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Ingleses toman Puerto de San Juan III Nicaragua

Caralvá

Intimissimun

Gaceta del Salvador en la República del Salvador. Julio 27 de 1849

Nicaragua

En el correo del Istmo número 5…

Ingleses

Al fin se han realizado ya las profecías que se habían hecho en todas partes, sobre la usurpación del Puerto de San Juan por los ingléses, bajo el ridículo pretexto de proteger a la nación mosquita. Por última contestación del ministro Palmerston a nuestro encargado de negocios, licencia D. Francisco Castellón, Nicaragua ha perdido las fundadas esperanzas, de que el gobierno inglés no despreciaría tan impolítica e inconsecuentemente la voz de la justicia. A pesar del convenio, en que dicho gobierno había ofrecido no avanzar en el asunto, hasta el arreglo definitivo de la cuestión, previa la discusión y mutua inteligencia de ambas partes; Nicaragua y Centroamérica, no deben esperar por parte del gobierno inglés, resolución alguna razonable, y sino está resuelta a ceder, no obstante sus reclamaciones, la parte más interesante de las  costas, la llave del comercio y de las esperanzas, preciso es que se medite seriamente, sobre los medios de repeler una agresión tan injusta y degradante. Vemos con el mayor placer, que nuestros hermanos salvadoreños, no han dejado de levantar el grito en todos los números de sus apreciables periódicos sobre este y otros puntos, en que la Gran Bretaña ha sancionado el derecho del más fuerte; pero vemos también al mismo tiempo, que estos heroicos esfuerzos han quedado aislados, y no han hallado eco, en todos los Estados de la República.  Verdad es, que al principio al comunicar este gobierno la ocupación de San Juan hubo ofrecimientos y protestas, pero al poco tiempo, cuando aún las vías de hecho, en conformidad con el derecho incontrastable que tenemos, debían haber resistido a las miras del usurpador; se ha guardado un silencio muy profundo.

¿No habrá también algunos, que hayan secundado las medidas del gobierno inglés?… ¡Ay de aquellos, que han tenido y tengan tal conducta! ¡Dignos serán de execración, los que hayan comprometido la integridad y seguridad de Centro América! ¡El tiempo correrá, los pueblos abrirán los ojos, y los centroamericanos maldecirán  su nombre echándoles en cara, y haciendo caer sobre sus cabezas, toda la sangre que se derrame, y todos los males que se sigan! Serán bien conocidos, y quizá sacrificados justamente, esos viles instrumentos de una nación que al paso que se sirve de ellos, tanto los ha humillado, los mira con tanto desprecio y que finalmente ha venido a robarles (no hay otra expresión más propia) el fundamento de todas las futuras glorias.

¡Cuántas veces hemos hablado contra los españoles, que poseyeron este país! No hemos querido atribuirles virtud alguna, y sin embargo supieron sostener con honor la integridad de todas sus colonias, conservaron nuestros puertos y humillaron más de una vez a la orgullosa potencia que pretende avasallarnos. Los piratas, los bandidos, los corsarios ingléses, y hasta el mismo gobierno de la Gran Bretaña se habían propuesto desde tiempo inmemorial, apoderarse, aunque con miras muy diversas de nuestras fértiles y felices costas, vislumbrándose ya sin duda, a lo menos por el gobierno inglés, los bienes infinitos que podían seguirse de una usurpación, y si bien no dejo de sufrir el Estado, en varias de estas incursiones algunos descalabros, no obstante, aun los más afortunados, tuvieron que abandonar precipitadamente nuestro suelo, por temor de no ser víctimas de su criminal, cuanto temerario arrojo.

Dos veces y según algunos tres, invadió el Corsario Gallardillo[1], y aunque D. Gonzalo de Noguera, degeneró algún tanto, de la invicta nación a que pertenecía, D. Juan de Medina Crito y el adalid D. Juan Romero Tenorio Censeño heroicamente todos los deberes del honor en contra corsario Charpa[2] (?) en el año 1684(?) a la cabeza de 900 filibusteros,  después de haber tomado el puerto de Realejo, sorprendió también a la ciudad de León, y se vio precipitado a retirarse, dejando un prisionero inglés. En el año siguiente de 1684(?) el mismo corsario Charpa[3] (?) al frente de 400 filibusteros, casi todos ingléses, hacen otra acometida y así mismo tuvo también que retirarse después de haber perpetrado algunos ingléses los mayores horrores en la persona y cadáver de la hija mayor de D. Agustín Gallol de Pineda  y en la madre de esta desgraciada víctima. El Gobierno inglés en 1769  en una fuerza imponente, y una obstinación grande, pretendió apoderarse de San Carlos y aunque las circunstancias no podían ser más críticas por hallarse agonizando el gobernador D. Pedro Herrera, no lograron sus intentos, merced a los heroicos e increíbles esfuerzos de la hija mayor del mismo gobernador, el cual había expirado. Esta admirable criatura después de haber resistido a la presencia del cadáver de su padre, los más violentos ataques, obligó al ejército enemigo que se componía de 2000 hombres y más de 50 embarcaciones, a salvarse en una fuga vergonzosa dejando muchos muertos, varias embarcaciones algunas útiles, y sobre todo el triunfo de una doncella de 16 años.

Al ver el gobierno inglés frustrados todos los planes dispusieron mandar una nueva expedición sobre Nicaragua, y llegó a efectuarse el año 1780[4], la lucha fue muy desigual en la isla Bartola, pues era de 20 hombres contra 2,000 y no obstante, resistieron gloriosamente por espacio de tres horas, un fuego incesante y espantoso. Al fin se apoderaron del Castillo y algunos puntos del río; pero tuvieron que abandonar la empresa, por las muchas dificultades que aun debían vencer, después de haber perdido el gobierno inglés en la expedición tres millones de pesos y cerca de cuatro mil hombres.

Se entiende que el gobierno español no se había valido aún de todas las providencias concernientes, como lo hizo el año siguiente poniendo el fuerte de San Carlos en tal disposición, que nadie osó acometer, hasta después de nuestra cara independencia. Finalmente, el día primero de enero de 1848 fue ocupado por las vías de hecho el puerto de San Juan del Norte, extendiendo su ocupación, por todo el río de San Juan hasta la fortificación de San Carlos, y el 7 de marzo del mismo año celebró un armisticio, estipulando dejar el puerto de San Juan en poder de los ingleses,  quedando vigente el primero de enero, y obligándose a dejar los asuntos en el mismo estado, hasta que una resolución definitiva de ambos gobiernos diese fin a la cuestión. Esta resolución  ha sido dada al parecer, por el gobierno británico, en la respuesta que dirigió en 9 de febrero último, a nuestro agente diplomático el Sr. Castellón, según se hecha de ver por la cláusula siguiente: “ Y tengo que decir en contestación, que el gobierno de su S.M está deseoso de cultivar las mas amistosas relaciones con el Estado de Nicaragua, pero que el gobierno de su S.M. no puede hacer nada que pueda ser interpretado como admitiendo una duda de que Grey town pertenece exclusivamente al territorio Mosquito. Tengo el honor de ser con la más alta consideración su obediente y humilde servidor, – Palmerston ”

-El gobierno inglés no quiere ya admitir la duda, de que dicho puerto pertenece a la nación mosquita: está resuelto a seguir poseyéndolo, riéndose al mismo tiempo de nuestra impotencia, y de nuestras disensiones domesticas; mientras que sus periódicos se complacen en publicarlas y en exagerarlas, esparciendo malignamente la idea de que nuestro Estado, no es una sociedad organizada, sino una anarquía permanente: predicen con mucha anticipación nuestras revoluciones y dignándose sus altos funcionarios atender a comisionados de Estado inferiores al nuestro, desprecian con el mayor orgullo, miran con el más alto desprecio al encargado, que nuestro gobierno por satisfacer sus compromisos había puesto en Londres. ¡Cuan diferentes seríamos si hubiéramos sido testigos, como nuestro encargado y algunos españoles residentes en Inglaterra, de los escarnios y vilipendios que sufre nuestra dulce y amada Patria, por nuestro poco juicio!

-Más volviendo a nuestro propósito, exclamaremos con el más profundo sentimiento ¡nicaragüenses, no cabe ni la menor duda: aquel borrón casi indeleble que nunca había afeado a la antigua metrópoli ha caído ya sobre nosotros! ¡El vástago precioso de una raza, que ha descollado siempre y en los más apurados lances, por su valor en sostener la independencia de su Patria, ha sido puesto a los pies de la feliz pero insoportable potencia, que ha querido avasallarnos! Aquella inmortal celebridad que ha brillado sobre los españoles, por las acciones más ilustres, parece ya eclipsada en sus nietos, perseguidos y despreciados, por una nación que se  ha visto ya humillada a la vez y con justicia, por nuestra madre patria.

No es preciso remontarnos mucho para ir en busca de ejemplos dignos y capaces de provocar el patriotismo, nicaragüenses: no es necesario retroceder al tiempo de los lacedonios[5]  y pasar por las Termópilas[6], donde según Herodoto, después de haber hecho los más extraordinarios esfuerzos y agotado casi todos los recursos aquellos trescientos espartanos, con al fin de impedir la entrada en la Grecia, al innumerable ejército del Asia “se defendieron todavía, por algún tiempo con las armas que les quedaban, y con las manos y los dientes, hasta que los bárbaros, tirando incesantemente sobre ellos, los hubieron como sepultado debajo de sus dardos”. No hay repito, necesidad de recurrir a los ejemplos de la antigüedad, sacando a colación a los grandes hombres que, por defender la libertad de su patria, sucumbieron en las batallas de Maratón[7], de Platea[8], de Salamina[9] y de Artemisa[10],  por cuyos manes juraba el gran Demóstenes con el mayor calor; ni tampoco a otros muchos de igual naturaleza, acaecidos en diferentes época y naciones, que han arrebatado la admiración de los siglos. En el país de nuestros ascendientes; entre nuestros abuelos, podremos igualmente hallar infinitos modelos, más gloriosos y esclarecidos acaso, que cuantos la historia puede presentarnos.

Recordemos por un instante aquellos famosos lugares, en donde los Cantabros[11], enardecidos por el más acendrado y noble patriotismo, aterraron más de veinte veces, en lucha desigual, a los fieros republicanos, que, contra el espíritu de una verdadera República, habían subyugado casi todo el mundo conocido. Consideremos por otro lado la bizarra y prolongada defensa de los Numantinos[12] que prefirieron perecer todos del modo más horrible, antes que humillarse bajo el yugo del invicto Escipión, el africano; no echemos en el olvido al valor heroico de los fieles moradores de Segunto[13], antes de sucumbir a la fuerza irresistible del insigne general de Cartago; fijemos la vista en aquellas memorables cuanto respetables montañas, que sirvieron de barrera insuperable a los héroes hispanos, contra las huestes musulmanas;  miremos por algunos momentos aquella cueva misteriosa de Cobadonga[14],  de donde salió aquel fuego sagrado, que inflamó el pecho de nuestros abuelos, y dándoles aliento para superar todos los peligros a través de ochocientos años los hizo nuevamente  dueños del usurpado imperio de los califas. Pasemos luego la vista por las inmensas llanuras de  Tolosa, por las campiñas del caudaloso Betis, por los hermosos campos de Granada, por las riquezas del río Sarado, por las márgenes del Helesponto,  y hallaremos acciones sobrehumanas, y muchos mártires ilustres, que sucumbieron en defensa de su Patria; aun tenemos ejemplos más recientes; esas ruinas venerables de la inmortal Zaragoza, los acribillados muros de Jecena, y otros puntos no menos célebres que pudiésemos citar; nos permiten basta evidencia, que la sangre que nos circula por las venas de los españoles, es la sangre del Cid, de los Leivas y de los Padillas; los campos de la Península empapados en sangre y sepulcro de cerca de medio millón de extranjeros, sacrificados al patriotismo, desde el ocho hasta el año catorce, dejan atrás los más heroicos acontecimientos de la historia. amazon.com/author/csarcaralv     Continuará

 

[1] Lorencillo (?)

[2] Bartolomé Sharp (pirata y corsario inglés)

[3] Juan Corso (?)

[4] Expedición a San Juan 1780

[5] Nombre correcto de los espartanos

[6] Batalla 480 a.C

[7] Batalla 490 a.C

[8] Batalla 479 a.C

[9] Batalla 480 a.C

[10] Batalla 480 a.C

[11] Gran Guerra (27-25 a.C) (?)

[12] Batalla de Numancia (?) 133 a.C

[13] Sagunto Cartago Batalla 219 a.C

[14] Año 722 Don Pelayo y seguidores se refugiaron en esta cueva, donde lograron una victoria decisiva sobre tropas musulmanas  del emir Alqama.

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