico, y sólo alrededor de una cuarta parte (20-25%) se invertía en los demás. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) está constituida por 34 países. La OCDE colabora con los gobiernos miembros para promover políticas que impulsen el comercio de libre mercado e inviertan sus capitales en dichos países y en las economías emergentes; tales países buscan construir economías sólidas, crecer en la eficiencia, mejorar los sistemas de mercado nacionales, fomentar el libre comercio y contribuir al desarrollo tanto en países industrializados como los que están en esta vía. El capital privado de los países de la OCDE es selectivo: invierte en los países emergentes como por ejemplo, Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Egipto, Jordania, Letonia, Lituania, Marruecos, Perú, Rumanía y Túnez (Cfr. https://www.oecdwatch.org/lineas-directrices/ocde), dejando o abandonando los países pobres a su suerte.

f) Los países pobres que necesitan de capital son considerados de segunda categoría por los mercados financieros. El capital no va a donde más se necesita, y a donde, según la teoría económica, tendría mayor productividad marginal, sino a donde es más segura la posibilidad de conseguir buenos beneficios. La consecuencia es que se margina a los países pobres más necesitados de capital. Éstos son olvidados por los flujos privados; deben ser respaldados entonces con flujos públicos de capitales bilaterales y multilaterales (gobiernos y organismos internacionales). La opción preferencial de los mercados financieros es ir allí donde tienen el mayor beneficio en el menor tiempo posible. Dicho brevemente, es la ley del lucro.

g) Los empleados que pierden sus trabajos a raíz de que los gerentes hacen recorte de personal, para disminuir costos laborales e incrementar el valor de sus empresas en la bolsa. Muchos quedan sin trabajo por el cambio de tecnologías productivas o por otros cambios en la organización de las empresas en las que trabajan. En muchas ocasiones las fusiones de las empresas, que pueden considerarse como una innovación organizativa, ocasiona frecuentemente jubilaciones anticipadas y despidos. Las fusiones y las compras de empresas, que en estos últimos años han sido tan intensas, han causado la destrucción de cientos de miles de puestos de trabajo en los países ricos.

h) Las víctimas de la deuda externa. Las situaciones extremas llevan a los países al endeudamiento y al pago de intereses que algunos no alcanzan a pagar y en consecuencia, no son considerados sujetos de crédito ni de ayuda internacional por parte de los países ricos. Además, el servicio de la deuda sustrae dinero que podría ser empleado para atender las necesidades de los más pobres, mejorar el sistema escolar, condiciones de salud, arreglar los caminos rurales, financiar a las pequeñas y medianas empresas, reforzar el sector de la información. Es así como los pobres se convierten en las verdaderas víctimas de la deuda externa, cuyo dinero no vieron ni disfrutaron, pero que ahora tienen que pagar con sus privaciones y su miseria (Cfr. Luis de Sebastián (Varios). 2002. La voz de las víctimas y los excluidos. Madrid: Fundación Santamaría, pp. 52-80).

j) La globalización ha contribuido a la degradación medioambiental y al cambio climático, al aumento de la inestabilidad energética mundial y a la crisis de alimentos. La competencia por los mercados y la carrera industrial que la sustenta genera residuos y aumenta las emisiones de dióxido de carbono (CO2), principal gas que causa el efecto invernadero; el consumo de recursos naturales aumenta de manera visible con el aumento incontrolado de la producción. Un ejemplo del impacto medioambiental es la escasez de agua. El agua potable es un lujo para alrededor de 663 millones de personas que carecen de ella. Uno de cada nueve habitantes del planeta, carece de acceso al agua potable, mientras que casi 2.400 millones no disponen de saneamiento adecuado; cada día mueren 4.000 niños por falta de agua y a causa de enfermedades perfectamente evitables como la diarrea aguda, el cólera, la disentería y el tifus que se cobran la vida de 1,5 millones de niños cada año (Cfr. https://www.europapress.es/internacional/noticia-agua-potable-lujo-mas-650-millones-personas-20160322082939.html).

2) Resultados preocupantes de la globalización económica y financiera

Esto nos hace pensar que el proceso de la globalización en sus aspectos económicos y financieros está teniendo consecuencias diferentes en distintos contextos, y los resultados positivos no son comunes. El problema de los países pobres al ser excluidos de los beneficios de la globalización no solo se limita a no contar con los beneficios, sino a la reducción de facilidades y aspiraciones, del progreso y mejores condiciones de vida. Las consecuencias negativas son notables. Veamos algunas.

a) Estancamiento en el bienestar socioeconómico de los países más pobres.

b) Han aumentado las diferencias entre los países desarrollados y los países en desarrollo.

c) La brecha entre las diferentes poblaciones se hace mayor.

d) Ha aumentado el desempleo y la desigualdad en los países industrializados, con excepciones.

e) Los beneficios de algunos es su ausencia para muchos otros.

d) La migración masiva desde los países empobrecidos hacia sociedades donde reina la abundancia se ha masificado.

e) El levantamiento armado de ciertos grupos y atentados terroristas.

f) Las bandas delincuenciales y el crimen organizado también se globaliza creando nexos internacionales.

En este contexto han surgido movimientos antiglobalización que objetan fuertemente el equilibrio de costo – beneficio de estos procesos globales.

Si la globalización se entiende como una apuesta por el mercado, de ella se deben seguir todas las ventajas y los inconvenientes que lo caracterizan. Las posiciones tan asimétricas de los actores que participan en el mercado nos llevan a plantear un interrogante: ¿qué se puede esperar cuando las partes son tan heterogéneas y asimétricas en las relaciones, como en el caso de las grandes empresas multinacionales o las instituciones financieras frente a países débiles con economías desestructuradas y mayorías empobrecidas? No podemos sorprendernos si la economía global crece y simultáneamente se profundizan las desigualdades. Hay globalización con la globalización de las desigualdades. Las transacciones comerciales se concentran en determinadas áreas geográficas, y lo mismo ocurre con los movimientos de capital. La globalización es también excluyente.

Después de las últimas décadas se ha ido consolidando una economía de la exclusión y de la desigualdad. Más de dos millares de personas viven con menos de dos dólares al día. Mil millones de personas viven en la miseria. En el año 2016 es sorprendente cómo las 62 personas más ricas del mundo acumulaban la misma fortuna que la mitad más pobre del planeta. Y no es menos desconcertante que hace un año eran 80 y no 62 quienes amasaban esta gran riqueza y, si retrocedemos hasta 2010, la riqueza se concentraba en las manos de 388 personas, lo que significa que el dinero se ha ido concentrado, aún más (Cfr. https://www.elmundo.es/economia/2016/01/18/569c8d84e2704e1c318b45bb.html).

En el año 2015, el 1% de la población mundial, aquellos que tenían un patrimonio valorado en 760.000 dólares (667.000 euros o más), poseían tanto dinero líquido, o invertido, como el 99% restante de la población mundial. Existe una inequidad absoluta entre el grupo de los privilegiados y el resto del mundo: uno de cada cien habitantes del mundo tiene tanto como los 99 restantes; el 0,7% de la población mundial acapara el 45,2% de la riqueza total y el 10% más acaudalado tiene el 88% de los activos totales. Tales son los datos del estudio anual de riqueza hecho público por el banco suizo Credit Suisse el mes de octubre de 2015, elaborado con los datos de patrimonio de 4.800 millones de adultos de más de 200 países (Cfr. https://elpais.com/economia/2015/10/13/actualidad/1444760736_267255.html).

Actualmente poco a poco se van mostrando los rasgos de un nuevo modelo de relaciones económicas y financieras en el mundo. Estamos en el umbral de un nuevo periodo que al parecer ya ha comenzado.

Lo cierto es que urge un debate en todas las instancias que responda a los desafíos de las consecuencias de la globalización desde todas las disciplinas humanistas, técnicas y científicas.

Y a nuestro modo de entender, las preguntas fundamentales son cómo se enfrentará la realidad de millares de ciudadanos de la sociedad global que son empobrecidos y excluidos; y además, cómo se resolverá la grave crisis ecológica y del medioambiente. Temas que nos conciernen a todos. ¿Estaremos entrando en una etapa de posglobalización? Seguiremos tratando este tema en otra ocasión.

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