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Importancia de los movimientos sociales

Luis Armando González

Amuchos, en distintas sociedades y naciones, les resulta sorpresivo tener a grupos de ciudadanos –organizados y no organizados— marchando por las calles y exponiendo a viva voz, y con las emblemáticas pancartas, sus demandas. Tales movilizaciones resultan más sorpresivas para quienes no se toman la molestia de observar y medirle el pulso al sentir social y popular. Y si se tiene la presunción de que los miembros de una sociedad han perdido la motivación para el reclamo público, lo último que se puede esperar es verlos ocupar calles, avenidas y plazas.

Sin embargo, si se piensan bien las cosas, quizás no resulte en lo absoluto extraña, en un momento determinado, la presencia social y popular –aparentemente inusitada— en la plaza pública. Los detonantes son importantes, pues suelen ser los desencadenantes inmediatos de la efervescencia social popular. Suelen ser, esos detonantes, hechos, acciones o decisiones políticas o socio-políticas que sectores sociales significativos leen como una amenaza a sus intereses esenciales o como una afrenta sus derechos y dignidad.

Pero, tras los detonantes, suele haber procesos de gestación –a veces sordos y ocultos a las miradas superficiales— de malestares colectivos que, dadas unas ciertas condiciones, cristalizan en irrupciones colectivas en el espacio público. Se trata de la mejor expresión de los movimientos sociales en sus etapas iniciales, cuando el terreno que se pisa es relativamente virgen en términos de ocupación de la plaza pública. El desarrollo en el tiempo de los movimientos sociales –como dicen los expertos—depende de una variedad de factores, como, entre otros: a) los niveles de organización social popular, b) los grados de conciencia socio-política de quienes están inconformes, c) la respuesta de los Estados a las demandas planteadas, d) los liderazgos y la coordinación del movimiento, y e) los recursos disponibles. Es decir, no se puede tener una certidumbre plena de hasta dónde va a llegar, en su desarrollo posterior, un movimiento social que da sus primeros pasos. Con todo, estos primeros pasos son necesarios y quienes los dan –y empujan a otros a darlos— se convierten en movilizadores del poder social popular o, en palabras del sociólogo Sidney Tarrow, del “poder en movimiento”.

¿Qué importancia tienen los movimientos para la dinámica social y política? La literatura especializada es abundante en argumentos al respecto. En resumen, respecto de la sociedad, los movimientos sociales la aceitan y dinamizan. La hacen moverse, salir del letargo y la comodidad que encierra a los ciudadanos en su pequeño mundo. También los movimientos sociales fortalecen el espíritu colectivo, comprometiendo a las personas con metas y proyectos de bienestar compartido. Los movimientos sociales son hijos de la modernidad ilustrada, no debe olvidarse, lo cual quiere decir que sus ejes simbólicos son la libertad, la igualdad, la justicia, la solidaridad y la fraternidad.

Respecto de la política, al verse interpelada y cuestionada por los ciudadanos, puede mejorar, cambiar de curso, rectificar sus modos de proceder. También puede responder agresivamente o con indiferencia, pero eso suele resultar contraproducente para los Estados y para la sociedad. Y si se trata de una política democrática ni la represión ni la indiferencia son una opción.

Al contrario, una política democrática lo es porque se hace cargo de las demandas ciudadanas –y las anima—para definirse de cara a las mismas. Así pues, los movimientos sociales son saludables para la sociedad, para la política y para la democracia.

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