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miércoles , 18 octubre 2017
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Ilobasco de los recuerdos de las muchas cosas que pasaban  

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Comparto con los lectores las palabras que pronuncie el jueves pasado en ocasión de la presentación de mi libro en el auditorium del Museo Universitario de Antropología de la Utec. En una de las primeras páginas de la obra Ilobasco de los recuerdos. De las muchas cosas que pasaban—de mi autoría— he incluido una frase muy cierta del genial Gabriel García Márquez, sickness que dice:

“Recordar es fácil para quien tiene memoria, view  olvidar es difícil para quien tiene corazón”.

Pues precisamente es esa memoria —no solo la mía sino también la de las personas que me contaron sus claros recuerdos— la que me ha ayudado a plasmar en este libro las “historias” de los que las vivieron, find de familiares y amigos, y de otros que ya fallecieron; del pueblo y sus vecindades; sus tradiciones, costumbres y creencias; y, por supuesto, con la intervención del corazón, que es el que mueve los sentimientos para volver a “vivir” las alegrías y las tristezas pasadas llenas de nostalgia; y el que motiva para desear y hacer realidad un registro como este, para las actuales y futuras generaciones de las que su origen es el querido pueblo de Ilobasco y para toda persona interesada en conocer de sus paisanos. Ilobasco es una ciudad cabecera de distrito, ubicada en el departamento de Cabañas, cuyo nombre del náhuatl significa “lugar de las helotaxcas”, es decir, “lugar de las tortillas de elote tierno”. Así de sencillo. Ilobasco de los recuerdos… es antropología histórica local acerca de los moradores ilobasquenses, o ilobasqueños, y de sus entornos. Por supuesto, es la gente la que le da sentido al relato. El antropólogo recoge la información y narra lo que es y lo que fue el devenir de los individuos y de las familias, que han sido y son los protagonistas de ciertos sucesos; se podría decir que los temas que contiene la publicación solo son como retazos del total de los hechos, puesto que toda la historia, por pequeño que sea el pueblo, no se puede contener en algunas decenas de páginas. El antropólogo lo que ha buscado aquí es recrear esos “cuentos” y narraciones; lo que era y lo que es Ilobasco. Se puede decir que es historia viva en la que lo social, económico y político, y naturalmente lo religioso-cultural, van de la mano, siendo una modalidad de investigación antropológica Eso sí, partir de lo micro y llegar a lo macro. Esto es, buscar a la gente y solicitarle que cuente su experiencia y vivencia; pero de lo que el antropólogo ya tenía la idea para darle forma al contenido; así, junta todos los relatos para conformar —por así decirlo— una sola unidad, que es todo lo que este libro contiene. La obra de seguro traerá (2014), a los ilobasquenses que ya pasan de los sesenta años de edad, muchos recuerdos y sentimientos encontrados. Reitero: esta es historia viva; antropología social y cultural en lo más profundo; es encontrarse con la gente no solo para recrear sus vidas, sino también recordando su entorno tal como fue. Eso es cultura, la esencia de la antropología social y cultural. Aunque, de hecho, esta publicación no es pretensiosa. El lector no encontrará en sus párrafos una teoría científica que la sustente. Más bien, es solo descripción de lo que la gente dijo e hizo…, dice y hace: fiestas, observancias y tradiciones comunes. En el libro sí se pueden encontrar elementos de juicio para crear teorías en el marco de una sociedad que cambia, que se transforma a pasos agigantados, con todas las consecuencias para sus protagonistas. Antes en Ilobasco todo mundo se conocía, aunque tal vez no íntimamente. Era el tiempo en que los vecinos se prestaban café, tomates, tortillas y hasta hacían trueque. Todo eso se terminó. Cuando entraba la tarde se sentaban a la puerta de sus casas para hablar de cualquier cosa. Por el contrario, hoy se sufre una cultura de la desconfianza y de corrupción y criminalidad. La gente vive en casa-cárceles. A la seis de la tarde la mayoría de la gente se encierra y ya no sale. La armonía del pasado ya no existe. Se dice que todo tiempo pasado fue mejor. Pero, ¿qué dicen los jóvenes de hoy? ¿Qué se ve ahora? Los muchachos no tienen metas tan definidas y se encuentran con desafíos que los hacen dudar de salir adelante como ciudadanos de bien. Eso en Ilobasco y en cualquier lugar del país y del mundo. Hoy hay desorden, persiste la cultura del yo, en casi todos los ámbitos: gobierno y gobernados. Así está Ilbasco; hoy casi todo el pueblo es un mercado, no es ni la sombra de lo que fue. Según la antropología, la sociología y lo reconfirman los psicólogos para que un pueblo pueda vivir bien necesita ser limpio, ordenado y con espacios para el esparcimiento, y que haya seguridad. Los antropólogos y otros investigadores de ciencias afines todavía están en deuda con la sociedad en cuanto a estudiar el efecto sociocultural de estos cambios y cómo influyen en el actuar y convivencia de los pueblos. En cuanto a Ilobasco, espero que este esfuerzo editorial sea un modesto aporte en ese sentido. Espero que el lector, tomando en cuenta los referentes de lo que las personas han contado, al concluir la lectura, pueda decir: “Así era Ilobasco”. Para terminar el contenido Ilobasco de los recuerdos… —y tomándome otra vez la libertad de citar una frase para la reflexión— incluí esta del conocido poeta y cantautor Facundo Cabral, que dijo:

“Se gana y se pierde,
se sube y se baja,
se nace y se muere.
Y si la historia es tan simple,
¿por qué te preocupas tanto?”

*Director de cultura. Universidad Tecnológica de El Salvador

Un comentario

  1. Ilobasco, me trae muchos recuerdos desde los 70s, como un pueblo sin temores, mas bien atractivo por sus pintorescas personas que habitaban, ahora años despues del conflicto, es una ciudad desordenada por la migracion sin control debido a la falta de politicas que regulen el desplazamiento poblacional. ademas, aqui viene a vivir cualquiera persona sin que sepamos sus antecedentes. el verdadero Ilobasquence lleva dentro de su alma los mas dignos valores del calor humano.

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